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miércoles, septiembre 23, 2026

La inflación y la destrucción del crédito en Venezuela

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

El aumento descontrolado de los precios tiene implicaciones nocivas para la economía. Si los precios aumentan continuamente, resultará difícil para una familia saber cuánto dinero requiere para adquirir los bienes que demanda o conocer si el valor de su dinero es el mismo para comprar lo que acostumbra; las empresas no podrán hacer una estrategia de negocios al desconocer el monto en el que se incrementarán sus insumos, además se verán forzadas a realizar frecuentes cambios de precios, lo que les generará costos; en las negociaciones salariales, los trabajadores tendrían que prácticamente adivinar cuánto subirán los precios el año entrante para hacer sus peticiones y lo más probable es que decidan cubrirse contra la inflación esperada exigiendo aumentos cada vez mayores, empujando la espiral inflacionaria; los inversionistas no lograrán determinar razonablemente los niveles de tasas de interés ni los rendimientos de sus inversiones, por lo que podrían postergarlas o cancelarlas.

Ante la presencia de controles de precios, como el caso venezolano, aparece el fenómeno de la escasez, luego se presentan las colas para comprar y, para evitar que el último de la cola se quede sin el bien o servicio, la autoridad en su intento de ser justa y proteger a los más necesitados establece el racionamiento para supuestamente evitar el caos y la violencia en la distribución. En Venezuela esta fórmula se ha cumplido al pie de la letra, sin que el gobierno comprenda que por más controles que imponga las consecuencias no las podrá evitar.

Existe una receta financiera que versa que en la presencia de inflación los créditos bancarios actúan como una palanca para protegerse del incremento de precios; es decir, es más viable financieramente financiarse con dinero externo que con dinero propio, derivado de los costos de oportunidad presentes. Este axioma es correcto siempre y cuando la protección del ahorro se pueda colocar a tasas superiores a la expectativa inflacionaria y en Venezuela solamente existe en este momento el mercado especulativo de divisas como opción. El incremento de la liquidez monetaria presiona los precios destruyendo la calidad de vida de los ciudadanos, producto de que la misma no corresponde a una elevación en paralelo de la producción nacional.

No es un secreto que muchos privados utilizan como estrategia de cobertura el endeudamiento bancario, sean comerciales o no, con el fin de comprar dólares en el mercado paralelo para importar materia prima, bienes finales o para protegerse ellos mismos de la inflación esperada de tres dígitos.

La explicación de este fenómeno obedece al mantenimiento de tipos de intereses bajos frente a una creciente inflación. La inflación en los últimos tres años (2013, 2014 y 2015) fluctuó entre un 56 % y un 180 %, en correspondencia las tasas de interés activas de los principales bancos estuvieron entre 15 % y un 20 %; esta realidad estimula la demanda de préstamos. El boom crediticio no es una buena noticia ya que el mismo está infectado por el virus de las necesidades inmediatas para asegurar la compra de bienes básicos, frente a la alta depreciación de los salarios, independientemente del mercado en cual se compren.

Resulta paradójico y hasta contradictorio que mientras estamos ante una situación de recesión, el sistema bancario mantenga un ritmo de crecimiento en beneficios y en cartera crediticia; a pesar de la caída del PIB los rendimientos de la banca fueron superiores a los periodos en los cuales la economía creció.

La situación actual desnuda un fenómeno adicional: los instrumentos de financiamiento son insuficientes para apalancar la adquisición de bienes y servicios pues el crecimiento de los límites de crédito está muy por debajo de la tasa de aumento de los precios de los bienes y servicios.

En el pasado estas herramientas financiaron sin problemas; lamentablemente los instrumentos crediticios se han convertido en una exclusividad para una clase privilegiada, que en este desorden se acomodó con la élite gobernante y acumuló patrimonio, en consecuencia dispone de garantías suficientes y saldos compensatorios bancarios para poder comprar cualquier bien de consumo, mueble o inmueble, sin restricciones.

Mientras la clase asalariada trabajadora paga impuestos con sueldos mermados, en paralelo no puede financiar consumo, viajes nacionales o al extranjero, línea blanca o marrón con tarjetas de crédito; mucho menos pensar en financiar la adquisición de vehículos, vivienda o parcelas, todo ello debido a la relación precio/salarios la cual en estos años de revolución ha crecido de forma exponencial, destruyendo la capacidad de acceso al crédito bancario en cualquiera de sus modalidades. Esta brecha entre los precios de los bienes y servicios y los salarios resulta en un factor perjudicial para el desarrollo del país.

Deseo dejar claro que no pongo en duda la salud del sistema bancario, su liquidez y rentabilidad no están cuestionadas, únicamente realizo las observaciones sobre el efecto de la inflación en la capacidad de los venezolanos para financiarnos con créditos bancarios y de esta manera aprovechar las ventajas de costo del apalancamiento externo.

ULA – FACES
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