Retrato de Eleazar López Contreras. Revista Élite, 25/04/1936 - Colección biblioteca de Carlos Arveláiz.

Por Ricardo R. Contreras

El 17 de diciembre de 1935, a las 11:45 de la mañana, el Dr. Nicolás Cárdenas Faría, médico personal del Gral. Juan Vicente Gómez, certificó la muerte de quien desde 1908 había ejercido directa o indirectamente el poder presidencial en Venezuela. Con él muere no solo el último caudillo venezolano: también fenece una etapa histórica marcada por el intento de recuperación y transformación de un país que se miraba a sí mismo, pero que no conseguía descifrarse como nación moderna. Dos días antes, frente a la gravedad del Benemérito y la inminente ausencia absoluta, el Consejo de Ministros ya había sesionado conforme a lo dispuesto en el artículo 97 de la Constitución del 7 de julio de 1931, que establecía que la presidencia de la República “la ejercerá en igual condición de interinidad el Ministro que nombrase el Gabinete por mayoría de votos”. En ese momento la votación fue clara: el sucesor no podía ser otro que el Ministro de Guerra y Marina, el Gral. Eleazar López Contreras, quien fue designado presidente interino. El 30 de diciembre el Congreso lo ratificó en el cargo hasta el 19 de abril de 1936, fecha prevista para las elecciones presidenciales.

López Contreras, oriundo de Queniquea, Edo. Táchira, llegó en 1899 a Caracas con apenas 17 años, su título de Bachiller en Filosofía y Letras y las heridas de la Batalla de Tocuyito, integrando la Revolución Restauradora. En 1900 fue ascendido a teniente coronel por su valor en campaña y se desempeñó como edecán de Cipriano Castro, a quien había acompañado desde el inicio como uno de los “sesenta” pioneros del movimiento.

El ciclo vital del Gral. López Contreras y el impacto de su obra como militar, intelectual y político han sido bien estudiados por biógrafos e historiadores. Pero en este momento es al López Contreras constructor del moderno Estado venezolano a quien queremos examinar, con motivo de cumplirse noventa años de aquel ambicioso proyecto que se llamó “el Programa de Febrero”.

Antes de entrar en el Programa de Febrero es necesario recordar que las últimas semanas de diciembre de 1935 y las primeras de enero de 1936 fueron muy complejas. El paradigma gomecista se resistía naturalmente a cualquier cambio. Sin embargo, las miradas seguían puestas en aquel militar que, por su condición de andino, su prestigio, su honestidad personal e intelectual y su ascendencia sobre amplios sectores de la sociedad venezolana, podía enfrentar la difícil transición del gomecismo hacia una nueva normalidad. Ya la respuesta no era un gomecismo sin Gómez; era un sistema diferente que se avizoraba a partir de las palabras que el propio López Contreras había pronunciado al dirigirse al país el 18 de diciembre de 1935, a través de la prensa escrita y, por primera vez, por la radio: se conservaría indeclinablemente la paz y la legalidad, se atenderían las dificultades económicas, y se reconocía que el país tenía “un anhelo vivificante de consolidación nacional”.

Pero el país estaba lejos de la calma. Quería cambios. El lema “orden, paz y trabajo”, acuñado por el gomecismo, se había agotado; se producían saqueos y conatos de revueltas. Un decreto de suspensión de garantías constitucionales, del 5 de enero de 1936, es testimonio de ese estado de conmoción. Caracas se veía sobrepasada por un clima de agitación política.

Como consecuencia, el 14 de febrero de 1936 ocurrió en la capital un hecho insólito: una protesta general de diversos sectores sociales, incluidos los universitarios. El grupo era encabezado por el rector de la Universidad Central, el Dr. Francisco Antonio Rísquez, junto a estudiantes, algunos miembros de la llamada generación del veintiocho, entre ellos Jóvito Villalba y figuras emergentes como Rafael Caldera. Entre 30 y 50 mil personas marcharon en una ciudad que apenas rondaba los 200.000 habitantes. La manifestación llegó a Miraflores, y el Gral. López Contreras recibió a sus líderes con el mayor de los respetos, porque era la hora de la “calma y la cordura”.

Finalmente, estos y otros acontecimientos ocurridos en el interior del país llevaron a López Contreras a crear el llamado “Programa de Febrero”, del cual se cumplen cien años.

El Programa de Febrero fue aprobado el 21 de febrero de 1936 y comenzó por restituir todas las garantías constitucionales y dictar una serie de prioridades que el gobierno debía atender para reconstruir la unidad nacional, pues el Gral. López afirmó: “Unidos en un solo empeño, podemos hacer de Venezuela una patria grande y fuerte”. Los lineamientos del plan fueron los siguientes: 1) Régimen de legalidad: respeto a la ley con el objetivo común de libertad; 2) Higiene pública y asistencia social: creación de instituciones para la salud pública, el abastecimiento de agua y el combate del paludismo, entre otras enfermedades endémicas; 3) Vías de comunicación: integración de los centros de producción y de consumo, así como desarrollo de muelles y puertos; 4) Educación nacional: lucha contra el analfabetismo y modernización de la enseñanza en todos sus niveles; 5) Agricultura y cría: organización del Ministerio de Agricultura y Cría y programas de conservación de los recursos naturales; 6) Política fiscal y comercial: incentivos al sector privado, reforma tributaria y control del gasto público; 7) Inmigración y colonización: política coherente de poblamiento de vastas regiones del territorio; 8) Puntos complementarios: modernización de las Fuerzas Armadas y desarrollo industrial y comercial.

El Programa de Febrero sentó las bases de un Estado moderno y dio origen a muchas instituciones fundamentales para el país, entre las que se pueden mencionar: el Banco Central de Venezuela, la Contraloría General de la República, el Consejo Supremo Electoral, el Ministerio de Sanidad, el Instituto Pedagógico de Caracas y la Guardia Nacional, además se dictó un conjunto de leyes y códigos que consolidaron la arquitectura institucional de la nación.

Celebrar los noventa años del “Programa de Febrero”, desarrollado por el Gral. Eleazar López Contreras y ese notable grupo de ministros que conformaron su Gabinete Ministerial, es una obligación, pues se trata de reconocer el instante en que Venezuela dejó atrás los personalismos y optó por estructurar el poder en torno a las instituciones del Estado como principio de progreso.

Fotografía: Retrato de Eleazar López Contreras. Revista Élite, 25/04/1936 – Colección biblioteca de Carlos Arveláiz.

Lecturas recomendadas:

Gómez, C.A. (2007). El poder andino. Editorial CEC

Molero, R. (1992). De la dictadura a la democracia. Eleazar López Contreras. Editorial Pomaire Venezuela.

Morón, G. (2003). Los presidentes de Venezuela. Editorial Planeta Venezolana.

Polanco Alcántara, T. (1995). Eleazar López Contreras. Ediciones Ge.

Polanco Alcántara, T. (1998). Venezuela y sus personajes. Ediciones Ge.

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