Pido la palabra: Economía de ficción

Por: Antonio José Monagas…

Cada decisión gubernamental, enfila el país hacia derroteros de ruina donde el decrépito bolívar fuerte se convirtió en unidad monetaria de miseria, decadencia y frustración.

Es increíble el estado de contrariedades a las que determinaciones propias y extrañas, han llevado al país. Contrariedades y conflictos están a la orden del día. Los salarios se ven reducidos ante una inflación que no detiene su subida. La escasez de alimentos y medicamentos, configuran un cuadro de horror y miseria donde ocupa lugar preferencial el espíritu de la muerte. Pareciera no haberse entendido los postulados de la teoría política o de la teoría económica. Incluso, los capítulos de una historia que describe con crudeza el dantismo de tiempos pasados. A consecuencia de tan torcidos procesos y apesadumbradas realidades, el país ha llegado a un nivel freático de complicada contención. Por eso se dijo que “es difícil encontrar un país con una peor situación que Venezuela”.

A decir de los acontecimientos que registra el país en el plano económico, resulta dificultoso pretender una explicación que encaje con los axiomas de la teoría económica por cuanto su dinámica se muestra atorada entre las complicaciones y confusiones a partir de las cuales el alto gobierno decide su calendario. Cabe referir las contradicciones que devienen de la última medida adoptada en materia de sueldos y salarios, ordenada el pasado primero de mayo. No hay mucho de dónde argumentar para describir el problema que dicho decreto presidencial, con fuerza y rango de ley, provocará por encima de los ya acumulados.

Los problemas que dicha situación arrastrará, son de delicado efecto. Más, por cuanto su análisis no previó la incidencia de una crisis financiera que ya venía haciendo mella en la funcionalidad del país. Sólo que sus consecuencias apuntan a empeorar cualquier escenario de pretendida ejecución por causa del desarticulado esquema económico del cual se ha valido el régimen para imponer el degradado socialismo implícito en su proyecto de gobierno. Proyecto éste al cual disfrazaron de “Plan de la Patria” y que fue elaborado a desdén de factores de inclusión y variables de integración pautadas por las exigencias del desarrollo económico y político internacional.

Tan proselitista medida, plantea aumentos de sueldos y salarios sin considerar que lo atinente al problema inflacionario no radica en el incremento numérico. Sino en el valor relativo de la moneda nacional respecto de las variaciones y referencias que emanen de la movilidad de la economía nacional en correspondencia con la dinámica externa. De lo contrario, todo ello será como magia de papel y tijeras. Sin una sólida base sólida productiva nacional, dichos aumentos contribuirán a alimentar un incontenible y corrupto círculo de inflación que buscará enquistarse perversamente.

Es inadmisible que el régimen se haya empeñado en controlar la economía a su libre albedrío valiéndose de la excusa de una manoseada “guerra económica” que apenas sirvió para justificar más atropellos sobre la población venezolana. Ahora, nuevamente, habilitó con la complicidad de un grosero tribunal de “injusticia”, el trillado decreto de emergencia económica reprobado por la Asamblea Nacional, en virtud de sus atribuciones constitucionales. Cada decisión enfila el país hacia derroteros de ruina donde el decrépito bolívar fuerte se convirtió en unidad monetaria de miseria, decadencia y frustración. Ni siquiera es aceptado fuera del territorio nacional. Salvo en Cúcuta, donde su depreciación le infunde fuerza a un dólar cuyo equiparación es demostrativa de la condición paupérrima de la economía socialista.

Pareciera complicado que el régimen entienda y atienda que un buen gobierno solamente se logra incentivando la producción, sin escatimar los tiempos que requiere todo trabajador para redituar el beneficio necesario capaz de compensar lo que el desarrollo de la nación demanda. Sobre todo, porque es imposible “la promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo (…)” (Del Art. 3, Constitución Nacional) si la mayoría está hambrienta y enferma. En medio de una crisis de tal magnitud, la economía es el mejor recurso con ideas capaces de enrumbar “el barco hacia puerto seguro”. Pero el problema se suscitó luego de que el régimen ansioso de poder, comenzó a manchar el futuro del país apelando a mecanismos de conducción social totalmente retorcidos. Y para ello, fundamentó su equivocada gestión en una economía de ficción.

“Cuando un gobierno menosprecia la importancia de la economía como recurso de ordenamiento social y factor vigoroso de libre mercado, está condenándose a restricciones imposibles de contrarrestar. Ni siquiera en el mediano plazo. Mucho menos en un corto tiempo, lapso éste imprescindible para todo ejercicio de democrática convivencia”

AJMonagas