Un sondeo exploratorio de Laboratorio de Paz a 39 periodistas, defensores de derechos humanos, activistas e investigadores venezolanos revela que el exilio no ha significado el fin de su compromiso con Venezuela. Sin embargo, 84,7% ha experimentado episodios de ansiedad, depresión o crisis emocional desde que emigró.
Salir de Venezuela no siempre significa dejar atrás el trabajo que llevó a una persona al exilio. Para periodistas, defensores de derechos humanos, activistas e investigadores venezolanos, abandonar el país ha supuesto encontrar nuevas formas de informar, denunciar, investigar y acompañar a quienes permanecen dentro de sus fronteras.
94,9% de los participantes de un sondeo exploratorio realizado por Laboratorio de Paz continúa desarrollando actividades relacionadas con el trabajo que hacía antes de salir de Venezuela. Son 37 de las 39 personas consultadas, una muestra que evidencia la persistencia de ese compromiso, aunque no representa a toda la población venezolana en el extranjero.
«No me fui porque dejé de creer en Venezuela. Me fui porque quería seguir viviendo para poder seguir haciendo algo por ella», recoge el informe Seguir. Pertenecer. Reconstruirse. Sostenerse. Reencontrarse, que analiza cómo el exilio activista transforma la vida profesional, los vínculos personales y las posibilidades de contribuir a la democratización del país.
La investigación, elaborada a partir de las respuestas de periodistas, defensores de derechos humanos, activistas e investigadores, complementa el sondeo con una entrevista a la psicóloga colombiana Lina Rondón, especializada en el acompañamiento psicosocial a personas defensoras, y una revisión de literatura sobre exilio, desplazamiento forzado y defensa de derechos humanos.
El estudio plantea que la persecución consiguió expulsar a muchas personas del territorio venezolano, pero no necesariamente de la vida pública del país. La continuidad de su labor, sin embargo, no significa que hayan podido mantener las mismas condiciones profesionales ni económicas.
Trabajar por Venezuela ya no siempre alcanza para vivir
El compromiso con el país convive con la necesidad de reconstruir una vida en el extranjero. Las respuestas recogidas por Laboratorio de Paz describen trayectorias marcadas por la precariedad, la búsqueda constante de financiamiento, la combinación de varios empleos y el esfuerzo por establecer nuevas redes profesionales.
Para una parte de los consultados, trabajar por Venezuela dejó de ser la principal fuente de ingresos. Algunos tuvieron que aceptar otros empleos, aprender nuevos oficios o reconstruir por completo su trayectoria laboral, sin abandonar las actividades que daban sentido a su vida profesional.
«Hoy mi empleo es otro, pero sigo dedicando una parte importante de mi tiempo al país», señala uno de los testimonios incluidos en el documento.
La dimensión económica también cuestiona la idea de que emigrar garantiza automáticamente mejores condiciones de vida. 41% de los participantes considera que su situación económica es mejor que cuando vivía en Venezuela, mientras que otro 41% afirma que ha empeorado.
Los resultados muestran que el exilio no produce una experiencia económica uniforme. Aunque algunas personas han logrado mejorar sus condiciones materiales, otras enfrentan dificultades para sostenerse en el país de acogida mientras mantienen su trabajo sobre Venezuela.
El costo emocional de empezar de nuevo
La continuidad de la labor profesional contrasta con las dificultades personales que implica reconstruir una vida lejos del país de origen. 84,7% de los participantes afirmó haber experimentado frecuente u ocasionalmente episodios significativos de ansiedad, depresión o crisis emocional desde que salió de Venezuela.
El informe aclara que este porcentaje no constituye un diagnóstico clínico ni debe interpretarse como una consecuencia inevitable del exilio. Se trata de experiencias reportadas por los participantes, relacionadas con un proceso que puede incluir pérdidas familiares, proyectos interrumpidos, cambios laborales y la necesidad de adaptarse a un entorno desconocido.
«Uno no empieza de cero. Empieza con todo lo que tuvo que dejar atrás», expresa otro de los testimonios.
A las dificultades emocionales se suma la reconstrucción de los vínculos cotidianos. Solo 30,8% de los encuestados afirma haber construido redes sólidas de amistad o apoyo en su país de acogida. En contraste, 43,6% reconoce que cuenta con muy pocas redes o no tiene ninguna.
La investigación destaca que esas relaciones son fundamentales no solo para resolver necesidades prácticas, como encontrar empleo o alojamiento, sino también para reducir el aislamiento y recuperar la sensación de pertenencia.
Aun así, los vínculos con Venezuela no desaparecen necesariamente. 64,1% de los participantes afirma haber recibido mucho o algún apoyo de antiguos colegas, organizaciones o redes venezolanas. Esas conexiones permiten mantener relaciones profesionales y personales con quienes permanecen en el país, incluso mientras se construyen nuevas comunidades en el extranjero.
El sondeo también encontró que 87,2% de los participantes dicen no haber experimentado discriminación o xenofobia. El resultado no niega la existencia de estas situaciones, pero indica que, en este grupo, las dificultades para reconstruir la vida, los vínculos y los proyectos profesionales aparecen entre los principales desafíos.
El regreso depende de las condiciones del país
La posibilidad de volver a Venezuela continúa condicionada por las circunstancias políticas. Para 41% de los consultados, la condición más importante para regresar es un cambio político democrático.
Las garantías de seguridad personal y las condiciones para ejercer libremente su labor aparecen, respectivamente, con 17,9% y 15,4%. Otro 7,7% identifica la estabilidad económica como el principal requisito para volver, mientras que 17,9% afirma que no tiene previsto regresar.
Los resultados apuntan a que el retorno no depende únicamente de la voluntad individual. Para quienes salieron por razones vinculadas con la persecución, volver también supone contar con garantías para ejercer el periodismo, defender derechos humanos, investigar y participar en la vida pública sin temor a represalias.
El informe advierte que un eventual proceso de transición política no supone automáticamente la existencia de condiciones para el retorno. La recuperación de libertades públicas, instituciones capaces de proteger derechos y garantías de seguridad son parte de los elementos que permitirían reconstruir la confianza.
Incluso entre quienes no prevén regresar, Venezuela continúa formando parte de su horizonte vital. El estudio documenta que mantienen actividades de investigación, denuncias de violaciones de derechos humanos, acompañamiento a organizaciones y vínculos con personas que permanecen dentro del territorio.
Laboratorio de Paz considera que las capacidades, los conocimientos y las redes profesionales dispersos por el exilio pueden contribuir a la reconstrucción democrática, social y cultural del país, incluso cuando algunas personas no regresen definitivamente.
El documento reconoce que sus hallazgos son exploratorios y que se necesitan investigaciones más amplias y muestras diversas para comprender la complejidad del exilio venezolano. No obstante, plantea una pregunta que trasciende el regreso físico: ¿Cómo reincorporar a quienes están fuera a la reconstrucción del país?
27-10-2026


