La noche del 23 de junio de 2025, la tormenta perfecta se desató sobre el páramo merideño. Ocho municipios quedaron heridos de muerte: Pueblo Llano, Cardenal Quintero, Miranda, Libertador, Arzobispo Chacón, Santos Marquina, Campo Elías y Rangel. El balance oficial fue devastador, más de 8 mil familias aisladas, 25 puentes dañados (16 con pérdida total), 370 viviendas afectadas y 107 reducidas a escombros. El entonces presidente Nicolás Maduro ordenó el desalojo de 151 casas en zonas de alto riesgo. El gobernador Arnaldo Sánchez aseguró que habían activado tres refugios y que no había víctimas fatales.
Las promesas gubernamentales se las llevó el mismo río Chama que arrasó con puentes, viviendas y sembradíos. No hubo plan de recuperación, ni maquinaria, ni inversión. Lo que sí hubo fue abandono. Los habitantes del sector San Emilio, en Escagüey, han tenido que tomar la vía para ser escuchados. Bloquearon la carretera Trasandina porque más de 30 familias llevan afectadas tras la destrucción del puente que cruzaba el río. Han agotado todas las instancias, alcaldía, gobernación, ministerios de Infraestructura y Ambiente.
La respuesta ha sido el silencio. “No hay manera, no hay respuesta. Cada vez que medio remiendan un paso, el río crece y se lo lleva”, denunció una vecina. Y el drama no es menor, personas con discapacidad, mujeres en trabajo de parto y pacientes en emergencia deben cruzar una montaña durante 30 minutos para recibir atención médica, cuando antes el puente les tomaba apenas segundos. “En cuatro segundos una persona puede perder la vida”, advirtieron.
Ese es el costo del abandono estatal; vidas humanas puestas en riesgo por la indolencia de un gobierno que promete en cadena nacional y desaparece cuando hay que cumplir.
El Estado venezolano tiene la obligación constitucional de proteger a sus ciudadanos y garantizarles una vida digna. No puede ser que, un año después de una emergencia declarada, las comunidades afectadas sigan mendigando respuestas. No puede ser que los puentes sigan caídos, que las vías sigan colapsadas, que las familias sigan viviendo en refugios improvisados o en casas con riesgo de derrumbe. No puede ser que los funcionarios se limiten a “evaluar daños” mientras la gente se ahoga en el olvido.
La negligencia criminal de un Estado que abandona a su suerte a los merideños, incumpliendo las promesas de 72 horas que se convirtieron en 365 días de silencio.
Es innegable que durante estos doce meses se han ejecutado reparaciones aisladas. Se levantaron algunos postes de luz en el eje paramero, se despejaron varios derrumbes puntuales y se colocaron parches de asfalto en algunos tramos de la Trasandina para maquillar el colapso vial. Incluso, ciertas vías secundarias fueron habilitadas con desvíos improvisados que permiten un tránsito precario. Pero reconocer esos mínimos esfuerzos solo sirve para dimensionar la magnitud del fracaso estatal.
Esas acciones no son soluciones; son vendas sobre una herida gangrenada. Los 16 puentes destruidos, siguen en el suelo, las 107 viviendas con pérdida total no han sido repuestas y el sistema de agua potable en municipios como Campo Elías sigue colapsado. Las ‘reparaciones’ no llegan ni al diez por ciento de lo que se necesita, y mientras el gobierno se ufana de arreglar una acera, cientos de familias merideñas siguen esperando, con la paciencia ya agotada, que el Estado cumpla con la reconstrucción que no es un favor, sino una obligación.
Los afectados de los municipios merideños exigen la reconstrucción inmediata de todos los puentes y vías destruidas; la reparación o reposición de las viviendas afectadas; un plan integral de prevención ante futuras emergencias, y sobretodo que el gobierno rinda cuentas sobre el destino de los recursos que prometió para la emergencia.
Mientras tanto, los merideños seguirán bloqueando carreteras, porque es la única forma de que un Estado sordo los escuche. Pero el silencio oficial no puede durar otro año. El río Chama ya se llevó demasiado, no permitamos que se lleve también la dignidad de los merideños.
Redacción C.C.
22-06-2026



