Por: Lawrence Daniel Parra Sulbarán…
En una coyuntura no solamente país, sino a nivel mundial, en donde el pragmatismo priva por encima de otros aspectos como lo simbólico, semiótico, es importante contextualizar la realidad política a partir de lo comunicativo apelando a las premisas de los estudios críticos y culturales de la comunicación.
Si evaluamos la mesa de diálogo como un mecanismo de comunicación político-gubernamental, podríamos dividirlo en dos partes. El aspecto público sería aquel que es visible ante todos los ciudadanos, en este caso, las últimas declaraciones dadas en conjunto bajo la vocería de Dinorah Figuera y Jorge Rodríguez el pasado 12 de agosto, y otro aspecto privado, esa comunicación que se da al interior de la mesa, que, como espectadores de este evento comunicativo, no podemos ver y, por ende, tampoco evaluar a profundidad, pero que sí se refleja en el discurso.
Tomando en cuenta que para los estudios culturales y socioculturales es importante el contexto, vale la pena profundizar en quiénes son los actores que están sentados en la mesa, sobre todo los que pretenden estar representando a la “oposición”.
De allí me gustaría hacer notar algo importante: todos los actores de la mesa representantes de la Asamblea Nacional (AN) del año 2015 son mayoritariamente del partido Primero Justicia. Esta tolda ha sido calificada por sus dirigentes en varias ocasiones como centro-humanista. En doctrina política, el centro-humanismo se describe como aquel que promueve el desarrollo integral de la ciudadanía, permitiendo el libre mercado, pero con una fuerte responsabilidad social. El centro-humanismo tiene su raigambre en la teoría de centro político, es decir, aquellas tendencias que no responden directamente a las dos polaridades comunes, izquierda o derecha, sino que se mantienen en una especie de hibridación. Por otra parte, la mesa también tiene una representación del partido Voluntad Popular; este partido responde a la socialdemocracia, una vertiente de la izquierda moderada, de hecho, pertenecía a la Internacional Socialista hasta 2014 .
Estos apuntes contextuales sobre el aspecto ideológico de los partidos políticos que están representados en la mesa de diálogo. En el caso de este texto, tienen una intención que va más allá de etiquetar, encasillar o estigmatizar a los actores políticos y sus organizaciones operativas, en este caso, los partidos. Es importante destacar que los partidos políticos son estructuras que distribuyen ideología, entre muchos otros factores, y que la ideología, a su vez, genera sistemas de significación y representación que trazan el deseo entre sus adeptos, entendiendo deseo, en este punto, como aquello que se quiere alcanzar o cristalizar.
En este caso, la ideología de los partidos sentados en la mesa, incluido el chavismo, puede llegar a tener muchos puntos de afinidad, pero, allí radica el problema que planteo porque si entendemos al chavismo como una élite de poder preponderante y dominante en este momento de la historia venezolana, entonces se podría determinar fácilmente que estos actores de “oposición” , dadas sus afinidades ideológicas con el régimen, no son los mejores representantes, puesto que no pueden oponer una resistencia que sea real, tangible o sustancial.
Y eso lo estamos viendo con la resolución preliminar del pasado 12 de agosto de 2026, donde definitivamente la comunicación no fue proba, pero lo que sí podemos determinar, bajo los parámetros de un breve análisis del discurso, es que se sigue la narrativa chavista y se vigoriza.
Por un lado, se habla de “fortalecer la democracia”, es decir, ya la hay, y los actores que están sentados del lado de la oposición están legitimando que hay democracia. Qué diferente hubiera sido que el discurso dijera restituir, recomponer o restablecer. Pero en el comunicado público que, por cierto, empezó leyendo Jorge Rodríguez, lo cual marca también una estrategia extradiscursiva de quién mantiene el control de la conversación, se utilizó el término “reforzar” y se legitimó, puesto que públicamente no hubo protesta ante ese primer acuerdo. Todo lo contrario: se firmó.
Y se firmó sin una ruta clara, al menos para la ciudadanía, para el público. Se esbozaron las acciones que supuestamente emprenderán, pero sin fechas concretas, solo con la promesa de… pero, sin establecer un cronograma, cronograma que casi 10 días después de esa primera comunicación pública aún no ha sido revelado, ni siquiera para las postulaciones a magistrados que es el primer paso en la ruta que nos contó Figuera.
Eso llama la atención no solamente por la mera exigencia de celeridad en las acciones, sino porque volvemos a caer en el punto de lo simbólico e ideológico, que se refleja en la práctica. La mesa no cambió operativamente nada. Los Rodríguez siguen teniendo el control del poder, a pesar de que constitucionalmente no deberían tenerlo. Ni siquiera asumiendo que el régimen de Maduro fuera legítimo. Aun así, si Delcy de verdad estuviera investida con las cualidades que le da haber sido vicepresidenta de la administración de Maduro, en este momento ya está fuera del lapso.
