Al otro lado del puente: Falacia de comunicación

Por Anderzon Medina Roa…

Dos décadas luego de la llegada del chavismo al poder en Venezuela, nadie duda de las líneas editoriales que buscan resaltar unos aspectos de las realidades representadas sobre otros. Esto lo hemos aprendido por el camino largo en el que hemos visto una no tan silenciosa batalla por controlar el campo comunicacional, en la que se ha hablado de libertad de expresión, información veraz, derecho a la información, manipulación de la información y en líneas generales se ha dado una pugna a todo nivel respecto a la representatividad de uno y otro bando en la forma de control de medios de comunicación en masa.

Estas líneas editoriales estarán acordes con intenciones respecto a qué hechos comunicacionales incluir y sobre todo qué enfoque utilizar para comunicarlas. En un siguiente nivel, reconocemos además que tales intenciones se alinean con intereses políticos y económicos de quienes definen la intencionalidad en cada línea editorial, las que finalmente responden a visiones de mundo. No es esto muy distinto de lo que hacemos día a día cuando expresamos nuestra opinión respecto a uno u otro aspecto de nuestra cotidianidad. Es decir, de nuestra visión de mundo derivan nuestras opiniones y cuando las utilizamos en alguna conversación las expresamos y en ocasiones generamos un impacto en el receptor quien podrá decidir si adopta aspectos que le hayan parecido relevantes o si la descarta por completo. 

La diferencia entre este proceso a nivel personal (micro) o a nivel de medios de comunicación (macro) es que en estos últimos tales visiones de mundo devienen en líneas editoriales que sirven para generar opiniones y posiciones que se reproducen a veces viralmente por todo medio de comunicación accesible (formales y no-formales), independientemente de su veracidad, la cual en el mejor de los casos será parcial. Es decir, se trata de forjar opiniones con los medios de comunicación como herramienta. Aunque en este caso, como bien lo señalara Antonio Pasquali, se trata más precisamente de medios de información pues restringen la posibilidad real de un intercambio simétrico entre los participantes del proceso (emisor y receptor), cosificando al receptor o disminuyéndolo al desestimar lo que pueda decir en un mar de opiniones que responden a una información (en el caso de redes sociales, por ejemplo). 

Esto ha marcado en gran medida la dicotomía en la que vivimos sumidos, en la que parece imposible reconocer algo distinto a la lucha entre el bien y el mal, donde cada bando se adjudica un enfrentamiento titánico contra un enemigo poderoso y déspota. Estas meta-narrativas del bien contra el mal se enmascaran en falacias de objetividad que pueden investirse en la representatividad e institucionalidad histórica que implican industrias comunicacionales (¿de información?), las que podría decirse han devenido en herramientas de propaganda. Pensemos, para cerrar, en la situación de convulsión social en Ecuador desde hace más de una semana, en la que los medios, dependiendo de su línea editorial, presentan el hecho noticioso como agitaciones provocadas por intereses políticos de la izquierda latinoamericana que apoyan a un sector político o como marchas multitudinarias en reacción a medidas antipopulares de un gobierno en forma de un paquetazo económico reminiscente de medidas típicas del Fondo Monetario Internacional. Cada enfoque responde a una visión de mundo que se opone a la otra las que, visto está, derivan en líneas editoriales y formas de representar un hecho noticioso desde una perspectiva determinada y por lo tanto, lejos de la objetividad, utópica por demás. 

Dr. Anderzon Medina Roa

Profesor ASOCIADO. Universidad de Los Andes

@medina_anderzon