Una meseta sin mesas servidas: cambios alimentarios en siglos de historia

Los libros narran la historia a través de la cotidianidad de sus protagonistas. Tesoros que refulgen de experiencias vividas por quienes nos antecedieron. Las costumbres, los conflictos, los amores, la música, la poesía, en fin todo lo que constituye la idiosincrasia de un pueblo, se ha ido marcando en las hojas de los calendarios, año, tras año, siglo tras siglo, hasta llegar a este siglo XXI. Afortunadamente, todo  ha quedado registrado.Un libro maravilloso nos dio la pauta para reseñar de algún modo las diferencias, o tal vez algunas semejanzas de la historia gastronómica de Mérida en el devenir del tiempo. Se trata de La Mesa de la Meseta de nuestro Rafael Cartay, escritor barinés, pero más merideño que la almojábana andina. Gracias a la Editorial Venezolana. C.A y al empeño de sus dueños con su característica disposición de hacer las cosa bien, hemos tenido el placer de “degustar” esta obra que , en ocasiones nos llena de nostalgia, en otras nos hace sonreír , e incluso nos llama a la reflexión de si es, o no, cierto, aquel conocido refrán que dice “todo tiempo pasado fue mejor”

Cada época trae sus acontecimientos, sus avances, sus misterios. Sería ingenuo hacer comparaciones, pero sí, tener referencias para sopesar qué tanto hemos avanzado como país o qué tanto hemos desmejorado. La idea sería, lógicamente que la calidad de vida hubiera sido directamente proporcional a los avances  en el mundo globalizado, pero en el caso de Venezuela, nos atreveríamos a decir, que en el tema alimentario, los resultados son muy negativos.

¿A cómo la panela?

La gente preguntaba por allá lejos en el siglo XVIII“¿a cómo la panela? A catorce, ¿menos? Nada.” Hoy en día, la panela, se ha  convertido en prácticamente la única manera de endulzar, algo,no digamos el café porque aunque nos guste, sus precios millonarios nos aleja cada día más del placer de saborear una tacita de guayoyo, (una modalidad de preparar café típica de Venezuela.) para despabilarnos, o para compartir con un amigo, en una tarde de frío y neblina. La panela “meladura de caña de azúcar en forma cuadrada o rectangular”, ha alcanzado, en hiperinflación, precios muy elevados, pero sin embargo, sigue siendo más económica que el azúcar, que, definitivamente está incomparable, al menos para la mayoría de quienes viven de un sueldo mínimo. La panela, sirve para preparar ricas dulces tradicionales, como por ejemplo el “currunchete ”, como también se le llama”.” Un dulce que debe comerse bien caliente, porque al enfriarse se endurece”, explica el autor.

¡Y qué cosa más rica para refrescar el día que un papelón con limón y hielo picadito! .Incluso hasta nuestro Simón Bolívar lo recomendó al neogranadino Tomás Cipriano de Mosquera, en una carta del 5 de enero de 1829:” “…limones a los pascanos, para que beban agua de limones con panela o miel, todo para evitar el mal clima y el calor excesivo del día y del país”

“Ojalá no siga subiendo el precio de la panela-dice Carmen Osorio-propietaria de una pequeña bodega porque, si esto sucede, tocará cerrar mi negocio. Tendría que aumentar también el precio de los jugos que ya de por sí, con lo que cuestan las frutas, está muy alto”

Dice nuestro libro que “en el año 1945, había entre Llano Grande y Ejido, unos 40 y tantos  trapiches,y…¿dónde estarán ahora?

Un plato de arvejas

Comerse un plato de arvejas, es todo un deleite para el paladar. En general todos las leguminosas : caraotas, lentejas, garbanzos, y hasta los quinchonchos con un buen guiso de cebolla, pimentón, tomate ajo  y perejil quedan deliciosos.

“Los pueblos de la cordillera poseen dos elementos fundamentales en su dieta: la carne y las arveja” relata el libro. Hoy en día, hasta comerse un platico de caraotas negras  resulta una proeza porque no es fácil  desembolsar 1 millón 200 mil bolívares o más por un kilo de frijoles, sean de la clase que sean.” Ya ni las granos son una alternativa para mitigar el hambre-comenta Rosa María Páez-“casi me da  un patatús  cuando pregunté en un local me dijeron que el kilo de lentejas está en 1 millón 500 de bolívares. Me vine al mercado con la intención de conseguirlo más barato y resulta que cuesta exactamente lo mismo porque estoy pagando por punto de venta”. Sin embargo, y aun cuando están cada día más caros, rinden y son nutritivos, así que hago el esfuerzo, y los compro. Algo hay que comer”.

Increíble, pero cierto. Según la investigación del profesor Cartay en 1937 Táchira y Mérida contribuyeron con el 63 por ciento de la producción total de arvejas    .

La meseta sin mesas servidas.

Escribe Rafael Cartay en su libro que “en las mesas andinas, pobres o ricas, se comía copiosamente. La calidad variaba entre las mesas, pero la abundancia se mantenía .Algunos investigadores señalan que eran cuatro las comidas reglamentarias: eldesayuno (pisca, arepas, verduras, carne , café negro);el almuerzo (queso, carne y café claro o agua miel: puntal (queso, arepa y café); cena o comida(ajiaco y aguapanela)Otros sostienen que eran cinco las comidas que se hacían y que incluían también: huevos, sopa de legumbres, arroz, ensaladas, dulces” .Muchas lunas han pasado desde aquellos tiempos en los cuales la comida abundaba en Venezuela. Independientemente del crecimiento poblacional  y de los cambios que lógicamente ocurren en las sociedades, el panorama en este 2018 es totalmente distinto y desafía la comprensión de los que está ocurriendo. El informe de ENCOVI 2016 titulado:” Venezuela, la caída sin fin ¿hasta cuándo? señala que” La dificultad en el acceso a los alimentos trae como consecuencia que en los hogares, se privilegia la compra de alimentos aportadores de calorías-estrategia de ahorro energético-, luego se reduce la porción de alimentos y finalmente terminan en situaciones sin comer, alguna o ninguna comida al día. En estas circunstancias surgen estrategias no convencionales, denigrantes de la condición humana, tales como el uso de desechos de alimentos para consumirlos, debido a su situación de extrema pobreza”.

Perdíamos concluir, entonces, que la situación alimentaria es cada vez más apremiante. La sensación del estómago vacío es molesta para cualquier ser humano. Las mesas en nuestra meseta merideña y en el resto del país cada vez están menos servidas con las dramáticas consecuencias que la falta de alimentos causa en la población.

Arinda Engelke.

Fuentes:

La Mesa de la Meseta. Historia Gastronómica de Mérida. Rafael Cartay. Editorial Venezolana.

Venezuela La caída sin fin ¡hasta cuándo?:Encuesta Nacional de Condiciones de vida 2016.ENCOVI.UCAB.