Al Filo de La Verdad: El suplicio por agua

Por: Giovanni Cegarra…

Mi difunta madre, cuando llovía decía “Bendito mi Dios” porque la lluvia apaciguaba el calor, la madre naturaleza brillaba en toda su esencia,  “las matas se ponen bonitas” y hoy día, cuando llueve en esta ciudad, se sufre todo un verdadero suplicio por agua, llueve pero nos quedamos sin agua potable, sometidos a un racionamiento en el que “duela a quien le duela” está cifrada la ineficiencia de quienes en sus manos está el garantizarle a la población el preciado líquido.

Cuando llueve en Mérida, sus habitantes padecen el suplicio por agua.

Tengo 44 años residenciado en esta ciudad, escuchando el mismito cuento de que por los fuertes aguaceros “se taparon de sedimentos los filtros de la Planta de Tratamiento, la lluvia arrastró mucha piedra y barro impidiendo la libre fluidez del torrente de agua” etc., excusas por aquí, por allá y ni modo, cuando hay amenaza de lluvia, los merideños ruegan no sea fuerte porque ya saben al suplicio en que se verán sometidos.

No entiendo del por qué, quienes han estado y están al frente del gobierno regional, no hayan podido solventar el bendito problema sempiterno de los sedimentos que tapan los filtros de la Planta de Tratamiento de Agua Potable, que es la excusa que siempre esgrimen cuando cortan y racionan inmisericorde el servicio de agua potable, toda una clara evidencia de ineficaz gerencia del organismo que tiene bajo su responsabilidad, el suministrar el servicio de agua potable a quienes viven y conviven en esta urbe andina.

Indudablemente, todos esperan la lluvia pero al mismo tiempo, ruegan que no llegue y si llega que no sea fuerte porque el suplicio por agua es inminente en Mérida. Sí llueve porque llueve si no llueve porque no llueve y lo peor del caso, es que el racionamiento del servicio es por demás traumático, toda vez que sí es, en el día o de noche, raya la paciencia de los merideños, más cuando se produce por la noche ya que no restablecen el servicio, temprano del día, 5.00 a.m. sino bien tarde, provocando lógica deserción laboral y escolar porque a nadie le gusta salir de casa sin bañarse.

Que necesariamente es obligado el racionamiento, valedero y a duras penas, si tomamos en consideración que en este Estado, no ha llegado quien ponga coto al suplicio por agua que sufren los merideños cuando llueve,  corrija de una vez por todas, el problema que se genera en la Planta de Tratamiento del preciado líquido para evitar que rocas, piedras, sedimentos, troncos y que sé yo, tapen sus filtros, quedemos por largas horas sin agua potable.

Anhelamos la lluvia y al mismo tiempo no queremos que llueva porque irremediablemente, nos enfrentamos a todo un suplicio por agua.   CNP. 2229