Pido la palabra: Justicia fraudulenta

Por: Antonio José Monagas…

Las realidades dan cuenta de desviadas decisiones gubernamentales que están estremeciendo las distintas estructuras del sistema político nacional.

La dinámica política venezolana, se ha tornado bastante belicosa. Sobre todo, la que viene adelantando el alto gobierno toda vez que la proximidad de las elecciones parlamentarias ha provocado en sus cuadros políticos la suspicacia propia de verse derrotado a consecuencia de la pésima gestión gubernamental que tanta desagrado y decepción ha causado. Quizás, ello marca un evidente reflejo de su debilidad y miedo. Pero una conjetura así, requiere un análisis politológico más detallado y, al mismo tiempo, persuasivo. Y es, justamente, lo que esta disertación intenta en las siguientes líneas.  De hecho, las realidades dan cuenta de erradas decisiones gubernamentales que están estremeciendo las distintas estructuras del sistema político nacional. No sólo decisiones elaboradas al amparo de arreglos maniqueos. Además, ocultos bajo la sombra de un régimen confabulador.

También, a la luz de conciliábulos prestados al chantaje que anima una diatriba desmoralizada. Precisamente, en el marco de tan graves inconveniencias, se hallan encubiertos problemas no sólo caracterizados por lo que significa la lucha visceral por el poder político. Igualmente, por lo que deja ver la desencarnada confusión que existe de cara a desentenderse de valores morales que exhortan la dignidad tanto como la tolerancia y el pluralismo político, entre otros de capital importancia. El temor de enfrentarse a una población que ha adquirido alguna conciencia política, es una razón de necesaria consideración. Aunque esta situación ha sido lugar común de elecciones anteriores, no deja de ser interesante contemplarla ante lo que significa la cultura política del venezolano actual. La enorme crisis que padece la economía, se convirtió en acicate para que se comprendieran las intenciones de esquilmados gobernantes en cuyo pensamiento pareciera imposible albergar criterios que lleven a ordenar el cuadro de miseria que viene fraguándose como resultado del absoluto desconocimiento de procesos sociales complejos bajo el efecto de una incertidumbre equivocadamente definida.

En consecuencia, frente a lo que de esta situación pudiera derivarse, el régimen fue tomando decisiones a desdén de las realidades políticas. Realidades éstas signadas por serios conflictos inducidos por el mismo cuadro de desbarajuste que, desde hace casi dieciséis años, logró destrozar el andamiaje político institucional sobre el cual funciona un país que declare la democracia como fundamento de su ordenamiento jurídico. Ahora, valiéndose del poder político transformado en abuso instituido, busca el apoyo del Poder Judicial, a través del Tribunal Supremo de Justicia, para entrometerse cobardemente en la vida pública no sólo de venezolanos con legítimos derechos civiles y políticos para actuar sobre el escenario de un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia. Asimismo, azotando lo que concierne al pluralismo político mediante su intromisión a la organización de partidos políticos como Bandera Roja, Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) y COPEI.

Ya lo había hecho con el PPT y Podemos.  Esta bochornosa realidad retrata un fraude electoral, Fraude éste que obstaculiza la capacidad del venezolano al momento de determinar libremente su vida política. Por tanto, el régimen pretende escoger los candidatos de la oposición inhabilitando a quienes consideran tener mayor arrastre electoral. Estas actitudes protagonizadas por el oficialismo, evidencian la dispersión y mengua que padece el partido de gobierno ante la fracasada gestión de gobierno, acrecentada con soberbia arbitrariedad desde hace más de dos años. Entonces, ante lo que sucede, podría inferirse que el país político está siendo lesionado en todas sus manifestaciones por la mano larga y tosca de una Justicia fraudulenta.

“Cuando la justicia se maneja a desdén de principios jurídicos asociados a valores que exhortan las libertades como ámbito de la democracia, quienes así lo hacen, sobre todo desde posiciones de gobierno, están cercenando el futuro de una nación y condenando su pueblo a una agonía de la moral ciudadana cuya muerte ni siquiera será capaz de enmendar el más minúsculo esfuerzo en contrariar tan desgarrada barbaridad política”  AJMonagas