Y nos vemos tras pantallas

Por: Rosalba Castillo R…

Fue inevitable que fuésemos a casa. El mundo entero cerró sus puertas. Las calles terminaron desoladas. Sólo se escuchó una voz que nos indicaba #Quédateencasa;         2 metros de distanciamiento social. Una pandemia se apoderó de nuestras vidas. Nosotros solo con nuestros dispositivos electrónicos al alcance, nos permitieron la comunicación. El inevitable salto al encuentro digital

No estábamos preparados para esta virtualidad. Seguro que esta es una de las ventajas de esta peste en relación a otras anteriores. Es la primera pandemia de la era digital. Las pantallas vinieron al rescate de nuestras vidas. Y de pronto las máquinas se apoderaron de ellas. Ayudándonos a sobrellevarla.

El COVID-19 nos declaro en emergencia comunicacional. La tecnología ha ido cambiando nuestras vidas a pesar de ser etiquetada como una herramienta de doble filo. En tiempos de crisis, internet está siendo considerado un derecho humano, muy a pesar de que la conectividad en algunos países, incluido el nuestro, sea de las más lentas del mundo. Hemos logrado superar esta pandemia. En las pantallas nos vemos. Celebramos, trabajamos, nos informamos, nos desinformamos, nos amamos, estudiamos, nos conocemos. Este cambio nos está llevando a una nueva normalidad.Nos hemos adaptadoa esta manera de encontrarnos.

Los dispositivos electrónicos se sobrevaloraron. Ahora cambiamos la forma de relacionamos.Personas, empresas, marcas, se sintieron perdidos en un momento, pero las necesidades de los usuarios hicieron que en breve tiempo, quienes no estaban en las redes, vieran este escenario propicio para la interacción. Las pantallas se convirtieron en espacios para ir saliendo de la pandemia, por un tiempo indefinido. Las conexiones han aumentado considerablemente. Los servicios de telefonía, equipos electrónicos, servicios de internet, han aumentado sus ventas y asistencia así como los medicamentos y productos de higiene. Lo cual demuestra que son elementos de importancia eneventos como el que estamos viviendo.

Hemos conocido espacios asincrónicos y sincrónicos en diferentes salas de diversas plataformas: Zoom, Google, Whatsapp. Todos regalan encuentros inclusive colectivos en simultáneo. Podemos explorar un sinfín de actividades. Esta rutina que va desde la mañana a la madrugada. Pero también el uso excesivo de la tecnología conduce a la ansiedad y a la depresión así como a trastornos en el sueño y patologías oculares, en diversos miembros del cuerpo incluso podríamos llegar a la adicción. La inmediatez de la comunicación nos hace cambiar las relaciones reales. Nos volvemos más intolerantes con los otros y frustrados al sentir nuestras condiciones y necesidades. No todo es tan gratificante como en las redes sociales. No todos estamos siempre tan felices como las imágenes que colgamos en ellas.

El uso de tecnología genera un sistema de recompensa en el cerebro, que libera dopamina, creando una sensación de satisfacción pero que al mismo tiempo se puede convertir en adictivo. Por tales motivos, requerimos de una dieta de pantallas. Restringir el uso tanto para niños, quienes no deberían usarlo, salvo en tiempos y contenidos controlados, ya que los pequeños y adolescentes pueden presentan trastornos visuales, de atención, de integración familiar, ansiedad y depresión así como retraso en su desarrollo físico. Los adultos, de la misma manera, deberíamos hacer un uso racional de los equipos de comunicación electrónicos. Si bien el mundo gira alrededor de ellos pues temas como los laborales, familiares, recreativos, de formación, los vemos a través de estas pantallas, debemos asumir el control y cuidamos de no depender de los mismos, ya que nos llevan al aislamiento, ansiedad, depresión, estrés entre otras situaciones. Tenemos que reconocer que el silencio es necesario, mirarnos a nosotros mismos, hacer una introspección y hacer actividades nuevas. El brillo de las pantallas envía al cerebro el mensaje que es de día y por allí llega el trastorno de sueño. Trastorno que viene de la mano con los temores, ataques de pánico, aislamiento, proclastinación, sobresaturación de información y la ansiedad por no perderse lo que está sucediendo en el mundo y en las relaciones personales. La hiperconectividad es una norma global, lo que indica más aislamiento en un futuro cercano

Todo pasará y estapandemia también, así como han pasado otras y otras llegarán. Tenemos que reflexionar sobre estas tecnologías que si bien nos están ayudando a sobrevivir, también puede acercarnos más íntimamente o alejarnos de otros y de nosotros mismos. Quizás ya no es la hora de medir las horas frente a ellas, pero si los contenidos. Construir oportunidades de aprender, jugar, leer, y tener una mirada crítica hacia la vida y el consumo. La brecha digital se amplía. Podemos ser incluidos o excluidos socialmente.La pandemia digital debe ser superada por los estados donde los derechos humanos se desdibujan. Los gobiernos deben centrar sus políticas públicas en el acceso a la conectividad, los dispositivos de comunicación y la formación de la población. Así se mitigará esta brecha y tendremos oportunidad de vida y desarrollo personal y colectivo. Construyamos un vínculo desde lo humano. Haciendo uso de ellas no como un fin sino como un medio.

Rosalba Castillo R.

rosaltillo@yahoo.com