Venezuela: ciega y sin corbetas

Literalmente “Venezuela llora lágrimas de sangre”, porque los venezolanos de buena voluntad estamos en un estado traumático por las recientes violaciones a todos los derechos humanos ocurridos en nuestro país y que acusan directamente y sin escapatorias a la brutalidad de las acciones de un régimen que no respeta, la integridad de las personas y cuyos cuerpos de seguridad, que en teoría deberían proteger a la ciudadanía, son los primeros en agredir, mancillar, quitar vidas, torturar, violar y causar las más profundas heridas en una población cada vez más vulnerable y que no tiene derecho a protestar ni por la falta de servicios porque es silenciada a punta de perdigonazos, golpes, detenciones ilegales.

Faltan palabras, faltan adjetivos calificativos para intentar retratar lo que le ocurrió a un joven estudiante, a quien unas bestias, con el perdón de éstas, le dispararon directamente a su cara, cubriéndolo de heridas, arrebatándole, su vista, porque sus ojos quedaron tan lesionados que perdió ambos. La elocuente imagen en la que Rufo Antonio Chacón Parada, de apenas 16 años, con su franela anaranjada, se cubre con desesperación su rostro masacrado, ha dado la vuelta al mundo y a nosotros nos ha dejado una impresión tan dolorosa que es difícil de calmar. Es un baño de sangre que cubrió a nuestra extensa geografía, a cada rincón, a cada ciudad, a cada habitante. Su pecado, lo que llevó a esos dos monstruosos politáchiras a disparar sin control sobre la humanidad de Rufo, fue una protesta pacífica por la escasez de gas en su entidad. El nombre de estos sádicos y perversos “agentes del orden” para que no se nos olvide nunca: Javier Useche Blanco y Henry Ramírez Hernández. A ellos debería aplicársele todo el peso de la ley, pero en Venezuela sabemos que la ley tiene concesiones y es aplicada según los intereses de quien tiene el deber de hacerla valer. Pero la que no falla es la justicia divina y esa, sí se manifestará con toda la fuerza que semejante transgresión merece.

El joven mutilado y su familia requieren de todo el apoyo que nosotros como venezolanos solidarios, podamos ofrecer. Nadie puede quedarse sin actuar en este caso tan espantoso. Es una familia que está sufriendo, es un adolescente quien después de ver el mundo, sus colores, su tierra, sus libros de estudio, los rostros amados, ahora quedó en tinieblas. Le quitaron sus ojitos, sus ventanas a la vida, sus sueños e ilusiones, y el trabajo que queda por delante para que logre recuperarse es muy difícil.

El capitán que perdió su corbeta

Otro caso que ha estremecido a la ciudadanía es el del Capitán Rafael Acosta Arévalo, arrestado por presuntamente participar en el plan de golpe de estado contra Nicolás Maduro. El resultado de esta detención fue la muerte de un venezolano, de buen porte, inteligente, dedicado a su fuerza naval. Al régimen no le importó ver a la esposa del capitán rogando por su vida,señalando que lo estaban torturando.La autopsia del capitán develó signos de tortura inequívocos. La ciudadanía quiere escuchar las voces de protesta y condena a los causantes de semejante tormento, y desea que sus compañeros de las Fuerzas Armadas exijan que se aclaren los hechos, entre otras cosas porque:” “Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa”

La presunción de inocencia es una garantía consagrada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos en tratados internacionales sobre derechos humanos.Sin embargo, en la Venezuela actual todo somos culpables y la declaración de culpabilidad, aunque seamos inocentes, se saca a fuerza de los más refinados y diabólicos métodos de tortura.

La nave del capitán de corbeta, naufragó en los mares de terror e injustica, pero su inmolación no quedará impune, llegará un tiempo donde la rectitud, la cordura y el civismo volverá a reinar en nuestro, país, también destruido.

Clamamos integridad, honestidad, justicia, que resurja la esencia noble de los venezolanos.La tenemos, la sentimos, y no debemos dejar que nos la arrebaten. Tenemos derecho a bañarnos de luz, no de dolor. Exigimos respeto a nuestros derechos ciudadanos.

No queremos derramar más lágrimas de sangre.

C.C.