De manera que estas concesiones dadas al chavismo, que pueden ser interpretadas como un pragmatismo para no causar un problema o un derramamiento de sangre, que es lo que siempre se ha alegado, hay que decir que más bien tiene que ver con la postura ideológica y la falta de resistencia de la oposición ante la élite dominante, conceptualmente hablando.
El rescate de lo simbólico e ideológico es importante en este momento, dado que parece que la postura de Estados Unidos y varios actores que hacen parte de la conversación pública en este momento sobre el tema de Venezuela está cayendo en un pragmatismo absoluto que no está permitiendo describir la realidad visible.
¿Cuál es la realidad visible? El apoyo y legitimación al régimen chavista en este momento, encabezado por Delcy Rodríguez y su hermano Jorge. Las razones contextuales de por qué Estados Unidos parece estar apoyando y revistiendo de legitimidad al denominado “Rodrigato”, denominación que uso para evitar la repetición, pero con la cual no estoy de acuerdo, parecen estar ligadas a intereses económicos más que políticos y/o ideológicos.
De manera que la democracia y el respeto por la ley está saliendo de la conversación política en Venezuela. Y los actores responsables están amparándose en una narrativa de supuesto apoyo y legitimación de Washington para operar.
Mientras tanto, sigue habiendo presos políticos, la gente sigue padeciendo la falta de luz, de agua y de los diferentes servicios públicos que son utilizados como un mecanismo de opresión para la población, además del miedo de salir a protestar y de levantar la voz para decir lo visible ante la palestra pública, dada la presión social.
Pues, resulta que ahora si no se legitima o no se le da crédito a la mesa de diálogo, entonces eres mala persona, mal ciudadano, chavista y, probablemente, si leen este artículo, muchos fanáticos dirían que soy mal profesional. La verdad, eso me tendría sin cuidado.
Lo más importante para mí como periodista es hablar de dónde estamos parados hoy, y el terreno donde estamos parados hoy es en el cual se le está dando un respiro bien grande al chavismo. Uno donde la ideología está pesando sobre la práctica. Si hubiese una mayor resistencia ideológica en esa mesa de diálogo, al menos se estuviera exigiendo y no “pidiendo aclaraciones”. Se estuviera programando y no postergando. Se estuviera diseñando y no conteniendo.
Lo más rancio y frustrante para la gente es que este escenario no es nuevo, siempre después de un punto de quiebre en el cual parece que el chavismo no podrá levantarse más, les aparece casi por arte de magia un artificio del cual agarrarse. En este caso un inusitado apoyo de la administración Trump
Yo no sé cuáles son los muros de contención que sostienen a los hermanos Rodríguez en el poder y con legitimidad en la arena pública política frente a los ojos de Estados Unidos, pero de que los tienen, los tienen. Habrá que seguir observando el carácter público de esa relación para poder determinarlos.
Y ojo, no estoy negando que el chavismo haya perdido poder. Por supuesto que sí, ha perdido poder y control a nivel simbólico. Su discurso ya no genera cognición política en la población, ya nadie les cree. Algunos medios han demostrado atisbos de pluralidad. Varios presos políticos han logrado salir, sí, por la presión internacional o por la razón contextual que ustedes quieran, pero operativamente el chavismo sigue teniendo el control y sigue existiendo todo el andamiaje político-legal que les permitió llegar a ese punto de censura y graves violaciones a derechos fundamentales, y eso es lo realmente preocupante.
Y sí, yo sé que una respuesta fácil puede ser que “no se puede arreglar en 10 días lo que se destruyó en 27 años”, y yo estoy de acuerdo. Pero tiene que haber un punto para comenzar. Tiene que haberlo. Al menos voluntad política que llame al cambio. Pero, las declaraciones públicas que han dado los “actores de oposición” no demuestran eso. Discursivamente, la narrativa está apegada al interés del chavismo y dado que los discursos moldean la práctica no hay cambio posible bajo este esquema.
“Refuerzan la democracia”, pero no se sabe de qué manera ni para cuándo. Esa falta de claridad, de transparencia, de información, que le atañe a más de 30 millones de personas, es una conveniente acción para el chavismo. El hecho de que no se haya hablado ni exigido la separación del cargo por parte de Delcy Rodríguez es otra muestra. Y así pudiera yo seguir enumerando. Incluso a nivel semiótico podríamos hablar del podio que se escogió para que cada uno de los actores principales en la mesa hablara ese 12 de agosto, pero no voy a entrar en esos detalles porque sería desviar el centro y el hilo de este texto.
La reflexión aquí expuesta no la voy a revestir de los autores en los que me baso para escribir estas líneas, por el género periodístico al que apela el texto que es la Opinión. Digamos que es una construcción propia y un análisis crítico, es mío y lo firmo. Consagra una interpretación de la realidad sociopolítica venezolana basada en postulados teórico-conceptuales de diversos pensadores y en los aspectos visibles después de los pronunciamientos del 12 de agosto y el letargo de hoy.
21-08-2026
“Comunicación Continua no se hace responsable por las opiniones y conceptos emitidos por el articulista”



