Al otro lado del puente: Falacia de progreso

Por: Anderzon Medina Roa…

A más de 50 días de cuarentena COVID-19, podríamos estarnos preguntando cómo se hará eso de la flexibilización de las medidas de distanciamiento social que van anunciando como planes en diferentes fases en otros países donde el virus ha causado grandes estragos. Sin embargo, siendo honestos, aunque en Venezuela por ahora solo se menciona la idea de flexibilización de medidas como algo en lo que hay que ir pensando, esta ya se ha instalado en nuestras ciudades desde hace varias semanas.

Solo asomándonos a la ventana cualquier mañana de estas vemos como, en una suerte de acuerdo tácito, parecemos haber decretado que el virus solo podrá propagarse luego de las 2 pm. Antes de eso, hay que ocuparse de buscar el sustento. Negocios no prioritarios ya anuncian su apertura tres días a la semana en horario de contingencia y “tomando las precauciones necesarias”. Otros, no lo anuncian, simplemente abren a diario, y poco a poco, nos vamos adaptando a esa flexibilización antes de que esta sea anunciada oficialmente. Después de todo, somo expertos en adaptarnos; tanta experiencia en la crisis como modus vivendi hace que las consecuencias del estancamiento económico no generen tanta alarma colectiva como sí ocurre con nuestros ingenuos vecinos de la región, que viven aún en la falacia del progreso, una que la pandemia ha desenmascarado.

Las brechas sociales no han sido sino acentuadas por las medidas de aislamiento como consecuencia de la declaración de pandemia. En cualquier parte del mundo, el que cuenta con recursos (sean individuos o empresas) tiene opciones de sobrellevar la situación. El que no, que depende del ingreso diario en la economía informal o del salario de su trabajo en una empresa que busca cómo sobrevivir a la crisis, o bien no genera recursos, o bien ve su sueldo reducido por la contingencia.

En la infoxicación propia de nuestra era, ahora enfocada a la pandemia, se oyen muchas voces respecto a cómo es que va a cambiar el mundo luego del COVID-19. Pensadores de diversos países han copado en mayor o menor medida los titulares de las redes sociales y de medios tradicionales ofreciendo su opinión respecto a lo que ocurrirá: sociedades mejor informadas y más conscientes, dictaduras impulsadas por controles biométricos (en principio necesarios para evitar brotes de esta o siguientes enfermedades pero con acceso a datos que pueden usarse como control político y social), hasta versiones distópicas de sociedades igualitarias por la necesidad de supervivencia.

El optimismo no me da para lo que esos oráculos postmodernos se apresuran a decir por cuanto medio tengan a mano. Los efectos colaterales de la pandemia que al menos podemos ver en occidente me hacen cuestionar la idoneidad de esa idea de progreso individual con la que hemos sido educados desde el núcleo familiar y que luego se formaliza en la escuela. La solidaridad ha sido el paño de agua tibia que ha permitido que muchos sobrevivan ante la incapacidad de los esfuerzos gubernamentales (en cualquier parte), que suenan muy bien en los anuncios mediatizados pero que siempre dejarán a muchos por fuera. Así, antes de pensar en sociedades de indefinida igualdad, en autocracias 5G, o en utópicas sociedades informadas y lo suficientemente formadas para saber qué hacer con esa información, pensemos en cómo hacer para cambiar a mejor nuestro microcosmos de acción, hoy, pensando más allá de la solidaridad primaria, más allá de lo que conocemos.

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon

05-05-2020

(Día 51 de cuarentena)