O seguimos cayendo al fondo o recurrimos al Fondo Monetario Internacional

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

En esta semana, después de 12 años sin consignar información estadística al Fondo Monetario Internacional, el gobierno de Maduro autoriza al Banco Central a la entrega de los datos sobre el desempeño de la economía. Desde el año 2004, por una posición contaminada de una absurda emancipación financiera, el presidente Chávez ordenó el cierre de las oficinas del FMI en Caracas y llegó al extremo de solicitar el retiro del país del ente; sin embargo, sus asesores le recomendaron prudencia en esa medida. En concreto la nación no facilitaba información económica, pero como consecuencia de la situación precaria de las reservas internacionales y la necesidad urgente de requerir financiamiento internacional para apuntalar la balanza de pagos, los potenciales demandantes de bonos soberanos, bonos de PDVSA y el propio FMI exigen la actualización de las estadísticas en materia económica. La razón por la cual los países deben suministrar información al FMI está estipulada en el artículo VIII del convenio consultivo del organismo, que señala que el Fondo puede requerir a sus miembros la entrega de información si lo considera necesario para sus actividades, incluyendo el mínimo necesario para el efectivo funcionamiento de los deberes del Fondo como la data nacional en cuanto a las cifras sobre los activos dentro y fuera del país, la posición de oro y las reservas internacionales. En la práctica, cuando los países no entregan la información que se les solicita, reciben un llamado de atención, pero no son sancionados.

El FMI es la institución que puede ofrecer en este momento ayuda financiera con mejores condiciones para Venezuela, pues la percepción de riesgo es muy elevada como consecuencia de la caída de los precios del petróleo, la crisis humanitaria y la destrucción institucional. Existen instrumentos financieros preventivos que buscan detener los derrumbes de las cifras económicas de una nación, para amortiguar los efectos sociales de los desastres. Queda claro que nuestro país requiere urgentemente apalancamiento internacional para atender su problema actual de balanza de pagos y poder instrumentar un plan de desarrollo para diversificar sus exportaciones.

Venezuela ha entrado en un peligroso torbellino de ingobernabilidad y destrucción institucional que amenaza seriamente la frágil legitimidad jurídica y política del gobierno, visto su trágico naufragio económico. Las evidencias prácticas del desastre económico trascienden las fronteras nacionales y el mundo observa con asombro el cuadro desolador que distingue el precario aparato productivo venezolano. No podemos quedarnos en el fondo y morirnos en la adversidad, el descuido experimentado por el régimen es inaceptable, es por ello que el cambio político impulsado a través del Referendo Revocatorio, más que una opción, es una necesidad urgente para realizar los ajustes requeridos antes de que el daño se profundice. El gobierno venezolano no ha terminado de entender que las naciones siempre pueden estar en una posición peor a la actual; en consecuencia, las decisiones diferidas, apostando al destino, no resuelven las dificultades presentes, en todo caso las agravan. Poner el debate de la crisis sobre la mesa de diálogo es indispensable si queremos presionar los cambios necesarios para que el país no siga cayendo por el despeñadero. El gobierno debe mostrar disposición de enmienda y rectificación en el marco del diálogo, de lo contrario los problemas continuarán profundizándose con repercusiones destructivas en la calidad de vida de los ciudadanos. Estoy claro de que toda la nación debe involucrarse en los acuerdos para validar los sacrificios y los esfuerzos deben ser colectivos para detener la caída. De igual manera la comandancia de la revolución socialista y la ligera unión cívico-militar deben asumir las consecuencias de los desastres y el saqueo realizado, los ciudadanos asumiremos nuestra cuota, pero los responsables del desfalco no pueden salir ilesos.

En la actualidad los mercados internacionales reaccionan ante la probabilidad de que el país no pueda asumir sus compromisos futuros por limitaciones financieras, esto eleva la percepción de riesgo y por ende el costo de capital global, generando consecuencias graves en la economía interna. No se trata de un complot internacional en contra de la nación, tampoco es una manipulación mediática de expertos financieros que pretenden obtener utilidades por incremento de los rendimientos globales. Ante la ausencia de información pública transparente, la incertidumbre arropa a los inversionistas y reaccionan apreciando el riesgo de insolvencia. Por lo tanto el riesgo del default no cuestiona la disposición del gobierno actual de cancelar sus obligaciones con los mercados internacionales, lo que queda en duda es su capacidad financiera de poder afrontarlos. En este contexto, un acuerdo con el FMI para obtener financiamiento internacional es fundamental para: restablecer la viabilidad de la balanza de pagos, la estabilidad macroeconómica, sentar las bases de un crecimiento sostenido y la reducción de la pobreza. Todos los venezolanos demandamos un diálogo para transitar el camino hacia el progreso general sin más exclusión.

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