Resuenan las cacerolas en las noches oscuras merideñas

El sonido metálico de miles de cacerolas volvió a retumbar con fuerza en las noches oscuras por falta de energía eléctrica. Sin miedo a represalias, los merideños desde sus casas y en diferentes lugares: barrios, urbanizaciones, conjuntos residenciales, colectividades enteras, se pusieron de acuerdo para elevar sus repiques de protesta.

Es, la única manera que tiene la ciudadanía para “gritar ya basta!, uniendo esfuerzos, con un solo tintinear de chirridos, clamando por respuestas ante los constantes e inhumanos cortes de electricidad que sufren todas las comunidades en forma reiterada, consuetudinaria, sin que las autoridades den una respuesta, que al menos ofrezca una luz de esperanza ante tanta precariedad.

Ese tipo de reclamos debe ser interpretado en su objetiva intención, que no es otra que solicitarle a quienes tienen la responsabilidad del suministro de energía eléctrica, para que encuentren la manera de palear este situación, grave, molesta, que no permite a la ciudadanía llevar una vida apenas normal, dentro de las circunstancias que todos conocemos y padecemos diariamente.

La población ha sido obediente, en su mayoría está respetando la cuarentena, al menos en Mérida, porque ha ido tomando conciencia de su importancia para prevenir el contagio y la expansión del CVOVD-19. Igualmente, se encierran en sus casas después de las 2 de la tarde, acatando las disposiciones que sobre el particular se han estipulado. Pero este sacrificio colectivo debería ser recompensado, con servicios públicos de calidad: agua, electricidad, gas doméstico, gasolina, alimentación, seguridad: en estos momentos carecemos de todos estos y más.

Sin electricidad nada funciona: internet, puntos de venta, telefonía celular y fija, entonces, es lógico que la ciudadanía se sienta vulnerable, mal tratada, indefensa, por esa razón cada noche, el ruido ensordecedor de las cacerolas se vuelve escuchar con fuerza. Hombres, mujeres, jóvenes, agarran cualquier perolito, olla, sartén, caldero, y lo hacen resonar, con la finalidad de descargar la impotencia y el enfado que sienten al  vivir prácticamente sin energía eléctrica. No se puede trabajar con los dispositivos electrónicos, no se puede ver televisión, no se puede cocinar, si la cocina es eléctrica. Los niños no pueden jugar sus videos, en fin son tantas limitaciones a lo que debería ser la cotidianidad.

No viene al caso examinar los motivos de este exasperante estado de cosas. Lo estamos padeciendo todos sin excepción y sin distingo de colores políticos o tendencias ideológicas.

El Artículo 68. De la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela dice textualmente: “Los ciudadanos y ciudadanas tienen derecho a manifestar, pacíficamente y sin armas, sin otros requisitos que los que establezca la ley”. En las protestas nocturnas, a punta de cacerolazos, no hay armas, solamente, utensilios de cocina. Son reclamos sonoros, pero pacíficos que pretenden hacer un llamado a quienes tienen el deber, también consagrado en la Constitución en su Artículo 19. ,de protegernos: “El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable, indivisible e interdependiente de los derechos humanos… ” Vivir sin servicios básicos de calidad, especialmente, sin electricidad, es un atentado a la salud mental y física de quienes lo sufren a diario, como es el caso de los Estados Andinos y del Zulia. Eso es, sin duda alguna, un atentado contra los derechos humanos, además de un trato injusto porque en otras regiones del país el fluido eléctrico es más constante.

Es oportuno reconocer la labor de los trabajadores de Corpoelec, quienes no tienen responsabilidad directa en el problema que subyace dentro del Sistema Eléctrico Nacional. Ellos, más bien, y a pesar de las limitaciones, acuden al llamado de las comunidades, y hacen cuanto pueden por reparar las averías. El escenario es mucho más complicado y tiene muchas aristas.

Los cacerolazos llevan un mensaje y es el mensaje de toda una sociedad! Qué vuelva la electricidad en forma continua y ordenada, y que cuando esto no sea posible por las razones que sea (ambientales, daños estructurales, caída de líneas, entre otras fallas que se puedan presentar) que se le notifique a la ciudadanía la programación de los cortes a fin de tomar previsiones y estar alerta. Acceder a una información veraz y oportuna sobre los bienes y servicios ofrecidos por el Estado Venezolano, es también una forma de respeto y consideración a la población.

Redacción CC

!7-04-2020