Al ser consultado sobre los días continuos de vacaciones que le corresponden a un trabajador, Alan Vargas, estudiante universitario con casi dos años en el mercado laboral, respondió sin dudar que eran siete días. Al indicársele que el artículo 190 de la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT) fija un mínimo de 15 días hábiles, dijo a TalCual que su respuesta se basaba «en su experiencia personal».
Pese a saber que las prestaciones sociales corresponden al ahorro acumulado por el tiempo laborado, Vargas confesó que nunca las ha cobrado en sus empleos de oficina en el área de mercadeo debido a la ausencia de contratos formales.
«Cuando eres estudiante se te hace muy difícil conseguir trabajo en donde tengas contratos. Por ende, se agarran de ahí para decirte que no tienen ninguna responsabilidad contigo para darte prestaciones ni liquidación», añadió.
El desorden conceptual no se limita a las vacaciones. Ismari Parada, quien recién empezó a trabajar hace tres meses, confundió el concepto de liquidación con una sanción: «Pensaba que se trataba de una multa que te cobra la empresa por renunciar». Además, admitió desconocer por completo qué conceptos integran el pago final al terminar una relación de trabajo.
La ley establece que la liquidación contempla prestaciones sociales acumuladas, vacaciones vencidas o fraccionadas, bono vacacional, la parte proporcional de las utilidades y cualquier salario o beneficio pendiente por pagar.
En materia de jornada laboral y remuneraciones, los errores también son recurrentes. Valeria Di Roma, que ya lleva unos cuatro en el mercado laboral, afirmó que la jornada máxima legal diurna es de 35 horas semanales, confundiéndola con el límite estipulado exclusivamente para el horario nocturno, en lugar de las 40 horas diurnas correspondientes, como establece el artículo 173 de la ley.
Asimismo, la estudiante de 20 años estimó que el cálculo mínimo de utilidades requería 45 días de salario, cuando el mínimo legal establecido es de 30 días y el máximo es de 120 días.
Por su parte, Óscar Altuve, quien apenas inició a trabajar en una cadena de comida rápida y recibe un salario neto de $200 sin mayores beneficios, creía que el período de prueba máximo duraba solo un mes, ignorando que el artículo 25 del Reglamento de la Ley Orgánica del Trabajo autoriza hasta 90 días continuos.
¿Cómo está el mercado laboral?
El más reciente informe de Provea refleja que, a lo largo de 2025, el derecho laboral y la seguridad social enfrentaron un deterioro a nivel estructural. La investigación detalla que el Estado ha abandonado su rol regulador, permitiendo que la inflación y la devaluación destruyan el valor del esfuerzo humano.
En este contexto, la combinación de salarios extremadamente bajos, una informalidad masiva y la ausencia de protección social consolidaron un escenario de pobreza laboral generalizada, en el que los trabajadores que perciben un salario mínimo (atascado en Bs 130 desde 2022) no logran cubrir ni siquiera el 1 % del costo de la canasta básica, calculada en $755,36 según Cendas-FVM.
Además, al ser esa misma cifra de Bs 130 la que se utiliza como base para el cálculo de las prestaciones sociales según el salario oficial, estos ahorros acumulados terminan diluyéndose por la inflación y no representan una diferencia real para el bolsillo, lo que explicaría por qué muchos jóvenes prefieren ignorarlas o dar por perdida su exigencia.
De acuerdo con datos de HumVenezuela para 2025, aunque el empleo formal representó 50,2% del mercado, el trabajo por cuenta propia o informal alcanzó 34,1%. A la par, análisis del sector privado como el de PGA Group, citado por el medio Banca y Negocios, estiman que el desempleo formal en el país ronda entre el 25 % y el 30 %, empujando a la población hacia la informalidad y al fenómeno del pluriempleo.
A la precarización se suma la profunda brecha expuesta por la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025: en el sector más pobre solo 40% de la población trabaja, frente al 69% en el estrato más acomodado. En consecuencia, cuatro de cada diez venezolanos en condiciones de vulnerabilidad quedan fuera del mercado productivo.
La Encovi 2025 reportó que el empleo formal —tanto en el sector público (22%) como en empresas privadas (27%)— tuvo un leve repunte a costa del trabajo por cuenta propia, que cayó seis puntos en dos años pero sigue empleando al 42% de la población.
Sin embargo, los ingresos marcan la diferencia: trabajar de manera fija para una empresa privada deja un promedio mensual de $230, un monto significativamente mayor que los $171 que percibe, en promedio, quien trabaja por su cuenta.
05-10-2026


