Al otro lado del puente: A la altura de las circunstancias

Por: Anderzon Medina…

Nuestras discusiones sobre lo político en lo cotidiano se impregnan de nociones que se enmarcan en retóricas de izquierdas y derechas respecto a cómo funciona o debería funcionar el mundo, las naciones, las sociedades; en torno a las nociones de justicia, igualdad, responsabilidades individuales y de los estados respecto al bienestar de los individuos; en general, en torno a la cosa pública y la economía. En eso, pasamos el día a día; para eso nos han entrenado desde cualquier medio de comunicación tradicional o de las generaciones web 1.0, 2.0, 3.0. Sin embargo, poco sabemos, en nuestro andar cotidiano, de qué se trata una y otra cosa; izquierda y derecha se combinan muy alegremente con nociones del bien y el mal que tienen más de mágico-religioso que de político. Y así, en ese conversar diario, acomodados (cuanto se pueda estar) a la cotidianidad, tratamos de comprender y explicar la crisis que vivimos. 

Estrictamente hablando, la crisis en las dimensiones que vivimos ahora es consecuencia de las decisiones tomadas por el sistema de gobierno instaurado y en funciones. Pero, siendo parte de esos que llaman generación “X”, crecí en la Venezuela de los 80s, mi adolescencia se dio en la de los 90s y la verdad, no recuerdo haber vivido en un país que no estuviera en crisis. Quizá entre 2005 y 2010 hubo una burbuja de bienestar como consecuencia de los ingresos petroleros, que no fue más que un espejismo, una oportunidad perdida por malas decisiones políticas y económicas (bastante bien documentadas ya), utilizando la “justicia social” como excusa, no sostenibles en el tiempo. Y pienso: si una crisis se mantiene en el tiempo, deja de ser crisis y se constituye en un modus vivendi, pues al ver que llevamos 40 años en crisis parece más sensato considerar que ha de haber algo estructural, sistémico en nuestra cultura cuya consecuencia es esa manera de hacer sociedad. Ese algo estructural puede permitirnos leer y al menos describir visos de nuestra realidad contemporánea y quizá así podremos aprender más de nosotros mismos como sociedad, de nuestros errores y no cometerlos de nuevo.

Lamentablemente, no parece estar esto dentro de la agenda de nadie, seguimos entreteniéndonos en nuestra cotidianidad con la retórica mágico-religiosa del bien contra el mal. El gobierno y oposición en funciones siguen entretenidos más o menos en lo mismo y esto me ha llevado a pensar hace rato en torno a la (in)capacidad de esos personajes de llevar a cabo las funciones que se supone deben llevar a cabo, ninguno a la altura de las circunstancias. Estas semanas hablan de elecciones, sin embargo, siguen en su dicotomía, unos hablando de elecciones parlamentarias, otros de elecciones presidenciales, ambos bandos de la necesidad de un nuevo CNE, cada cual pensando hacerlo desde su reducto (TSJ -en funciones- y AN). Cada bando sigue en su coexistencia, en ese nuevo status quo venezolano que tácitamente reconoce que no hay una crisis, que se adecua al modus vivendi y que haciéndolo muestra una y mil veces, que no están a la altura de las circunstancias.

Dr. Anderzon Medina Roa

Profesor ASOCIADO. Universidad de Los Andes

@medina_anderzon