Por Anderzon Medina…
Al hablar del statu quo de un país, nos referimos al estado de las cosas en un determinado momento que puede apuntar a lo social, lo político, lo económico e incluso lo emocional dentro de un contexto y sus coordenadas de espacio y tiempo. Así, por ejemplo, hablar del statu quo de Venezuela a mediados de los 70s obtendremos una imagen muy distinta a la que obtenemos cuando miramos el estado de las cosas hoy día. En tal sentido este estado de las cosas marca los derroteros los que una sociedad sigue para alcanzar fines y establecer modos de andar y vivir en el marco de su institucionalidad.
Dado que no hay sociedades perfectas, la atención irá entonces hacia eso que pueden hacer y efectivamente hagan sociedad civil y sociedad política con su institucionalidad para fomentar un statu quo de acuerdo a visiones de mundo respecto a cómo funcionan los países, sus instituciones, versiones de justicia y responsabilidad social, interacción entre países y hasta la concepción del deber ser del funcionamiento del sistema mundo. Así, durante el s. XX, el discurso político se consolidó en la comprensión del mundo a través de opuestos de izquierdas vs derechas, de capitalismo vs comunismo, de liberalismo económico vs control estatal de la economía, entre varias dicotomías con las que se construyeron y se construyen aún visiones de mundo y de acuerdo a las cuales se organizan países que procuran su statu quo. Luego del colapso de uno de los polos de esta organización dicotómica (caída de la URSS), ha sido necesario reconcebir la unipolaridad del sistema mundo, lo que se ha venido haciendo echando mano de reclamos de reivindicación y reconocimiento de igualdad ante la ley que se vienen dando desde la segunda mitad del siglo pasado a ambos lados del Atlántico (pensemos en el movimiento por los derechos civiles en EEUU y el mayo francés), y que se ha extendido a lo largo del globo. En este sentido, vemos cada vez más grupos que reclaman reconocimiento de igualdad social y legal de su identidad, de sus costumbres, de su derecho a participar de la cosa social.
Paradójicamente, en Latinoamérica pareciera que esta versión de justicia social ha conseguido nicho en discursos populistas en los que la versión de país incluye el reclamo por un Estado paternalista que busque proteger al pueblo en una lucha epopéyica contra las corporaciones, lo que solo adereza la dicotomía izquierda vs derecha con visos de identidad; todas las identidades minoritarias hacia la izquierda, todos los que representen intereses económicos hacia la derecha. Latinoamérica ha sido un laboratorio exitoso para el populismo y hoy vemos cómo ese experimento va rindiendo frutos. Lo vemos en las recientes protestas en Chile y Colombia, dos de las economías más estables de la región, dos de las sociedades más prósperas pero que no parecen haber solucionado problemas de brechas sociales en los que las mayorías que conforman las clases menos favorecidas reclaman cambios en el statu quo de sus países en búsqueda de una justicia social que no es tal, lo queno acaban de entender.
Dr. Anderzon Medina Roa
Profesor ASOCIADO. Universidad de Los Andes
@medina_anderzon



