Segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años… Todos estos conceptos nos permiten, a los humanos,  organizar y definir nuestras sociedades y rutinas. El tiempo en su conjunto está constituido por: el pasado, el presente y el futuro; todos ellos constituyen los momentos en que transcurre la vida. Son los convencionalismos humanos necesarios para la existencia en la tierra y así, entre otras razones,  poder celebrar fechas importantes: nuestros cumpleaños, el nacimiento de nuestros hijos, la Navidad y el paso de un año a otro. Así que fieles a la tradición   hoy llegamos al 2021, y nos deseamos muchas felicidades y ventura. Pero la llegada de este año, está signada por una gran incertidumbre. Todo el planeta está sufriendo por el avance de una pandemia que ha dejado desolación y muerte y que no sabe de horarios ni fechas en el calendario, así que seguirá cumpliendo su misión de contagiar. Los grandes festejos han sido clausurados, las calles de las grandes y bulliciosas ciudades están vacías, la gente camina con temor y los rostros tapados por mascarillas, sin muchas ganas de fiesta porque ya a estas alturas, el coronavirus, se ha ido llevando a muchos familiares, vecinos, amigos, en una palabra: el planeta están de luto.

Este virus microscópico, pero sumamente agresivo ha tenido la fuerza de enseñarles a los humanos que no somos invulnerables, que a la hora de enfermarnos ni siquiera las posesiones, las joyas, los altos cargos de gobierno, el egoísmo, y la soberbia, pueden contra él. Nos ha enseñado, a los que hemos querido aprender la lección, que solamente la unión, la solidaridad, el trabajo conjunto de los científicos de las naciones en busca de vacunas, la entrega del personal de salud, en cumplimiento de su misión, el acatamiento de las medidas de protección,  han podido arrebatarle al coronavirus un poco de su letal influencia. Cada vez que un enfermo de COVID-19 se recupera, es una pequeña batalla que se gana, pero la guerra todavía continua y no podemos bajar las armas que cada ciudadano consciente debe utilizar para evitar contagiarse y contagiar. Aprendimos también que el mayor tesoro que podemos poseer es la salud. El coronavirus llegó sin ser invitado en el 2020, y continuará entre nosotros no sabemos hasta cuándo.

Vivir el presente con mucha fe.

Vivir el presente, estar en el aquí y en el ahora, es una buena manera de enfrentar el día a día. Las personas debemos darnos cuenta de que el momento actual es el único tiempo real que poseemos y vivimos y que, además, constituye el centro de nuestras acciones diarias. El pasado ya es historia y el futuro es incierto. Eso no quiere decir que no hagamos planes, que no nos llenemos de ilusiones, muy por el contrario, trazarse metas es tener un aliciente que nos impulsa a seguir, en el aquí y el ahora, para que más tarde o más temprano logremos alcanzarlas.

Los venezolanos hemos transcurrido una época difícil, repleta de injusticias, de falta de políticas adecuadas para solventar la crisis económica y social. Los que hemos presenciado cómo nuestra tierra bonita y promisoria se ha convertido en un lugar inhóspito, donde los que tienen mucho poder lo demuestran sin reparos ante una mayoría de la población que carece de todo lo necesario para la subsistencia y  consecuentemente, el abismo entre los que tienen mucho y los que nada tienen se hace más profundo. Los venezolanos que hemos tenido que adaptarnos a la falta total y absoluta de servicios públicos, siempre con la esperanza de que lleguen mejores tiempos, y que todos nuestros problemas se resolverán. De allí que hoy, 1 de enero de 2021, elevaremos a Dios Nuestro Señor, una sentida oración con el propósito de ver a nuestra tierra  envuelta en paz, democracia y prosperidad.

El mensaje del equipo de La Ciudad en la Radio y Comunicación Continua, es que cada uno de ustedes mantenga viva la luz de la fe porque es confiable, se basa en la Palabra de Dios. “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” y nos dará fuerza y valor en momentos de desánimo. Nos alentará a seguir adelante, venciendo obstáculos y esperando que las tinieblas se disipen y el sol de un nuevo tiempo brille para todos los que nacimos o residimos en esta patria de colores, de canciones, de altas montañas y picos nevados, de ríos caudalosos, de riquezas naturales, de bosques, llanuras y un mar caribe de azules y verdes, inmenso  que nos une al mundo. Nuestra tierra de gracia que no la debemos perder.

El 2021, debe ser el año de la solidaridad, del coraje y  el  de cuidarnos unos a otros.

¡Arriba Corazones!

Redacción. A.E. L.L.C.C