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domingo, mayo 31, 2026

Los advientos electorales – Fe y esperanza

Por: Bernardo Moncada Cárdenas…

En Venezuela, como en todo país de los llamados occidentales, diciembre es sinónimo de Navidad, comenzando con el Adviento. Adviento es uno de los que la Iglesia católica denomina tiempos litúrgicos y, de estos, es precisamente el que abre el nuevo año de la vida eclesiástica. El año se prepara con estos cuatro domingos de espera; es lo que Adviento significa, aunque la mayoría de quienes en Venezuela se confiesan católicos parece ignorarlo y, ávidos de una nueva ocasión para jolgorio, sentimentalismo y despreocupación, adelantan la fiesta navideña saltándoselo olímpicamente.

Es natural que la Iglesia dedique casi el mes completo a conmemorar la espera. La vida humana es espera desde antes de su inicio sobre la tierra: los padres esperan al ser que llegará tras nueve meses, y éste espera en su residencia maternal; largo parece el tiempo que debe esperar para atravesar las sucesivas etapas que llevan a la independencia adulta; espera caminar, espera la educación, espera a sus padres y luego a sus hijos, espera su trabajo, su pareja y su futura familia, como espera estabilizarse, prosperar y descansar en su momento gracias a su participación en el trabajo. Si el Adviento es “espera”, entonces la vida bien pudiera llamarse Adviento. En Venezuela del siglo XXI, sin embargo, diciembre ha llegado a significar otra cosa también, puesto que el calendario político ya tradicional tiene como mes electoral a este último del año. Pocos procesos de votación venezolanos tienen lugar en otro mes y, siendo la legitimación por medio de elecciones totalmente controladas por el régimen táctica privilegiada del proyecto político populista-socialista inventado por Chávez, las votaciones se han hecho más y más frecuentes. Diciembre venezolano se ha hecho tanto mes navideño como mes electoral. Y tales diciembres ven parecerse las moradas vestimentas del Adviento al morado que tiñe el dedo como señal de haber ejercido el voto.

Curiosamente el dramático carácter de nuestros recientes procesos electorales los ha hecho singularmente coincidentes con el sentido del Adviento. El pueblo venezolano, partiendo de la menguada clase media y extendiéndose hacia barriadas y áreas rurales, enfrenta cada uno de estos comicios como tiempo de espera y esperanza. Lo hace con terca resistencia, pues el costoso y complicado aparato con que se le ha logrado someter responde a una y otra andanada de esperanza con un muro resbaloso e infranqueable hecho de subterfugios, argucias y tretas, para frustrarla. Este año de 2015 volvemos a esperar con esperanza, y es hora de que ya no nos saltemos el Adviento. Éste contiene la promesa de la salvación, de un futuro mejor, de la restitución del pueblo venezolano a su originario ser, transformando la masa sumisa que masculla inerte su descontento en infernales colas, con las que el régimen nos chantajea y aspira controlarnos para siempre.

Antes que adelantar la navideña rumba, asumamos la firme esperanza de esta espera, sobria, activa y racionalmente, vivamos seriamente la espera para que no nos arrebaten una vez más la promesa contenida en el Adviento electoral.

 

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