Agradecidos despedimos el 2025, y agradecidos recibimos el 2026

En relación al 2025 hagámonos, familiar, personal, comunitariamente, esta evaluación: ¿Cómo trabajamos por recuperar la sencillez? ¿Con entrega, servicio, disposición a servir?

En este 2025, ¿hemos sido capaces de observar la belleza, la de Dios, la del ser humano, más allá de las apariencias?

No olvidemos: Dios, en su Hijo, al que en navidad con los pequeños le invocamos Niño Jesús, ha asumido nuestra condición humana “en realidad”; por ende, en este tiempo, con alegría, con esperanza, con fortaleza, meditemos, más con el sentido del corazón que con el de la razón, en tan increíble profundidad.

Esta “increíble profundidad” nos impele a comenzar este año 2026, pidiéndole al Todopoderoso hecho Niño, no una gratificación instantánea, —sin duda, la hace posible—, sino la continuidad de la realización profunda en nuestras familias, en nuestra patria Venezuela, de la noble bendición emergida de sus entrañas paternales.

El humano éxito no es una conquista exclusivamente nuestra: en él apreciamos la profundidad y fuerza de quienes nos motivan, principalmente Dios, y quienes ÉL les ha encargado nuestro cuidado o quienes les ha puesto bajo el nuestro.

Durante el año que concluye —por eso, al inicio de este escrito aparece la voz “evaluación”— hemos tenido suficiente tiempo para expresar, en múltiples detalles, pequeños o grandes, un modo de actuar que no sólo afrontó problemas, sino cómo, sin escabullirnos irremediablemente en las limitaciones, sin miedo, sin negligencia, mantuvo la eficacia de la expresión: Somos capaces.

De esta manera, en este 2026 aspiramos reforzarnos con fe, esperanza, caridad, virtudes imprescindibles en toda actividad humana, en un bien no cual pasión impuesta contra la voluntad de quien lo vive.

Nuestra vida en nuestra querida Venezuela no es una cuestión de casualidad; algo con lo que uno tropieza, si tiene suerte.

En consecuencia, no esperemos que a ella nos llegue el bien, en vez de aplicarnos a obrarlo; en efecto, ella es el bien más precioso desde el cual con deseo, disciplina, dedicación y constancia nutrimos la capacidad de levantarnos del acomodo, la flojera y la rutina.

Con estas palabras, los autores, lectores, escritores, comunicadores, de la página comunicacióncontinua.com, les deseamos un próspero y bendecido año 2026.

Redacción CC-31-12-2026