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domingo, enero 18, 2026

Al otro lado del puente: Cultura y construcción de nación

Por Dr. Anderzon Medina Roa…

Pensar en nuestra cultura como una forma de apuntalar nuestra identidad individual y colectiva es una práctica cotidiana que llevamos a cabo en nuestras formas más comunes de ser y andar. La palabra cultura es lo suficientemente amplia e inclusiva que suele generarnos confusiones respecto a qué es aquello que incluimos como parte de nuestra cultura. Un punto salvo de partida será pensar en cultura como todo aquello que no es manifestación espontánea de la naturaleza: ríos, playas, montañas, flora, fauna, fenómenos naturales y así. Sin embargo, si pensamos en ellos y la importancia que tengan dada su simbología para nosotros como miembros de un pueblo, una nación, les adjudicamos un aspecto cultural que dependerá de nosotros como conglomerado humano.

En este sentido, partir de que todo aquello que no sea naturaleza espontánea es cultura, abre la puerta grande a la diversidad; diversidad de formas y maneras de pensar, concebir, opinar, construir, significar que compartimos a diversos niveles con los diversos conglomerados de los que formamos parte. Es decir, hallamos puntos de encuentro en algo que podemos llamar cultura nacional, cultura regional, local, incluso hablar de cultura laboral o hasta hablar de una dimensión de estratificación social de la cultura; todas siempre en dinámica adaptación y cambio.

Así, cultura será una noción que denota realidades que van más allá del folklore y demás características que conforman estereotipos nacionales que solo ofrecerán aspectos muy superficiales de una cultura determinada. Más aún, a pesar de algunas corrientes academicistas que tienden a guardar celosamente el acervo investigativo que en algún momento haya logrado construir una representación más o menos estable de lo que una cultura es, cada cultura a cualquier nivel, en cualquier parte del mundo y en cualquier momento de la historia, está en constante construcción, en constante adaptación a los tiempos, tendencias, corrientes de pensamiento, movimientos políticos, sociales, económicos que afectan a los individuos que la conforman.

De esto podemos inferir que no hay culturas inherentemente mejores o peores (algo un poco difícil de digerir cuando nos referimos a culturas nacionales y nos encontramos en los países en eternas vías de desarrollo), sino que se trata de formas y maneras distintas de comprender, representar, interactuar con el mundo. El calificativo de mejor o peor se lo daremos nosotros, paradójicamente, desde el horizonte de posibilidades que nos provea nuestra propia cultura. Quizá cobre una significación más cercana y manejable cuando hablamos de los hechos sociales cotidianos y entonces podamos comprender que se trata de formas distintas de interactuar con el mundo.

En su Comprender la comunicación, Pasquali habla de que “el reconocimiento de la igual dignidad de todas las culturas, meta de una más justa política de comunicaciones, pasa por la aceptación de la existencia de dichas culturas, las cuales tienen su más apropiada ratio cognoscendi en el marco de la ‘nación’”. Esta inherente igualdad y reconocimiento de la existencia de cada cultura en el marco de la nación será crucial para una política comunicacional, dirá Pasquali, pero no solo allí, sino que será igualmente crucial para la convivencia cotidiana que permite estabilizar las bases del ejercicio ciudadano y por lo tanto de la constitución y mantenimiento de la nación. En consecuencia, si desconocemos la inherencia en la igualdad y reconocimiento de las diferentes perspectivas (sociales, políticas, económicas, etc.) y se la adjudicamos a una u otra cultura (política, social, nacional) y la construimos como mejor o superior, no estaremos frente a un proyecto constructor de nación, sino ante uno que la desarticula, ya sea por acción o por omisión, pero en cualquier caso, por considerar que hechos de carácter político o económico puedan llevarse a cabo en detrimento de la aceptación de pluralidades culturales en la conformación de la nación. Y esto es también una práctica cotidiana.

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon

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