Ahora lo que viene es salsa

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

En los últimos días en nuestro país se ha presentado una serie de eventos tanto económicos, sociales como políticos que nos colocan en un estado de total esquizofrenia colectiva: es prácticamente imposible poder reconocer nuestro propio entorno. Los indicadores económicos saltan como cotufas sin poder anticipar su comportamiento por medios racionales y convencionales.

La subida experimentada por el dólar paralelo ha llegado a niveles inimaginables, con tendencia a continuar sorprendiéndonos; los precios de los bienes y servicios siguen el mismo ritmo, fundamentalmente en alimentos y medicamentos. De forma gradual se liberaron los precios de bienes intermedios que anteriormente estaban controlados, pulverizando los salarios de los ciudadanos.

A pesar de las demandas intentadas por el Banco Central de Venezuela en contra de un sitio web, la referencia del dólar paralelo conserva su presencia como parámetro para arbitraje del precio de la divisa; pareciera que la política monetaria tiende a la consolidación del mismo. Los niveles de reservas internacionales levemente por arriba de los diez mil millones de dólares, los deficientes flujos de caja futuros y los compromisos en divisas para el año 2017 similares a las reservas, desnudan una situación en curso extremadamente delicada, en consecuencia la probabilidad de incumplimiento de pagos luce muy alta y la tasa del dólar paralelo podrá subir sin asombrar a nadie. La inflación crece llegando al horizonte de hiperinflación y lastimosamente el BCV no muestra cifras oficiales, con lo cual cualquier estimación, por muy sobredimensionada que sea, puede ser totalmente menuda al comparar con el comportamiento de los precios reales de los productos.

La situación del efectivo merece una reseña especial: existe un mercado paralelo de efectivo fuera del sistema bancario pues los cajeros automáticos no tienen capacidad para atender las demandas de los clientes bancarizados; adicionalmente, las remesas elevan los costos de intermediación y la gran mayoría de los bancos están en cámaras de compensación deficitarias, hechos que impulsan las restricciones en retiros adoptadas por algunas instituciones bancarias.

En el campo social la situación es similar: el aumento de la pobreza llega a estadios escandalosos. Las referencias de personas buscando residuos en los basureros para alimentarse es apocalíptica y jamás podíamos pensar que los venezolanos viviéramos escenas como las descritas. Por otra parte, la inseguridad muestra su peor cara, alimentada por la vergonzosa impunidad.

Las organizaciones creadas para combatir el delito están infiltradas por mafias que hacen metástasis en la estructura dejándola absolutamente necrosada, situaciones en las cuales muestran a supuestos delincuentes, cuya infracción fue el hurto de auyamas, ocumos, yucas y algún producto de la cesta básica, exponiendo con ello la decadencia del sistema de control del delito y ridiculizando la actuación de los funcionarios, mientras la unión cívico-militar saquea el erario público sin el menor recato, solicitando algunos de sus representantes más emblemáticos la protección del Tribunal Supremo de Justicia.

La avaricia no tiene límites, la corrupción permeó toda la estructura de gestión pública a todos los niveles, desde lo nacional, regional y municipal. La arbitrariedad destiló en abuso y tráfico de influencias hasta en el sector de alimentos y medicinas, arruinando y hambreando a todos los venezolanos. En nombre del pueblo se toman decisiones sin medidas de control, sacrificando recursos y condenando a los ciudadanos a ser rehenes del sistema corrupto de distribución de sobras.

La política no muestra resultados mejores: el diálogo ha servido para que el gobierno consiga tiempo para mejorar su posición en el tablero. Sentarse en la mesa era necesario y urgente, pero no se hizo bien, teniendo en cuenta los tiempos y la información transparente que debió ofrecerse a los seguidores. Frenar las movilizaciones convocadas por la propia oposición, reunida en la MUD, fue un error con costos políticos valiosos.

La redacción del documento de acuerdo de la mesa no pudo ser más equivocado, en el mismo no hay resultados concretos para los ciudadanos, por el contrario el mismo sirvió para que la oposición mostrara sus fisuras. Todo ello motivó a que aparecieran líderes políticos solicitando la renovación de los cuadros gerenciales de la MUD; a pesar de los errores cometidos considero que es desacertado intentar cambiar de caballo en el medio del río.

Inexorablemente deben ventilarse los errores cometidos e intentar corregir con información completa para los ciudadanos; nadie puede subrogarse la vocería del sector opositor en este momento, cuando existen tantas personas descontentas con el régimen proveniente de diferentes partidos políticos. El problema no está en la calle o el diálogo, lo sustantivo es para qué y por qué se va a la calle y por qué y para qué se va al diálogo. El gobierno empobreció la política y a los políticos, haciéndolos vulnerables al chantaje financiero, destrozando la moral y los valores.

En este contexto de penurias, de hecatombe social y económica la convocatoria del gobierno y de Maduro es que bailemos salsa, mientras ellos siguen gozando las mieles del poder. Lamentablemente, si no hay cambios, terminaremos cocinados en nuestra propia salsa o en nuestra propia sangre.

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