Transportarse en camiones ¿un mal necesario?

Comenzó a llover temprano, en la Hechicera, los jóvenes que salían de clase se agrupaban bajo el toldo maltrecho de la parada de autobuses esperando un transporte que seguramente no iba a llegar. Con sus cuadernos abrazados, como buscando protección, y sus rostros reflejando la angustia  de no saber cómo, cuándo, y  a  qué hora iban a regresar a sus hogares. La tarde estaba fría, oscura, tenebrosa, con las mismas características con las cuales vivimos  ahora en Venezuela.

No se puede hablar de calidad de vida, de paz y de tranquilidad  en un país,si sus servicios de transporte público son deficientes y atentan contra la seguridad e integridad de sus usuarios. Ese es, justamente el caso del transporte público en toda Venezuela. Ya se siente en el ambiente el colapso, del mismo, en las caras de angustia de las personas , en los peligros que enfrentan día a día quienes intentan llegar a sus destinos, bien sea a su trabajo, a su casa, a  una cita médica o a algo tan esencial como movilizarse para ir al colegio o a la universidad.

En nuestro Estado, ya es parte de la cotidianidad  observar las largas filas de hombres, mujeres y niños,  esperando ansioso el arribo de al menos una unidad. Vemos como,  las pocas busetas o buses, se llenan inmediatamente  y la gente cuelga hasta de las ventanas. Hay empujones, gritos, maldiciones, e incluso gente que decide valientemente, echar a andar sin importarle las distancia que tengan que recorrer; como es el caso de Francisco, un joven administrador, graduado con honores en la ULA, quien ante la imposibilidad de montarse en  cualquier vehículo, decidió caminar, desde la Pedregosa, hasta la av. 3 Independencia del centro de Mérida, para no faltar a su trabajo. O como Sandra, cajera de una tienda, que tuvo que encaramarse  en un camión, de esos que ahora se han convertido en la única alternativa de transporte, porque tenía que llegar a tiempo a una reunión  de su empresa. O, como Carmen Medina, una madre de familia que logró alcanzar una buseta que veníarepleta, y, al intentar abordarla, le falló el impulso y cayó al pavimento, rompiéndose el tobillo.Así miles de casos, miles de historias esparcidas por toda Venezuela que delatan  una situación inadmisible que tiene que ver con el irrespeto a la dignidad humana y que conllevan una serie de vejámenes tanto físicos como emocionales: tristeza, desaliento, impotencia, rasguños, golpes, empellones. No es el deber ser.

El caucho espichado

Los altos costos de mantenimiento, la disminución de importación de repuestos, hiperinflación,la falta de materia prima para la fabricación de cauchos, las carreteras en mal estado, donde los huecos van tomando dimensiones de cráteres y ausencia de políticas claras con respecto a los costos del pasaje, tienen al sistema de transporte de Venezuela, prácticamente en la ruina.

La población tiende a satanizar a los choferes y dueños de unidades, porque suelen aumentar el pasaje “a las malas, sin tomar en cuenta al usuario”, pero los transportistas se defienden y preguntan ¿cuánto cuesta en este momento comprar un caucho o hasta comprar una chiva? cuántocuesta una batería, o hacer un cambio de filtro y aceite? Una millonada, y “muchos de nosotros-dice Orangel Barrios, no podemos hacerlo, vivimos de los que ganamos diariamente, tenemos familia, y también muchas necesidades. En estos días-cuenta el chofer-se me espichó un neumático -lo mandé a reparar- pero no tenía arreglo, entonces me vi en la necesidad de adquirir uno rencauchado, que no es lo más seguro, y temo que muy pronto se vuelva a espichar. El pueblo, debería entender que nuestro gremio, también está hundido en la miseria como el resto de los venezolanos”

Los camiones ¿un mal necesario?

Ante el dantesco escenario que hemos descrito ha surgido un nuevo medio de transporte. Se trata de camiones, de todo tipo, 350, volteos, camionetas pick up ,que llegan a las paradas, atestadas de personas y recogen al mayor número posible, al menos las que quepan, bien apretadas, muy incómodas, pero deseosas de llegar a su destino. Sin ninguna seguridad, sin ninguna garantía,pueden suceder accidentes menores, pero también pueden ocurrir los accidentes más trágicos y fatales, como el acontecido recientemente en el sector “Los Azules” de Lagunillas con el saldo trágico que todos conocemos. La insensibilidad, la irresponsabilidad, las pésimas condiciones del vehiculó en cuestión, ponen en peligro a los usuarios  y por si fuera poco, algunos de estos conductores cobran el doble de la tarifa.Pero, aun así, a riesgo de sus propias vidas, los venezolanos se montan, mejor dicho trepan a estos transportes improvisados, porque para algunos, “son un mal necesario”.

La gente en las calles se pregunta ¿hasta dónde, y hasta cuándo  llegará este calvario, uno de los muchos que tenemos que soportar estoicamente, ante la mirada indolente de quienes tendrían la obligación de velar por la tranquilidad y paz de sus ciudadanos.

A.E. L.L.