Por la calle real: ¡Volver a Cabildo!

Fortunato González

Por: Fortunato González Cruz….

El territorio venezolano se configuró desde la Constitución de 1811 con base al de la Capitanía General de Venezuela en 1777, con las modificaciones posteriores. Entonces se federaron las provincias de Margarita, Cumaná, Barcelona, Caracas, Barinas, Trujillo y Mérida. No se sumaron Coro, Maracaibo ni Guayana que siguieron fieles a la corona española y se incorporaron después. Las provincias cuidaron de mantener sus competencias originales y sólo ceder a la naciente federación republicana las indispensables. Más, el proceso histórico fue vaciando las provincias e hinchando al Estado, tendencia que se expande con la economía petrolera y se centraliza mucho más con el chavismo. En paralelo, los municipios van perdiendo el liderazgo de la política local, recursos económicos y capacidad para atender los servicios y las necesidades colectivas. En el proceso que se inicia en 1999 crece la corrupción como una epidemia que ataca al Estado nacional, a los estados y a los municipios. El absurdo intento de montar un estado comunal tiene como objetivo liquidar a los municipios y a los estados, sobre los que se levanta nuestra historia política.

El 6 de diciembre del 2015 el pueblo asume su soberanía, se expresa con contundencia y dice ¡Basta! Es el grito de “vuelva a cabildo” del 19 de abril cuando ya la monarquía, esta vez el autoritarismo, agoniza. Es la misma esperanza del 23 de enero, la que encarnó Chávez y la ahogó en Cuba en un charco de despilfarro y corrupción. El 6 D tiene muchos significados y destaca el deseo del pueblo a que se le reconozca y respete.

El pueblo quiere ejercer el poder dentro de la institucionalidad democrática desde sus comunidades con su propia voz fuerte, libre, autónoma y eficaz. Esa institucionalidad tiene historia, prestigio y nombre propio. Es la que derrotó al imperio español y construyó la República; la que atendió a las necesidades colectivas cuando la lucha por el poder central azotó el país y lo hundió en la miseria. Se llaman Municipio y Provincia. Hoy se impone una nueva territorialidad con bases geo históricas, no ideológicas, que comience a pagar la deuda histórica aún sin honrar. Una descentralización política que reconozca la soberanía popular y el derecho a gestionar el desarrollo local, su bienestar y su prosperidad.

Corresponde a la Política definir las claves de la territorialidad nacional y la reordenación municipal para que se le reconozca a cada colectividad urbana el derecho a ejercer su gobierno, lo que significa crear unos dos mil nuevos municipios que asuman la conducción de los procesos del desarrollo endógeno. La Asamblea Nacional tendrá que analizar la realidad municipal y emprender una reforma que les devuelva el poder político y la capacidad de prestar buenos servicios públicos, y a los estados restablecer sus competencias y revitalizar sus legislaturas. Las organizaciones comunitarias como los consejos comunales, libres de tutela, deben pasar a ser instancias civiles de participación dentro del concepto de Poder Municipal. Allí está la escuela de la política.

El 6D habló el 23 de enero en Caracas, Mucuchíes en el Páramo, Autana en Amazonas, Antolín del Campo en Margarita, Machurucuto en Barlovento, todo el país con una sola voz que clama respeto a la dignidad, poder de decisión, capacidad de gestión, un sistema político territorial que asegure la soberanía que supo expresar ese domingo concluyente. Se trata de volver a los principios que se arriaron en la turbulenta historia nacional y cuya expresión más grotesca es el menjurje cívico militar que el pueblo deslegitimó el 6D. No serán suficientes los arreglos cosméticos. Se trata de volver a las raíces de la República, volver al cabildo del 19 de abril, a los principios de nuestra Constitución Histórica.