UNT-Mérida fija posición ante la crisis electoral nacional

Mérida, 19 de febrero de 2018

Animados únicamente por el interés de contribuir a enfrentar con posiciones uno de los momentos más difíciles de la historia contemporánea de Venezuela, nos permitimos formular las siguientes consideraciones:

  1. En su momento, apoyamos abierta y solidariamente la determinación de los representantes de la oposición venezolana en Santo Domingo, República Dominicana, de no firmar un acuerdo con el Gobierno que, entre otras cosas, no respondía a las expectativas de cambio del pueblo de Venezuela, porque no se ofrecían las garantías necesarias para realizar unas elecciones presidenciales libres y limpias, conforme a lo establecido en la Constitución Nacional y en el ordenamiento jurídico que las rige. La verdad es que cada vez que se realizan elecciones en Venezuela, vemos con impotencia las tropelías abusivas y ventajistas frente a las cuales ningún mecanismo institucional se activa, porque ya son parte del mismo entramado que sostiene la farsa, tal como ocurrió en las recientes elecciones para gobernadores y alcaldes.
  2. El impacto de la acción internacional, a través de iniciativas como las del Grupo de Lima, ha sensibilizado la conciencia de muchos venezolanos que entendemos cómo el régimen de Nicolás Maduro constituye un grave problema para la región, por las sistemáticas violaciones de los derechos humanos, la ruptura del orden constitucional y la gestación de una inédita tragedia humana que hoy empuja a millones de venezolanos al éxodo forzoso. Ninguno de los países solidarios con los venezolanos en su tragedia, reconoce como válida la convocatoria electoral que anticipa un proceso presidencial sin arreglo a derecho y sin consideración ni respeto de las más elementales condiciones para superar, civilizada y electoralmente, una catástrofe de las colosales dimensiones como la de Venezuela.
  3. Para los demócratas no debe constituir ningún dilema participar o no en un proceso electoral como el que está previsto para el mes de abril de 2018. Quienes hemos estado en esta lucha durante los últimos años hemos visto lo duro que ha sido mantenerse en la vía pacífica, electoral y democrática frente al poder de un Estado que utiliza todos sus recursos para aniquilar moral y materialmente a quienes considera sus enemigos. Lo último que hemos visto es el perfeccionamiento de los mecanismos manipulatorios del hambre para alcanzar resultados favorables, liquidando la democracia con elecciones.
  4. El régimen enfrenta grandes debilidades como el proceso de descomposición social que genera la catastrófica situación económica gestada por la premeditada imposición de un modelo sociopolítico cuya única razón de ser es mantenerse en el poder a cualquier precio. Esta descomposición es ya un proceso integral que afecta a todos los órdenes de la vida, dando lugar a la sustitución de la política por lógicas criminales que no pueden enfrentarse con procedimientos electorales ordinarios. En este sentido, los indicadores, que apenas se perciben, dan cuenta de una profunda penetración de los intereses del narcotráfico en la vida del país, lo que ha contribuido también, en gran medida, a desinstitucionalizar aparatos tan importantes para el Estado, como sus Fuerzas Armadas, los cuerpos policiales y, en general, los órganos de seguridad.
  5. No obstante, las fuerzas de la oposición democrática también enfrentan grandes debilidades, la primera de las cuales es la falta de unidad. Para los Partidos Políticos no ha sido nada fácil enfrentar su inhabilitación y la de sus principales dirigentes, superar la debilidad orgánica en muchas zonas del país y resolver las serias dificultades para operar cuando muchos de sus dirigentes y líderes locales se encuentran también al borde de su propia sobrevivencia. De manera que acudir presurosamente a unas elecciones sin garantías de ningún tipo y sin calibrar el impacto de la situación socioeconómica sobre las propias estructuras partidistas, resulta irresponsable.
  6. Las organizaciones políticas de la oposición democrática también lucen desorientadas y disminuidas frente a una compleja situación que exige gran tenacidad y claridad. En ese sentido, no podemos dejar de observar la incoherencia en su proceder; la inclinación hegemónica de algunas organizaciones que parecen no entender la actual circunstancia histórica; la tendencia que se expresa en la conducta de algunos dirigentes nacionales que, más preocupados por sus propios intereses, velada o abiertamente abogan por la cohabitación con el régimen; la ausencia de direccionalidad y comunicación con sus dirigentes y el empeño de mantener líneas de acción política desacreditas e inconsultas con sus propios órganos de dirección.
  7. Por si fuera poco, se vienen produciendo serios desencuentros entre los partidos políticos democráticos y algunas organizaciones de la Sociedad Civil que abiertamente defienden posiciones antipolíticas y antipartido y que a través de las redes sociales demuestran gran capacidad de orientar a la opinión pública, frente al silencio y las dificultades comunicacionales de los partidos. En todo caso, desde la Sociedad Civil se reclama la incapacidad del liderazgo político de ir más allá de sí mismos, de construir una oposición social y de capitalizar el enorme descontento que prevalece entre los venezolanos por el naufragio del país, todo lo cual expresa una severa crisis del liderazgo político en todos los niveles.
  8. Más allá de la convocatoria anticipada de elecciones, consideramos que en este momento urge:

* Impulsar un plan nacional para exigir condiciones que permitan convocar elecciones libres, limpias, transparentes, creíbles, conforme a estándares internacionales y con observación electoral independiente.

* Desarrollar una “política opositora unitaria”.

* Articular esfuerzos con la sociedad civil y la ciudadanía en general.

* Construir una agenda unitaria para el cambio y la transición democrática de corto y mediano plazo.

Al agradecer su atención, quedamos muy atentamente,

Luis Loaiza Rincón

Carlos Ramos Rivas