Tiempo de incertidumbre

Por: Rosalba Castillo R.

Los días de certeza, se han desdibujado con la aparición de esta reciente pandemia. A dos años de la esta emergencia mundial, que ya ha cobrado más de tres millones de personas con esta nueva enfermedad, aun no tenemos respuestas. Hay incertidumbre en temas globales como la salud, el cambio climático, la economía, sin escapar los personales. Sentimos que estamos saliendo de la tormenta, sin embargo, de pronto, estamos inmersos nuevamente en ella y es que la vacilación se apodera de nuestro tiempo muy a pesar del control que la humanidad ha estado buscando desde sus inicios. La necesidad de sabernos seguros como en el vientre de nuestra madre, pareciera convertirse en una utopía. Nos enfrentamos ante un mundo nuevo, que requiere de seres diferentes. Despertamos cada amanecer buscando la posibilidad de anclarnos a elementos que nos brinden estabilidad, desconociendo que la manera de conseguirla consiste en viajar en nosotros mismos para construir esas herramientas que nos harán comprender la existencia de una nueva normalidad donde la inseguridad estará presente. Seremos más vulnerables que antes.

La certidumbre se asocia a la seguridad, generando tranquilidad mientras que la incertidumbre genera inquietud y ansiedad, los grandes virus que nos abruman. La confianza absoluta nos produce bienestar. Estamos en tiempo. de desasosiego. Tal vez el más grande nuestra historia. Todos los escenarios se han visto invadidos por esta pandemia. El pánico es colectivo, sin embargo, hemos salido sigilosamente a asomarnos al nuevo mundo. La plasticidad de nuestro cerebro hace que tengamos la posibilidad de adaptarnos a los cambios. La ausencia de certeza termina siendo un gran obsequio para la transformación que veníamos necesitando. Esta incertidumbre nos desafía hacia un pensamiento nuevo.

Nos enfrentamos a situaciones más complejas como el de la salud, la economía mundial, el cambio climático o los autoritarismos políticos, generando procesos muy altos de estrés en cada uno de nosotros. Nuestra estructura social se está desmoronando. Estamos bajo asedio, sin embargo, debemos darle una mirada diferente a esta nueva forma de vivir. Todos somos seres resilientes, y con esa capacidad nos hemos ido transformando, haciendo uso de nuestras herramientas y experiencias pasadas. Estamos gestionando nuestra incertidumbre, sin darnos cuenta. Hacerlo de una manera consciente, nos ofrecerá mejores y mayores resultados. Dejar de sentirla como una amenaza y explorarla como una posibilidad de soltar el control sobre la vida. Tolerándola, dándole un carácter de flexibilidad y no de rigidez

Se trata de un cambio de foco de lo negativo a lo positivo, pero sin fantasías, con los pies sobre la tierra. Reformando nuestras fortalezas en pro de reconstruirnos como personas y ciudadanos del mundo. Podemos aprender herramientas para superar momentos adversos en ese proceso de superación. Adaptarnos al entorno partiendo de abrirnos a cambios radicales. Buscando información para lograr interiorizarlos. Aprender a desaprender y volver a aprender es un arte que nos enseñara a trabajar y relacionarlos de manera diferente. Partiendo de un trabajo personal, de absoluta reflexión, introspección, de toma de decisiones.

Estamos sensibles a nosotros mismos y a los demás, a aquello que nos sucede y a toda la información de nuestro entorno, a esa incertidumbre que es nuestra nueva manera de vivir. Nos queda desarrollar una personalidad más resiliente. Todo ello produce ansiedad y más angustia mientras los nuevos hábitos se hacen automáticos, mediante la repetición y nos acostumbramos a ellos. Lo desconocido no es una amenaza. Solo se trata de aflojar nuestra manera de controlar.

Probar situaciones nuevas se convierte en el inicio de este proceso de reaprendizaje. Desde cambiar el sabor del helado, consumir platos diferentes, escuchar otro tipo de música, leer temas que no nos interesan, compartir con quien no nos resulta agradable, cambiar el estilo al vestir, salir de nuestra zona de confort para disfrutar de la diversidad. Acercarnos a aquello que no conocemos nos da la posibilidad de asumir la importancia de la gestión del cambio en la vida del planeta.

Se trata de sustituir los anteojos que usamos desde tiempos casi ancestrales.

Las mascarillas, el lavado de manos y el distanciamiento social, vinieron para quedarse.

rosaltilloyahoo.com

26 02 2022