Sueños truncados

¡Qué nadie te robe tus sueños! , dicen con entusiasmo los más optimistas, y hasta cierto punto es verdad, porque los sueños llevan la identidad de quien los tiene, sin embargo para realízarlos se necesita contar con un entorno propicio, que asegure, que el soñador pueda, en algún momento convertirlos en realidad. Lamentablemente, aquí en Venezuela, hasta los sueños se hicieron imposibles de concretar, y las personas que en mejores tiempos los lograron, ahora tiene que desprenderse de ellos, porque ya es imposible llevar una vida “normal en nuestro país”.

Hombres, mujeres, familias, con esfuerzo y dedicación construyeron la casa de sus sueños. El Valle, La Mucuy, por no ir más lejos, por ejemplo, están lleno de sueños cumplidos, pero ahora tener una propiedad en cualquier lugar de Venezuela, se ha convertido en una pesadilla, porque las situaciones sin sentido se confabulan para asestar golpes tras golpes y destruir lo que una vez tuvimos. Mantener cualquier estructura se ha hecho casi imposible: pintar la fachada, arreglar el jardín, hacer mantenimiento, alimentar a las mascotas, y hasta trasladarse, porque con  la grave problemática del combustible y los altos precios para el arreglo de los vehículos, movilizarse, cuesta y mucho. De igual manera, el resguardo y protección de los espacios cada día se hace más difícil.  Muchas personas se han visto obligadas a  emigrar, buscando salir del infierno, y con lágrimas en los ojos y el corazón hecho pedazos, dejan atrás sus sueños de vivir en Venezuela. No es justo.

Sueños truncados los de los jóvenes estudiantes que planificaron sus carreras, lograron concretar el anhelo de estudiar en la ULA, y ahora ven cómo las miles de trabas que se le han impuesto a la educación, amenazan con destruir esos sueños hermosos de realización personal. Es triste escuchar de ellos: “si esto no cambia pronto tendré que irme del país”, expresión dolorosa, pero quién puede criticar una decisión así, si es que a veces la frustración lleva a tomar medidas extremas.

Sueños truncados en los emprendedores que, idearon montar un negocio, de cualquier índole: comida rápida, accesorios para celulares, ropa, zapatos, en fin, y ahora ven que con cada jornada que pasa los sueños se derrumban y tienen que cerrar las puertas, que apenas habían abierto.

Sueños truncados de las parejas que habían planificado formar su “nidito de amor”, y se dan cuenta de la cruda realidad, ¿cómo compran o alquilan un sitio,o acondicionarlo? Si ahora todo está dolarizado, y ellos, aunando esfuerzos no ganan 30 dólares mensuales.

Sueños truncados los de los enfermos que esperan adquirir una medicina que pueda salvarlos de una enfermedad y todos sabemos la tragedia de  la salud que estamos atravesando.

Sueños truncados los de los empresarios que tienen que parar el trabajo de sus fábricas porque en Venezuela la falta de suministro eléctrico es una constante y, sin aviso, ni posibilidades de protesta las deja inactivas.

Son tantos y tan diferentes los sueños que se nos han truncado, que ni el consejero más experimentado, llámese: psicólogo, psiquiatra, coach, asesor espiritual, terapeuta, puede aliviar la desilusión de tener que enfrentar diariamente, apagones, colas para hacer cualquier cosa, abusos de poder, falta de recursos, comportamientos absurdos y fuera del contexto social, malas caras, escasez de alimentos, servicios públicos de baja calidad, calles sucias, deterioro de la  educación ciudadana y un largo etcétera que produce el naufragio de los sueños que una vez tuvimos.

Para no terminar con un análisis tan cierto, pero abatido, tenemos que pensar y creer, basándonos en nuestro espíritu combativo, lleno de fe en Dios como lo indican nuestros pastores eclesiásticos, que de esta pesadilla despertarnos muy pronto y volveremos a soñar bonito, y volveremos a cumplir nuestros objetivos de vida. Tengamos la mente puesta en el vaso medio lleno, no en el medio vacío, y agradezcamos lo mucho o poco que poseemos en este momento: salud, pareja amorosa, caminos luminosos entre montañas para disfrutar, el abrazo y la sonrisa de tu hijo, de tu amigo, la luz del sol que no admite blackout, visitar un templo y sentir su solemnidad, la palabra amable que puedas ofrecer a quien lo requiera, la conversación amena con tu vecino, el paisaje grandioso de la sierra nevada a cualquier hora, una música que te fascine;permítete llorar cuando te provoque, cantar , trotar, aprovechar el apagón nocturno para disfrutar mejor de una noche estrellada y llana de luceros,en una palabra, emprende lo que esté a tu alcance por no darle cabida a la amargura en tu ser.

También, en esta Semana Santa, únete a los rituales y conmemoraciones programadas por tu iglesia,orar con devoción es un bálsamo para el alma.

Arinda Engelke.