Al otro lado del puente: Ahora somos los migrantes

Por Anderzon Medina Roa…

No hay andino que conozca que no admita que le gusta Choroní, Puerto Colombia, Playa Grande y demás playas a las que en peñero y a vuelta de nada se puede llegar desde ese pequeño paraíso en las costas de Aragua. Cata y Catica son más bonitas decimos otros y para otros gustos y estilos, Cuyagua. Parte de esos miles kilómetros de costa caribe que tenemos y que bañan culturalmente la venezolanidad, bueno, casi toda, y como es casi toda, Venezuela es para mucho y a grandes rasgos una tierra caribe. Así, el estereotipo del venezolano incluye que somos cercanos, de rápida confianza, con opiniones para todo y remedios para más. Venezuela es tierra caribe sazonada con pequeñas mareas de migrantes desde el otro lado del charco,sobre todoa mediados del siglo XX, y ya más cerca de finales del siglo pasado, de países vecinos o incluso lugares más recónditos, como el mediano y el lejano oriente.

En su vida cotidiana del salir a hacer y echarle pichón al día a día por estas tierras, todas esas gentes buscaron su manera de adaptarse, desde sus costumbres, al engranaje de ese país y esa gente que los recibió. De modo que, salvo los asiáticos quizás, podemos decir que todos buscaron adecuarse en mayor o menor medida a la realidad caribe particular de ese paraíso del bochinche que fuimos. Y esa realidad caribe a la venezolana los dejaba adaptarse, porque de eso sí sabe el caribeño venezolano, de recibir con brazos abiertos y con actitud jocosa.

Pero no solo es caribe Venezuela. Es Llano, es Sur, es Andes. Como cualquier país, el nuestro es una amalgama de costumbres, tradiciones, y raíces étnicas venidas de varios rincones del mundo, que fueron enriqueciéndose y asentándose a lo largo de nuestra geografía, desarrollando sus culturas propias a lo interno, las que se reconocen y se construyen también en torno a sus diferencias. Hoy día es ya más jocosa la rivalidad que puertas adentro existe entre andinos y caribeños venezolanos, por ejemplo. Los unos son los protagonistas de los chistes de los otros, hacemos mutua mofa de las distintas maneras de hablar, de andar, de hacer o incluso llamar a las mismas cosas. Se lee en memes y cadenas de WhatsApp que un amigo venezolano llega a tu casa, pasa directo a la cocina, abre la nevera, saca una cerveza, se sienta y pregunta qué hay para comer, porque así son los amigos venezolanos. Y sí, así son, en la Venezuela caribe, en los Andes, no tanto. La impronta andina es de características distintas, como lo es la llanera y la amazónica. Es entendible entonces que, aunque somos un mismo país y tenemos un acervo cultural común, a lo interno y como en cualquier país, tenemos diferencias culturales.

Hoy, que nos tocó migrar en lugar de recibir migrantes, nos toca también entender que somos distintos tipos de migrantes, y, aunque venezolanos todos,llevamos también trazos esenciales de la cultura regional caribe, andina, llanera, amazónica nuestra, venezolana. Una impronta que a veces nos juega en contra mientras entendemos en primera fila que eso de migrar es distinto al turismo; que cuando mamás, tías y abuelas dicen “vaya mijo, a buscar una vida mejor, disfrute”, este último imperativo da cuenta de que son sujetos de otro tiempo. Porque migrar a la venezolana, a primeras de cambio, no tiene mucho de disfrute. Empezando porque millones se han ido sin querer, y eso no va con “disfrute”. Hoy que a millones de los nuestros les tocó huir, es útil entender que somos ese otro que llega y que ese reconocimiento de la esencia caribe, andina, llanera, amazónica venezolana nos pone a mano una suerte de kit de inicio para entender al otro que nos recibe en su país. Grandes cantidades de venezolanos hacen vida en Colombia, Ecuador, Perú, Chile (países andinos todos), en Brasil (el gigante amazónico), en República Dominicana, Costa Rica, México (caribes). Ya no somos el que recibe con brazos abiertos, el que acepta y se entretiene con las curiosidades culturales de los otros, desde la comodidad de saberse aquel a quien el otro se adapta. Hoy somos el que es recibido, nos toca entendernos y adaptarnos, integrarnos a esa otra cultura. Hay que aprender a migrar y hacer de esa experiencia algo que no nos mantenga anclados en la nostalgia de un país que ya no es. Es útil, para ese “buscar una vida mejor”, reconocernos y fomentar, desde el reconocimiento del otro a lo interno del país y su riqueza cultural, el entendimiento de esa cultura que nos recibe, pues eso hará más llevadero este emprender que significa emigrar.

Anderzon Medina Roa.

Profesor ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon