Al otro lado del puente: Ingenua convicción

Por: Anderson Media…

En Venezuela, el socialismo del siglo XXI ha sido una forma de gobierno con proyecto de nacionalismo profundamente populista y decididamente paternalista que consiguió anclarse en una serie de descontentos de las clases menos favorecidas y llegar al poder por vía electoral. En este sistema instalado a lo largo de dos décadas, nuevos hombres y mujeres han sido creados sobre la base del resultado de políticas de constantes y múltiples subsidios que han degradado en mal llamados programas sociales, reducidos hoy a cajas con alimentos y bonos en dinero que no solucionan problemas estructurales del modelo, sino que funcionan más como herramientas de control político y social. Peor aún, refuerzan una cosmovisión, enraizada en el imaginario colectivo quizá desde mediados de los 70s, en la que la regla del mayor beneficio por el menor esfuerzo se ve expresada en términos surreales. 

Así, más allá de teorías de conspiración que hablan del desgobierno como una forma de, paradójicamente, mantenerse gobernando, en nuestra historia contemporánea resaltan políticas populistas, retardos judiciales, altos grados impunidad, corrupción sistémica que han devenido en un estado fallido que vio la luz en esta última fase de la revolución bolivariana, pero que sin embargo considero tiene sus raíces al menos un par de décadas antes del primer golpe de estado del ‘92. En otras palabras, este sistema ni surgió ni se instaló en la nada.

Hagamos un recorrido de memoria, desde lo que nos llevó a RECADI en los 80s, hasta CADIVI (y sus diversos alias), y en una mirada rápida vemos la manera en que valores ficticios de la moneda venezolana han sido utilizados para fines de dudosa legalidad, no pensando solo en funcionarios públicos y su fijación por tramas de corrupción a través de compra artículos de primera necesidad, de lo que se podría decir mucho, sino que también podemos recordar épocas recientes, cuando el turismo de venezolanos hacia el exterior experimentó un boom que llevó a muchos primero a viajar y a adquirir bienes en el extranjero a precios muy favorables y luego, al negocio redondo del turismo de los raspa tarjeta y su viveza criolla congénita. En uno y otro caso, el venezolano y su capacidad de compra con dólares subsidiados fueron bienvenidos en otras latitudes. Esos dólares subsidiados son solo un signo del fracaso del populismo socialista a la venezolana que quebró al país, lo ha endeudado, ha deteriorado a niveles de situación de guerra el día a día del venezolano y va generando afectaciones en varios niveles en la región. Siendo la ola descontrolada de migración venezolana hacia América Latina, quizá la más palpable. 

Sin embargo, corrupción sistémica, impunidad, retardos judiciales y políticas populistas son males que históricamente han afectado a la región. Las clases dominantes y su andar en la política y la economía no han sido capaces de atender satisfactoriamente demandas claras y similares de las clases menos favorecidas. Solo hará falta ver las protestas en Chile, las protestas en Ecuador el mes pasado y el grito que le ha dado el electorado en Colombia a la clase política tradicional con su masiva participación en las elecciones regionales de este año, en las que ese electorado ha apoyado a candidatos emergentes, desvinculados de los partidos tradicionales y su maquinaria electoral en otrora bastiones de esas instituciones. 

En estos contextos, el discurso del descontento y de justicia social, de izquierdas y derechas, del bien contra el mal (falaz, como ya sabemos los venezolanos) va calando en el imaginario colectivo de nuestros vecinos de la región, en las clases que se ven históricamente desfavorecidas y en los que las clases dominantes no han estado a la altura para atender las necesidades de sus sociedades. Pero esa incapacidad no ha sido solo a nivel local, como puede entenderse de las manifestaciones de descontento social (con mayores o menores niveles de violencia, como hemos vistos), sino que a nivel regional tampoco han logrado generar nada que eficientemente procure el regreso de la democracia a Venezuela, ese vecino que entró primero en esa fase política con consecuencias sociales y culturales profundas y al que pareciera que cada uno está en vías a unírsele, desde sus contextos históricos sociales propios. 

Recordemos que hace 20 años decíamos convencidos que Venezuela no era Cuba, y es cierto, ni lo fuimos ni lo somos, en nuestro país, con nuestro contexto ese modelo nos llevó a estar hoy peor que Cuba. Hoy día oigo decir con la misma ingenua convicción que Chile no es Venezuela, que Ecuador no es Venezuela, que México no es Venezuela. No lo son, pero no quiero ver cómo será la versión de ese modelo de “justicia social” desde la izquierda populista, nacionalista, y paternalista en cada uno de estos países hermanos.

Dr. Anderzon Medina Roa

Profesor ASOCIADO. Universidad de Los Andes

@medina_anderzon