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martes, febrero 17, 2026

Sesenta y ocho años después, el enero del 2026

Hoy se cumplen sesenta y ocho años de aquel amanecer en el que los venezolanos despertaron con la noticia de la huida de Marcos Pérez Jiménez. El 23 de enero de 1958 no fue un simple cambio de gobierno; fue el colapso de una dictadura, un estallido cívico-militar que dio paso a la etapa democrática más próspera y esperanzadora de nuestra historia. Aquel día se derrumbó un régimen que había ahogado las libertades, y se forjó, en medio de la efervescencia popular, un pacto de convivencia que parecía destinado a perdurar.

Este enero de 2026 los venezolanos vivimos otro evento histórico. En la madrugada del 3 de enero, asistimos a otro punto de inflexión, la captura del presidente Nicolás Maduro, con un gobierno caracterizado por la opresión, la corrupción sistémica y la ruina nacional. 

Pero aquí es donde la reflexión se vuelve urgente y la conmemoración adquiere su verdadero significado. La Junta de Gobierno de 1958, con aciertos y errores, tuvo la claridad de convocar elecciones libres en el mismo año, abrir las compuertas de la libertad y sentar las bases para un proyecto de país incluyente. El camino que se inicia hoy, en 2026, debe aprender no solo de aquel triunfo, sino también de las sombras que vinieron después. La democracia que nació en 1958 se fue erosionando por el rentismo, el clientelismo y la polarización, hasta desembocar en la crisis que hoy cerramos.

Por ello, este nuevo amanecer democrático no puede ser una simple restauración. Conmemorar el 23 de enero hoy significa entenderlo como un faro que ilumina los peligros y las obligaciones del presente. La tarea no es solo reconstruir instituciones, sino refundarlas sobre principios inquebrantables: justicia autónoma, Fuerzas Armadas al servicio de la Constitución y no de un partido, una economía productiva y diversificada, y una reconciliación nacional que, sin olvidar la verdad ni la justicia, permita sanar las heridas de dos décadas de fractura.

Que el ímpetu unitario se transforme en la sabiduría cívica para construir un sistema político donde el autoritarismo no encuentre nunca más grietas por donde colarse. Que esta nueva etapa no sea solo el recuerdo glorioso de un pasado, sino la promesa cumplida de un futuro donde la libertad, la prosperidad y la dignidad sean derechos permanentes para todos los venezolanos.

Lo que vivimos no es el simple derrumbe de un gobierno, sino el inicio consciente y esperanzado de una transición hacia nuevos tiempos. Un tránsito en el que, aprendiendo de las luces y sombras de nuestra historia, tenemos la responsabilidad colectiva de edificar una democracia no solo restaurada, sino profundamente renovada, donde la libertad y la justicia sean los cimientos permanentes de la patria que merecemos.

Redacción C.C.

23-01-2026

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