Razones y pasiones: Un año más

Por: Eleazar Ontiveros Paolini…

El sentimiento parece ser generalizado: han hecho hasta lo imposible por robarnos la alegría que toda la vida nos ha deparado la navidad y el año nuevo. Lo que tradicionalmente hacíamos  en la celebración del adviento y la llegada del año inmediato, tanto familiar como socialmente, o bien ha desparecido o se ha tenido que restringir hasta los límites emocionales de una  añoranza compartida llena  de sentimientos de rechazo absoluto a un régimen que del todo es culpable de tan absurdas restricciones, resultado, en definitiva, de la sistemática debacle a que ha sometido al país  y de la destrucción selectiva de lo institucional.

Pero nadie podrá quitarnos la felicidad que surge de dimensionar el sacrificio y la lucha de un sector mayoritario de la sociedad, convencida de que todo no está perdido y que de las cenizas, en corto tiempo, surgirá una vida democrática, signada por la necesidad de corregir errores que obviamente fueron disminuyendo la credibilidad del pueblo en sus partidos tradicionales, con lo que se le dio  al populismo un camino ancho por el que transitó sin tener mayores obstáculos que desbrozar.

Hay que pensar, al contrario, que  al hacerse día a día más difícil alcanzar lo indispensable para vivir familiar y socialmente  sin sobresaltos, dada  la imposibilidad económica y organizativa del régimen para solventar problemas básicos, el descontento y las manifestaciones de protesta crecerán exponencialmente, haciendo inminente el derrumbe del denominado socialismo; pero a la vez,  debemos tener claridad en cuanto al hecho de que no podemos seguir desestimando, por ser la piedra sillar del régimen,  el ingenio amoral e inescrupuloso del poder para mantenerse, apoyado por Cuba, Rusia e Irán, países expertos en las adecuaciones demagógicas que ayudan a la persistencia del populismo. También, el desarrollo de cualquier tipo de acción, debe contar previamente con planes estratégicos e imaginación, impidiendo derrotas dolorosas y aflictivas.

Celebremos, aunque sea sentándonos con familiares y amigos alrededor de una mesa sin importar lo que comamos y bebamos, el dogma cristiano del advenimiento de Jesús, que siendo verbo se hizo carne para habitar en nosotros, lo que nos da como  compensación un reforzamiento espiritual mucho más necesario que cualquier otro tipo de alimento, aunque la hambruna y la tiranía  golpee física y psíquicamente de manera tan inmisericorde

En cuanto al año nuevo, no podemos  dejarnos llevar también por la desesperanza. Hay que sobreponerse y pensar como se hacía antes, es decir, tener la emoción personal e institucional, según sea el caso, para adentrarse en nuevas programaciones que mejoren lo existente, partiendo del principio de que la dinámica social, indetenible por el régimen, obliga a construir y modificar lo construido, o como diría el Maestro Prieto Figueroa, a “tejer y destejer, obligados por la falibilidad de nuestro pensar y accionar.  Y es que el análisis más superficial de la historia nos enseña que los principios morales, la situación económica, la situación política, la evolución de la sindéresis, los nuevos descubrimientos e invenciones, las nuevas pautas administrativas y, en general, la dinámica social,   y el crecimiento demográfico  hablan a las claras de que sean cuales sean las dificultades, no podemos dejarnos arrastrar por el estatismo, pues sería , en parte, plegarse por omisión a  la absurda idea de lo inamovible.

Por lo indicado, no tenemos limitaciones de ninguna especie para desearles a todos unas felices navidades y un año nuevo en el cual se puedan concretar muchas de las expectativas y proyectos que han forjado. Tener esa felicidad y proponerse a cumplir lo que se aspira, es ayuda fundamental para  derrocar el régimen que nos oprime.

Nota: La columna la reanudaremos en la segunda semana de enero. Nos tomaremos ese descanso y  nuestros lectores pueden también tener un descanso al dejar de leer  nuestros escritos sobre el mundo de las razones y las pasiones.