Y volvemos a clase

Por: Rosalba Castillo…

El recibir la noticia de la posible vuelta a clase para los niños venezolanos, sacó la sonrisa  a muchos de ellos y exacerbó la inquietud de los padres y maestros. Regresar al aula es el reencuentro con sus compañeros y maestros.  Una escuela  es el lugar  al que volverán como adultos. Una escuela marca la vida. Son recuerdos impregnados de olor a lápices, sacapuntas, borradores, alegría y felicidad. Son los amigos con los que se comparte toda la vida o aquellos que anhelamos encontrar. Los días de escuela se conectan con nuestro bienestar y el corazón. El colegio el lugar más esperado luego esta pandemia.

Los niños han presentado dificultades frente a tanta virtualidad que vino acompañada también de tanta soledad. Muchos ni siquiera han entrado en la dimensión tecnológica pues no tiene acceso a equipos ni a conectividad. Las desigualdades son evidentes. No hay detalles de cómo será el regreso. Si el reintegro será gradual. Pero la sola idea, nos llena de entusiasmo. Los docentes y padres afirman que no hay condiciones. Las redes sociales  lo dan por igual. Todos los niveles regresaran a las aulas venezolanas luego de un año de ausencia, debido a la pandemia.

El regreso no tiene fecha exacta. Ojala éste tiempo alcance para el reacondicionamiento que se requiere  con la nueva educación. Si estábamos en deuda con las infraestructuras, ahora lo estamos más. Se hace necesario adecuar los  presupuestos, los salarios,  los espacios, la seguridad pero por sobre todo la metodología de la enseñanza adaptándola  a este tiempo. Cada centro educativo tiene su realidad diferente, y así debe ser su retorno.

Venezuela presenta serios inconvenientes para esta vuelta a clase. El temor de la reapertura es latente. Los padres y los maestros sabemos que no es seguro enviar los niños a clase en medio de la pandemia. En otros países abrir las escuelas ha sido gradual, aunque otros nunca cerraron sus puertas a los más chicos. En Japón las clases no han cambiado mucho, salvo que todos deben usar mascarilla. Las aulas son espaciosas  así  que el distanciamiento social  no representa inconveniente. Aprobaron un segundo presupuesto complementario. Dieron apoyo al traslado y a la compra de materiales de seguridad.

En Francia abrieron con pocos niños. Además los profesores no pueden estar presenciales y a la distancia. El gobierno en su política de máxima seguridad dio tantas instrucciones que hubo que reajustarlas a la realidad. También es cierto que el cierre de las escuelas por pandemia acentuó las desigualdades sociales. En América Latina solo un 64% tiene posibilidad de una computadora y un número considerable de niños no logra participar en las plataformas digitales, afirma   el BID. En los hogares de mayor poder adquisitivos se cuenta con equipos, los padres trabajan en casa y pueden asistir a los niños.

En el caso venezolano, la educación posee un perfil diferente a los demás países. Antes de la pandemia se hizo evidente la deserción escolar. Niños y maestros no asistían a clase. Muchos migraron en búsqueda de un  mejor mañana. Temas como los  servicios públicos   hizo que los espacios quedaran vacíos. La pobreza se apoderó  de los hogares y los centros educativos.

Muchos niños se quedaron en casa cuidando a sus  hermanos menores. Otros no tenían  zapatos, útiles, ni fuerzas,  para llegar hasta su lugares de estudio. Los maestros a pesar de la vocación de vida tuvieron que abandonar sus escuelas o  dedicarse a otra manera de asegurar un poco más de alimento para su mesa y las escuelas se quedaron a puerta cerradas. Muchas escuelas se trasladaron a casa de las madres o de alumnos  que se dedicaron a enseñar en sus comunidades.

UNICEF  está colaborando con los gobiernos y las escuelas especialmente con  las más marginadas para que sigan con su proceso de enseñanza. No se trata de abrir escuelas. Se trata  de hacerlas mejores para que garanticen la seguridad de los niños. Se han agrandado aulas. Se han levantado estaciones de higiene. Se han donado mascarillas, termómetros y elemento sanitarios.

En Venezuela se hace necesario invertir en educación. Invertir en futuro. Todo niño tiene el derecho de recibirla. Ya no requerimos de uniformes ni de tantos útiles. Necesitamos de la emoción de los niños de volver a los salones, pero con toda la seguridad requerida. Todos necesitan conectarse con sus compañeros, maestros, ir a los patios de recreo para así romper con la desconexión del proceso educativo real.

Es necesario recibir atención y amor. Se requiere de una educación más humana.  Más individualizada. En valores humanos y también ambientales.  Más lectura. Más resolución de conflictos. Más meditación. Más conocimiento de  fortalezas y debilidades. Más aceptación de las dificultades y de esfuerzo para superarlas. Menos  violencia. Más aula abierta  Más niños y maestros bien alimentados. Más elemento tecnológico. Más control médico. Más felicidad.

Nadie con hambre aprende. Nadie triste aprende. Nadie sin motivación aprende Nadie en soledad se siente amado. El sistema  educativo  venezolano está en su peor momento y es responsabilidad compartida luchar para mejorarlo. Con esta muerte, muere la esperanza, pero también el futuro

rosaltillo@yahoo.com

07/03/2021