12 de octubre: ya sabemos la historia, pero… ¿qué pasó después?

Tierra a la vista!», gritaba el marinero Juan Bermejo desde la mesana de la Santa María. Era el amanecer del 12 de octubre de 1492. La expedición colombina divisaba unos hermosos palmerales entre los arrecifes coralinos de la isla de Guanahaní. El 12 de octubre del año 1492 Cristóbal Colón arribó a tierra de un nuevo continente que fue denominado “América”; pero él creyó que esa tierra era parte de Asia. Consumada su intrépida aventura náutica, tal creencia fue un póstumo error que su apresurada muerte le impidió corregir. Pero… gracias a ese error de cálculo, Venezuela fue descubierta en el 3er viaje de Cristóbal Colón, el 2 de agosto de 1498, cuando llegó a la desembocadura del río Orinoco.

VI Siglos de historia y un sincretismo muy especial

528 años han pasado de aquel descubrimiento, y  con el correr del tiempo se fue formando lo que sería la estirpe de los venezolanos. Se mezcló la sangre de indígenas, españoles y africanos. A veces con amor, otras con violencia, pero nacieron los hijos, y los hijo de los hijos y se fue poblando nuestra “tierra de gracia”. Cada raza dejó su huella en un sincretismo cultural que hoy por hoy nos hace ser como somos. “De esa especie de “batido cultural” como dice la escritora Mercedes Franco- venimos nosotros, con tantos rostros distintos, con tantas voces diferentes. Pero todos llenos de esa fuerza creadora que está en nuestros pueblos y que nos hace únicos y chéveres…”

Esta Venezuela hermosa, de mares infinitos, de montañas grandiosas, de esteros y sabanas, de médanos y ríos caudalosos. Esta patria nuestra que tantas maravillas nos ofrecía, no solamente desde la mirada que se pierde en su extensa y exuberante geografía, sino por esa forma de ser de los venezolanos: abiertos, cariñosos, amistosos, solidarios, hospitalarios, dicharacheros, que siempre nos caracterizó. De esa convivencia sana entre todos, donde decir “epa negrito” jamás fue peyorativo. Y todos los “musiús” eran bienvenidos.

Una Venezuela de tradiciones, leyendas, bailes, celebraciones a lo grande: Navidad, Carnaval, Semana Santa. Una Venezuela de caminos infinitos, sembrados de flores, de deliciosas comidas típicas, de juegos de niños en los portales de sus casas: trompo metras, papagayos que se elevaban al cielo azul y luminoso.

Esta Venezuela andina, llanera, central, costera, con sus “niños  venezolanos, tesoritos  de colores: negritos, blanquitos, morenos rubios y hasta pelirrojos, con expresiones tiernas y palabras dulces. Niños  cariñosos, confiados e ingenuos que nacieron en esta nación grande donde las nubes tienen forma de juguetes, los ríos cantan canciones de cuna  y la luz, espanta la oscuridad”.

Así somos los venezolanos: El reto de mantener nuestra idiosincrasia

La entrañable Mercedes Franco, defensora a ultranza de nuestras costumbres y tradiciones, escribió en el 2007 un libro que ahora nos llena de nostalgia. Sí.  Porque 13 años después, de esa Venezuela, mágicamente dibujada por la escritora, en “Así somos los venezolanos”, queda muy poco y para terror de los que amamos este país,  la destrucción de las ciudades, pueblos, aldeas, es notoria y agobiante. La vida de los venezolanos se ha trastocado en todos los sentidos, porque hasta nuestra forma de ser ha cambiado y ya casi ni nos reconocemos. Tristemente ha surgido un venezolano, feo, que miente, esquilma a sus compatriotas, bachaquea con comida y alimentos. La corrupción ha hecho mella en las instituciones. No hay gasolina, ni gas, el agua escasea en muchas regiones. Hemos vuelto a cocinar con leña y si nos llegamos a enfermar hay que curarse con ramas,  o mejor llamar al espíritu del Gran Yaguarín- como lo retrata Mercedes- curandero, sanador y conocedor de todas las hierbas silvestres para que aplique sus remedios en nosotros.

No obstante, “nuestro batido cultural”, nuestra forma de sentir y de pensar, con esas costumbres y tradiciones maravillosas que solíamos tener, debemos preservarla. Hay que aprovechar esta pandemia y el “quedarse en casa”, para inculcarle en nuestros hijos ese amor por lo que representa ser venezolanos. Porque como escribe Mercedes Franco en su libro”: Nada mejor que cantar una gaita en honor a La Chinita, disfrutar los Carnavales de El Callao, conocer de cerca a los Diablos Danzantes de Yare, buscar al Niño Jesús que se perdió en Los Andes  o mover el cuerpo al son incesante de los tambores de San Juan Guaricongo…” Que ellos, las nuevas generaciones, sepan que ser venezolanos en un orgullo y que nuestra patria generosa, pluricultural y de gente buena en su mayoría, tendrá un renacimiento, y al igual que las semillas que bien plantadas brotan con la llegada de las lluvias, así surgirán de nuestro territorio el legado que nos dejaron nuestros ancestros: indios, negros y españoles.

¡Bienvenido a América!, señor Cristóbal Colón. Gracias a su  llegada a este continente y a lo que pasó después, “Así somos y seguiremos siendo, los venezolanos, “únicos y chéveres” .

 Redacción CC- 12 Oct 2020