Hoy, al conmemorar los 215 años de un hito fundacional en nuestra historia, la ciudad de Mérida se viste de gala para recordar el valor y la visión de aquellos que, en 1810, decidieron labrar con decisión el camino de la libertad. No fue un acto aislado, sino la respuesta consciente de un pueblo que, inspirado por el espíritu revolucionario de una época, optó por ser arquitecto de su propio destino.

El 16 de septiembre de aquel año crucial, la provincia de Mérida consumó un acto de doble soberanía: se desligó formalmente de la tutela de Maracaibo y, a la vez, rechazó la autoridad del gobierno de Cádiz instaurado tras la abdicación de Fernando VII. Este movimiento no fue un impulso repentino, sino el fruto de la deliberación ciudadana en un Cabildo Abierto, donde, con el crucial apoyo del Teniente de Justicia Mayor Antonio Ignacio Rodríguez Picón y tras conocer las comunicaciones de las Juntas Supremas de Caracas, Santafé y Barinas —traídas por el emisario Luis María Rivas Dávila—, se tomó la decisión unánime de unirse a la causa común de la independencia.

La constitución de la Junta Superior Gubernativa marcó el nacimiento de un gobierno propio, que con la firmeza que caracteriza a los merideños, declaró el cese de toda autoridad colonial y centralizó el poder en la nueva institución. Pero la grandeza de aquella Junta no solo residió en su acto de independencia, sino en su inmediata vocación por el progreso. Tan solo cinco días después, en una decisión visionaria que cambiaría para siempre el porvenir de la región, transformó el antiguo Seminario en la Real Universidad de San Buenaventura, ampliando sus poderes académicos y cimentando el futuro intelectual de la nación. Este hecho consagra a Mérida, desde sus mismos inicios como entidad soberana, como la ciudad universitaria de Venezuela.

El proceso iniciado aquel septiembre no se detuvo. Condujo, con paso firme, a la designación de diputados que llevarían la voz de Mérida al Congreso Constituyente de 1811, contribuyendo así a la Declaración definitiva de la Independencia de Venezuela el 5 de julio. Un año después, el 16 de septiembre de 1811, Mérida ratificó solemnemente su emancipación, sellando para siempre su lugar en la epopeya libertadora.

Hoy, a 215 años de aquella gesta, no solo recordamos una fecha en el calendario. Conmemoramos el coraje cívico de un pueblo que supo poner la piedra angular de su libertad y su desarrollo. Honrar esta memoria es reafirmar nuestro compromiso con los valores de autonomía, educación y unidad que definieron a aquellos próceres. Que su legado nos inspire a construir, desde el presente, un futuro a la altura de su audacia y de su profundo amor por esta tierra de caballeros.

Redacción CC

16-09-2023