Por: Giovanni Cegarra…
A estas alturas, a días de haber partido al Reino Celestial, que aún no asumo en mi mente y diaria convivencia, Alfredo Aguilar, amigo, hermano, compinche, colega, cascarrabias, gremialista, como el que más, con quien vivé y conviví innumerables correrías, vicisitudes, experiencias, hechos y sucesos en el devenir periodístico andino merideño venezolano, dedico esta entrega de hoy, a la que indudablemente, faltarán muchas cuartillas, para describir el legado, de quien hoy, descansa en la Gloria del Señor.
Razones y convicciones de orden personal, prevalecieron para no hacer acto de presencia en las exequias de Alfredo, allí estuve, espiritualmente, pensando que el legado de por vida, que nos ha dejado, jamás desaparecerá, eternamente permanecerá entre nosotros, ese empeño frenético gremialista por el respeto del ejercicio de nuestra profesión.
Quisiera escribir tanto de la obra de Alfredo, nunca terminaría, fue lo que fue, tuvo amigos y enemigos como arroz picado, pero nunca desmayó en su accionar profesional gremialístico, como nadie en el mundo, de sentimientos increíbles, en algunas oportunidades dejar de comer para ofrecer al que lo requería y paremos de contar.
Cuesta mucho, pensar que ha tomado el bus que le llevó al Reino Celestial, allá estará al lado de otros colegas que disfrutan de la Gloria del Señor y en medio de todo, estarán atentos a guiarnos por el camino y la senda requerida para hacer valer nuestra profesión, decir y escribir las cosas, como debe ser, con ese sentido profesional, sincero, directo, que tuvo como premisa, va por ti Alfredo, descansa como bien te lo mereces, de la Gloria del Señor.
CNP 2229
18-03-2026
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