La mañana del 18 de octubre de 1945 comenzó una insurrección cívico-militar liderada por Rómulo Betancourt y Marcos Pérez Jiménez que llevaría a deponer al poder al general Isaías Medina Angarita.

Los miembros del partido político Acción Democrática (AD) lo bautizaron como «Revolución», pero fue en realidad un golpe de Estado cívico-militar, liderado por Rómulo Betancourt y Marcos Pérez Jiménez. Aunque no se pueda afirmar que el 18 de octubre haya sido un proceso revolucionario, es seguro que se produjo la finalización de una etapa de la historia política de Venezuela iniciada el 22 de octubre 1899 con la llegada de los Andinos al poder, y el comienzo de otra, en la que estarán presentes nuevos actores y que es considerada como la entrada de Venezuela en le siglo XX.

Venezuela tenía cuatro millones de habitantes, un joven partido impaciente por acceder al poder, una generación de oficiales empobrecida y ansiosa de sacudirse las vieja jerarquía gomecista y dos grandes generales, herederos del viejo régimen, que en su receloso juego por el poder no pudieron impedir el estallido del golpe que abrió las compuertas a la revolución cívico militar del 18 de octubre de 1945, hace hoy 80 años. 

Mes y medio antes predominaba el consenso alrededor del único venezolano que, se estimaba, podía prolongar el equilibrio en medio de semejantes tensiones: Diógenes Escalante, de dilatada carrera diplomática, decano de los embajadores ante el gobierno de los Estados Unidos. Su presidencia, que decidiría un congreso dominado casi íntegramente por el PDV del presidente Isaías Medina Angarita, aplacaría la premura de AD, daría garantías al plan evolutivo del mandatario, neutralizaría a López Contreras y así habría tiempo para enderezar los entuertos domésticos de los militares.

Nota de prensa 18-10-2025