Al otro lado del puente: La presentación de sí en tiempos de cuarentena

Dr. Anderzon Medina Roa Profesor Asociado. ULA-Venezuela

Por Anderzon Medina Roa…

Estos días, será imposible no referirnos a esta orden de cuarentena (Covid-19) en la que nos encontramos esta semana y quizá por al menos un par más. Todos hemos buscado resguardarnos, atendiendo a un común sentido de supervivencia y, para entender eso a lo que nos enfrentamos, buscamos en las que se han convertido nuestras fieles fuentes información, que sacian la sed del homo informaticus. Buscamos en redes sociales cuánta información tengamos al alcance y hacemos la curaduría que consideramos necesaria para “no entrar en pánico”, para saber qué hacer, y en ese andar, el homo communicans que también somos (sí, no solo somos homo sapiens, hasta en ese nivel podemos hablar de varias facetas de lo que somos) se manifiesta. Consumimos la información que nos cae en las manos, estamos de acuerdo o no, la reproducimos, reaccionamos a ella, y somos esos seres comunicativos que siempre hemos sido en el día a día, ahora, y desde hace no mucho, también en esos espacios virtuales.

La cuarentena ha multiplicado exponencialmente esa actividad. Información sobre el origen del virus, su naturaleza, la reacción de cada país, las consecuencias de la misma y así, vamos haciéndonos de nuestra versión de esa realidad que todos vamos construyendo a medida que la vamos nombrando y a medida que vamos compartiendo los granos de información al respecto. Después de todo, comunicar implica poner en común,donde compartir es la piedra angular. Se pone en común la disposición de profesionales de la salud de ayudar a aclarar dudas respecto al virus a través de sistemas de mensajería de las redes sociales (labor bastante loable que viene de quienes están capacitados para responder las preguntas al respecto) y luego se ve una tendencia en la que profesionales o no de cualquier disciplina se muestran dispuestos a conversar por la misma vía con quien quiera o tenga una duda desde filosofía hasta gustos musicales.

También ha habido información no directamente del virus sino de la reacción de la gente en el mundo frente a la situación de pandemia que ha desatado una histeria colectiva difícil de comprender en ocasión de un virus que tiene una incidencia de mortalidad baja respecto a otras condiciones de salud más cotidianas. Algo tendrá que ver tanta exposición mediática a las teorías de conspiración y producciones audiovisuales de la distopía, estoy convencido de ello. En esas descripciones del hurto de insumos médicos en hospitales norteamericanos, o de gel antibacterial en Alemania e Inglaterra, o peleas a golpes por papel higiénico en Australia, o de supermercados vacíos en países con “alta calidad de vida” luego de compras frenéticas para la cuarentena, hay un dejo de alivio con respecto a esas reacciones desde el básico instinto de supervivencia, que me ha llamado la atención cuando los reportan usuarios de #twitterzuela.

De manera tácita, que algunos describan esto con una suerte de alivio cultural, de que no solo nosotros tenemos estas actitudes es, pienso, más preocupante porque el hecho mismo de hacerlo con esa suerte de señalamiento de que ellos también se comportan así da cuenta de esa construcción de nosotros mismos y nuestra identidad cultural respecto al otro, a los otros. Sabemos que somos a través del otro, somos seres gregarios y nuestra identidad la construimos comunicando, siendo y definiendo también lo que no somos. Resaltar con una suerte de alivio esas noticias, más que señalar que el carácter humano de las masas desesperadas tiende a reaccionar de manera similar (al menos en occidente) no hace sino mostrar una autopresentación negativa de nosotros mismos como cultura, como sociedad. Y si lo pensamos bien, es algo que podríamos conseguir transversalmente en aspectos de nuestra cultura.

Cada cultura presenta formas y maneras distintas de comprender, representar, interactuar con el mundo. Es decir, no hay culturas inherentemente mejores o peores, con lo que cultura ha de rimar con inclusión, aceptación, respeto; todas estas, nociones bidireccionales. Es decir, somos un compendio de significados que se han ido anclando a lo largo de nuestra historia y que van silenciosamente afirmando esa forma de ser. Podemos, deberíamos, entonces trascender el orgullo por las manifestaciones folklóricas y llevarlo a esferas en los que empecemos por reconocernos como compendio cultural que busca la forma de lidiar con la realidad usando las herramientas que tenemos a mano y con ellas, procurarnos unas mejores. La primera será mejorar nuestra autopresentación, a nosotros y al mundo, hacer que dependa menos de los estereotipos y la convicción de la excusa de que es que somos así. Pues como humanos, la certeza que tenemos es que siempre estamos cambiando. Si nos vemos mejor, nos entendemos mejor, cambiaremos a mejor.

Dr. Anderzon Medina Roa

Prof. ASOCIADO de la Universidad de Los Andes

@medina_anderzon