Salarios de hambre

Por: Germán Rodríguez Bustamante… 

La política salarial se entiende como un conjunto de principios que ayudan a una organización o al Estado en la administración de remuneraciones, la cual debe ser dinámica para ir cambiando de acuerdo con las circunstancias que se puedan presentar en los entornos económicos. Son directrices, orientaciones, criterios y lineamientos conducentes a fijar los sueldos y salarios del factor trabajo, de acuerdo con los intereses, necesidades y posibilidades del entorno económico. El incremento del salario mínimo y del bono de alimentación anunciado por Maduro, pone al desnudo la ignorancia de la clase gobernante en materia de políticas coherentes de asignación de precios en la economía

Los incrementos del salario mínimo y el bono de alimentación decretados, lamentablemente reflejan la desgracia de la política de ajustes salariales. No se han terminado de asimilar los efectos financieros de los aumentos anteriores, cuando se hace urgente un nuevo ajuste para intentar alcanzar los incrementos de los precios de los bienes y servicios integrantes de una cesta determinada como básica. En conclusión, en este marco de gestión revolucionaria no existirá ajuste que recupere el poder de compra del salario, ya que las políticas generan presiones inflacionarias mayores a los ajustes decretados. La brecha entre la cesta básica y el salario requerido para cubrirla será cada día mayor. Los ajustes no se han recibido y este fin de semana los precios de los bienes crecieron impulsados por la declaración.

El salario paso de 7 bolívares (1,62 USD al cambio oficial) a 126 bolívares (USD 28). Esto significa un incremento de 1.700 %, el tamaño del ajuste muestra el rezago de los salarios para alcanzar la canasta alimentaria. A pesar del elevado porcentaje de ajuste sigue siendo insuficiente, si se tiene en cuenta que, de acuerdo al CENDA la canasta alimentaria, en este momento está cercana a los 380 USD por mes. Colocaron un torniquete a la economía para permitir que los trabajadores públicos cabalgaran trabajos en el marco de la pandemia, y ahora pretenden encantarlos con ilusiones monetarias. Sera muy difícil que la actividad pública retorne a los niveles previos a la pandemia, ya que la dolarización generalizada produjo patrones de trabajo, aunque sin seguridad social, pero con remuneraciones presentes para sobrevivir.     

El salario es el precio del trabajo, razón por la cual debe tener un peso importante en la dinámica económica ya que contribuye en la estabilidad actuando como bisagra para buscar niveles superiores de bienestar de toda la sociedad, con intereses distintos pero complementarios entre las familias y las empresas. La decisión de establecer salarios y aumentos de los mismos no debería ser una potestad exclusiva de las autoridades gubernamentales, sin tomar en cuenta las exigencias y observaciones tanto de quien ofrece trabajo con sus organizaciones sindicales, y de quien demanda mano de obra con sus organizaciones empresariales.

La revolución se acostumbró a compensar periódicamente los incrementos de precios con aumento de salarios, generando un círculo vicioso que deteriora a la economía en su totalidad. La hiperinflación que padeció la economía venezolana desde el 2.017, fue muy superior al ajuste declarado, en consecuencia, el poder de compra del salario seguirá con una demora significativa. Es una fantasía pensar que al conceder una mayor cantidad de dinero a los asalariados aumenta así las tasas de salario. Lo cierto es que en la formalidad del ajuste le llegará con mayor regocijo, a los pensionados y jubilados, el resto de la fuerza laboral ya percibe salarios por arriba del salario mínimo decretado, tanto en el sector privado, como en el público. En este sector en específico los trabajadores vienen realizando varias tareas para compensar. Obviamente es innegable la necesidad del ajuste salarial, sin embargo, el mismo se hace desconociendo la realidad del entorno económico actual.  

Las demandas y reclamos de los trabajadores públicos son de vieja data, de igual manera las súplicas de los pensionados y jubilados. Este ajuste aparece en este momento como un caramelo para calmar las exigencias, pero no para resolver el problema salarial de la clase trabajadora. Seguramente el éxito de la política antiinflacionaria, fue edificada sobre los hombros de la miseria y hambre de los trabajadores. La revalorización experimentada en la tasa de cambio, no modificó los precios de los bienes y servicios hacia la baja, mantuvieron su ritmo, aunque con un crecimiento moderado. Comportamiento que será difícil de mantener en el corto plazo, el poder de compra de los pensionados crecerá, pero no para hacerlos libres totalmente, seguirán dependiendo de auxilios y ayudas externas, para no morirse en el camino.

El anclaje del salario mínimo al medio petro, es nuevamente rescatado de las alforjas de desastres del régimen, una nueva promesa para envenenar a los trabajadores y a la economía nacional. Existen dudas razonables que no fueron aclaradas por el encantador, referidas a la forma de financiar el ajuste, en la estructura de contratación pública, pensionados y jubilados. Del ensayo al horror, la contención de la inflación cuenta ahora con un nuevo y renovado combustible: el medio petro. Fundamentalmente el impacto del ajuste lo deberá asumir el régimen, en este momento de finanzas públicas deficitarias y poca capacidad de la industria petrolera para aprovechar la coyuntura de precios, el financiamiento monetario aparece como la única tabla de financiamiento del ajuste salarial. En resumen, pan para hoy y hambre para mañana, muy poco durara la ilusión monetaria del medio petro.     

gguillermorb@yahoo.com

07-03-2022