Cuando fundé el programa «La Ciudad en la Radio» en aquel septiembre de 2001, mi sueño era sencillo pero profundo, construir un espacio donde los merideños pudieran reconocerse, debatir y encontrar respuestas. Jamás imaginé que, veinticinco años después, seguiríamos al aire, pero tampoco podía prever las tormentas que habríamos de atravesar juntos.
Salimos al aire el 10 de septiembre por la emisora 107.7 ULAFM y, al día siguiente, el mundo se estremeció con los atentados contra las Torres Gemelas. Esa mañana del 11, con el programa recién nacido, tomamos una decisión que marcaría nuestro sello, no callar, no abandonar a nuestra audiencia. Estuvimos nueve horas ininterrumpidas transmitiendo información y contención. Fue nuestro bautizo de fuego y, desde entonces, supe que este programa no sería un más del montón.
A lo largo de estos años, hemos sido testigos y cronistas de la historia venezolana. Hemos cubierto el paro petrolero, emergencias nacionales, desastres naturales y la beatificación de José Gregorio Hernández, entre otros momentos transcendentales de Mérida y el mundo. Pero entre todos esos momentos, hay uno que lleva una cicatriz imborrable, la tarde del 24 de julio, cuando un devastador terremoto sacudió a nuestro país y dejó una estela de dolor y pérdidas, nuestro espacio informativo se convirtió en un centro de angustia y solidaridad, muchos de los que nos llamaban habían perdido a seres queridos; otros estaban atrapados entre los escombros. Nuestro equipo, con el nudo en la garganta, se mantuvo firme para recibir esos testimonios desgarradores. No éramos solo periodistas; éramos el abrazo colectivo de una nación herida.
Pero no solo los fenómenos naturales han puesto a prueba nuestra resistencia. La profunda crisis política, económica y social que atraviesa Venezuela ha golpeado con dureza nuestras transmisiones. Hemos visto cómo la hiperinflación encarecía cada pieza del equipo; cómo los cortes eléctricos y las fallas de internet amenazaban con apagar nuestra señal; cómo la migración de nuestros compatriotas desangraba la audiencia y al propio equipo. Muchos de los técnicos y productores que se formaron con nosotros hoy están dispersos por el mundo, y aun así, seguimos en el aire porque entendemos que, en medio del desabastecimiento y la desesperanza, una voz que informe con verdad es más necesaria que nunca.
Sin embargo, las dificultades técnicas han sido solo la punta del iceberg. Durante más de una década, he padecido en carne propia la persecución política que el régimen ha desatado contra el periodismo independiente. He recibido amenazas veladas, hostigamiento burocrático y presiones para silenciar nuestras denuncias. Me han llamado a declarar, han intentado cerrarnos administrativamente y han difamado mi nombre para desacreditar nuestra labor. Pero les digo con firmeza, mientras tenga voz, mientras haya un micrófono encendido en esta emisora, no me doblegarán.
Uno de los frentes más complejos que hemos tenido que navegar es el de la censura y la discusión geopolítica. En nuestro país, el tema de la tutela de Estados Unidos ha generado una polarización feroz. Dentro de nuestro propio programa, han surgido debates intensos y encontrados sobre la injerencia extranjera, las sanciones y el papel de Washington en los asuntos internos venezolanos. Hemos sido censurados por sectores oficialistas que nos tildan de «intervencionistas», y al mismo tiempo, criticados por otros que nos reclaman un alineamiento absoluto con posturas internacionales. Ante eso, mi respuesta siempre ha sido la misma, en «La Ciudad en la Radio», nuestra única brújula es el interés del venezolano, el derecho a la autodeterminación y la defensa de los Derechos Humanos. Por eso hemos permitido que todas las voces se expresen, aunque ello nos haya costado anunciantes, audiencia y hasta la tranquilidad personal.
A pesar de los bloqueos económicos y la fuga de patrocinantes, algunos amigos y empresarios han creído en nosotros y nos han respaldado. Gracias a ellos, y al esfuerzo titánico de un equipo que trabaja con recursos mínimos y pasión máxima, hemos logrado dar el salto digital con Comunicación Continua y mantener nuestra emisora web, para que los merideños que están fuera del país también puedan seguir escuchándonos.
Veinticinco años después, «La Ciudad en la Radio» no es la misma de 2001. Hemos envejecido con la patria, hemos sufrido sus mismas heridas y hemos aprendido a resistir en sus mismas trincheras. Pero nuestra esencia permanece intacta, somos un servicio público, un espacio de encuentro ciudadano y una trinchera de libertad.
Hoy, más que nunca, reafirmo mi compromiso con la información veraz, con la pluralidad de ideas, con la defensa irrestricta de la democracia y con la denuncia de las injusticias. No sé cuántos años más nos quedará de batería, pero les prometo que cada segundo al aire será un segundo al servicio de Venezuela.
Dios les pague a mis oyentes, a mi equipo, a los estudiantes que han pasado por aquí y a todos aquellos que, con su confianza, nos demuestran a diario que la radio aún puede salvar vidas, calmar almas y despertar conciencias.
Mérida, Venezuela, sigue en pie. Y nosotros, con ella.
José Leonardo León Avendaño
Fundador y Productor General del programa «La Ciudad en la Radio»
Mérida, 10 de septiembre de 2026



