Visibilicemos el suicidio

Por: Rosalba Castillo R…

En momentos de pandemia, tanto la ciencia como nosotros, hemos estado persiguiendo la vacuna para librarnos de este enemigo invisible que nos está atacando en los últimos tiempos. Con el esfuerzo de los laboratorios y gobiernos, hemos logrado frenar un poco al coronavirus, a pesar de las mutaciones que lo camuflajean. Sin embargo, desde comienzos del aislamiento se estaba advirtiendo que nuestra salud mental se vería afectada como ha sucedido en la historia de situaciones similares anteriores. Han surgido estudios que nos han demostrado, como este proceso de adaptación sumado a los problemas socioeconómicos, soledad y sobrecarga del confinamiento, han indicado un repunte en el aumento de enfermedades psíquicas, terminando en acciones que empujan al límite a los más vulnerable llevándolos a la cobardía más valiente, como es quitarse la vida.

Hablar de suicidios no los fomenta, sino los previene, rompiendo así, la cultura del estigma y de la exclusión. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), estas acciones son precedidas de signos de advertencia, que son invisibilizados por los familiares y en entorno cercano. Dormir mucho o no hacerlo, aumentar apetito o disminuirlo, regalar objetos de valor personal, alejarse de amigos o de actividades diarias, esos podrían ser algunos de los signos de afecciones emocionales. No es lo mismo estar triste, que deprimido. El suicidio es un tipo de muerte multicausal, ya que en ella se concentran factores personales y sociales, muy a pesar, los gobiernos no han dedicado ni su atención, ni sus presupuestos en la prevención de enfermedades de tipo mental. El suicidio sigue estando etiquetado, ni siquiera es aceptado como motivo de muerte en las actas de defunción, cuando es un acto de desesperación frente a los problemas por los que atraviesan las personas.  

Las tentativas de privación de vida se han incrementado en esta pandemia, a pesar de haberse hecho visible desde siempre. El COVID 19 ha sumado la angustia, la depresión, la incertidumbre, la ansiedad y por ende los suicidios. Hombres, féminas, adolescentes, adultos mayores y ahora los niños se han convertido en población sensible a la decisión de quitarse la vida. Los medios de comunicación solo reportan hechos suicidas cuando se trata de personajes públicos, pero también en comunidades rurales, residenciales y escolares se incrementan estos hechos. En Venezuela, desde 2003, el gobierno no ha registrado estadísticas a pesar del reporte por medios de comunicación. Algunas ONG, tratan de hacerlas visibles. Entre los récord Guinness que nos han adjudicado tenemos el de ser el primer lugar en estadísticas de suicidios en América Latina, así como la tristeza como primera emoción reflejada en los ciudadanos, estas estadísticas no aparecen reconocidas en redes oficiales.

Declarar un suicidio, debe ser un problema de salud pública. Solo así se puede desmitificar y acabar con el estigma. Para el cierre del 2019 y comienzos del 20, más de setecientas mil personas se han quitado la vida, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) Por cada muerte autoinfligida, hay entre 10 y 20 acciones de intento de hacerlo. Definitivamente no basta con ser empáticos con las personas que presentan intentos de violencia contra sí, se requieren servicios especializados y programas de prevención, sobre todo en estos tiempos, cuando conocemos que los centros de salud mental están abarrotados con pacientes adolescentes y de tercera edad. El objetivo de quienes tiene el inmenso valor de acabar con su vida no es llamar la atención, sino evitar el sufrimiento.

Tenemos que ir más allá de la situación país, y hacernos responsables de la crianza y de nuestro entorno ya que todos estamos expuestos a sufrir situaciones impactantes que puedan llevarnos a momentos depresivos, por ende, al suicidio. Se trata de desarrollar estrategias para salir de las crisis. En las redes sociales todos somos felices y mostramos nuestros mejores rostros, sin embargo, en la vida real no sucede así. Menos electrónicos y más amor en las familias, más acompañamiento y menos soledad, más comprensión y menos intolerancia. Diseñar e incluir programas formativos en prevención, así como normalizar la ayuda profesional como parte del desarrollo humano.

El 10 de septiembre, se celebra el Dia Mundial de la Prevención del Suicidio, una muerte silenciosa, que empieza antes de decir el último adiós.

rosaltillo@yahoo.com 

12-02-2022