Se cumplen 16 años de la muerte de Juan Pablo II

***Su carácter ecuménico y su firme posición frente a los sistemas comunistas sentaron un precedente. Hoy millones de devotos veneran en los altares la imagen del Papa viajero, el Papa de los jóvenes.

Padecer los horrores de la segregación y vivir en primera persona una de las tragedias más atroces que ha conocido la humanidad marcó sin duda la personalidad de uno de los pontífices más carismáticos de la historia de la iglesia católica.

Karol Wojtyla (Polonia 1920), quien fue minero y se acercó al mundo del teatro en algún momento de su vida, congregó la admiración y el respeto no sólo de la feligresía sino de los
más importantes líderes políticos de su época. Sus encuentros con Mijail Gorbachov, Rafael Caldera, Bill Clinton, Fidel Castro o Benjamín Netanyahu, entre otros mandatarios, hablan del talante negociador y plural con el que trajinaba por el mundo.

Las gráficas de Su Santidad orando frente al Muro de las Lamentaciones en Jerusalén o la euforia de las multitudinarias jornadas de la juventud que presidió generaban un impacto espiritual y mediático sin par. Sus precisas referencias al papel de los medios de comunicación social quedan explícitamente señaladas en la Carta Apostólica “El rápido desarrollo” del 24 de enero de 2005; entre otros documentos de similar naturaleza.

Con especial afecto le recuerda la ciudad de Mérida por la visita oficial que dispensó en La Hechicera allá por 1985. En palabras de Joaquín Navarro Valls, ex portavoz papal: “el comunismo no cayó porque Estados Unidos hubiese ganado la guerra fría o debido a que su escudo antimisiles destruyese las esperanzas bélicas, sino porque un hombre religioso, un
Papa, había unido las conciencias de Oriente en el altar universal de los derechos humanos”.

Luis Alberto Morales
CNP 23.806
02 de abril 2021