Razones y pasiones: Momentos son momentos

Por Eleazar Ontiveros Paolini…

 Cualquier momento histórico sean cuales sean los márgenes temporales  que lo determinan, es desde el punto de vista político aprovechable o no por los que “ pintados” de dirigentes deben dar pasos significativos hacia adelante o para  retroceder o mantener lo existente en una actitud conservadora. En el primer caso hay, como debería ser siempre, la visión objetiva de los cambios dictados por la dinámica social que obliga a la corrección de errores y a tomar actitudes que tengan validez social. Se incluye en esa dinámica la apreciación que se tenga por las relaciones de poder que se dan en el país y que pautan o deberían pautar los comportamientos de quienes las consideran inaceptables y por tal las estiman  del todo inconvenientes, ilógicas, indecorosas y deshonestas.

Por supuesto que en la mayoría de la población tales aspectos se manifiestan en el plano teórico, declarativo y posiblemente lo discutan en determinados círculos formales o informales, llegando incluso a las reclamaciones pertinentes, esos que van mucho más allá de las simples quejas. Pero en el plano práctico, es decir en cuanto a la aplicación, es obligatorio para los políticos, que se dicen conductores, ponerlos en práctica, de manera tal que la aceptación se fortalezca en la ciudadanía, la cual  termina por aceptar posiciones que le permiten medir posibilidades de beneficios futuros. Desde estos puntos de vista, no hay la menor duda de que un porcentaje elevado, dado su libre albedrío, considera que lo existente no tiene que adecuarse a nada nuevo desde el punto de vista ideológico y procedimental, pues  la revolución vale independiente de cualquier situación, causa por la cual se seguirá definiendo existencial y procedimentalmente sin referencia a ningún objeto o situación. Pero si bien esa inflexibilidad nos resulta del todo arbitraria, no hay la menor duda de que la misma determina posturas comprometidas dada una aceptación absoluta y del todo sectaria. Esa postura comprometida  también debe prevalecer en la oposición, pero por efecto del entendimiento.

Esto último, es lo que queremos destacar, nos dice que, querámoslo entender o no, el chavismo tiene la ventaja de su solidaridad interna, de su cohesión, de la obediencia a las líneas de mando y de acudir al llamado de la dirigencia para emprender, sin objeciones, cualquier tipo de acción. Claro que sería una barrabasada pensar que las organizaciones democrática y en general quienes se sienten demócratas, se puedan someter a rigidez tan arbitraria, pero si se debe, al estimar lo posible, que le es indispensable, si el objetivo es honestamente el derrocar el régimen, aceptar por elemental apreciación práctica, que la cohesión, la unión, dados los logros comunes que se esperan alcanzar,  son exigencias obligatorias.

Pero, lo que se logró en el 2015 y abrió un espectro amplio de esperanzas por el comportamiento mancomunado, se ha venido diluyendo poco a poco,  hasta llegar en la actualidad a una despreciable división, con lo cual se burla al pueblo que eligió diputados para que lo representara y defendiera sus interese y no para desairar tales aspiraciones, provocando cada vez con mayor profundidad, la incredibilidad y aupando la indiferencia en cuanto a las propuestas sobre el futuro. De ser imposible la corrección, ya veremos los resultados en las próximas elecciones parlamentarias, con las cuales nos dirán “a llorar al río”.

Pretendemos, requerimos, reclamamos y demandamos que la oposición, para bien de todos y para  restituir las esperanzas, promueva una elección con todos los diputados y democráticamente se elija su directiva, que una vez instalada, se deje de tratar banalidades y se ponga la inteligencia en funcionamiento para pensar en el próximo proceso electoral, a la vez que  se consideren a cabalidad los grandes problemas nacionales, de manera tal que se concluya en la elaboración de leyes creíbles y que tendrían plena aplicación en el caso de lograrse un cambio del régimen.