Al otro lado del puente: Ni solo, ni débil

Por: Anderzon Medina Roa…

A nueve meses de la juramentación de Juan Guaidó como presidente (e) de Venezuela, con el apoyo de una mayoría de venezolanos que piden un cambio político, con el reconocimiento de más de 50 países, con medidas a nivel regional para apoyar esa presidencia encargada en diversos ámbitos (políticas, económicas, migratorias), resultó una gran sorpresa el hecho de que hace una semana, en Naciones Unidas, Venezuela, representada por funcionarios del gobierno cuestionado de Nicolás Maduro, consiguiera un puesto en el Consejo de Derechos Humanos de la institución. Esto representó un hecho sorprendente no solo porque hace apenas dos meses la misma institución generó un informe que da cuenta de claras violaciones de derechos humanos por el gobierno venezolano en funciones, sino que además en el imaginario colectivo se ha construido al régimen como aislado, debilitado y a punto de claudicar; se había sugerido que el único apoyo con el que contaba era el de una casta de militares corruptos que lo abandonarían una vez se quedara sin recursos económicos con qué seguir pagando su lealtad. Sin embargo, esa elección como miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, demostró que la imagen de un régimen aislado y débil no es acertada.

Aquí es útil traer a colación las propuestas respecto a la construcción discursiva de realidades, la que enmarcamos en nuestra visión de mundo. Nuestras realidades la significamos en tres niveles simultáneos en los que nombramos lo que queremos comunicar, nos posicionamos a nosotros mismos y a nuestra audiencia respecto a lo dicho y organizamos la información de nuestro mensaje de manera que enfocamos en algunos aspectos más que en otros, decidimos hablar de una cosa y no de otra y así vamos hilando significados con los que comunicamos sentidos que esperamos sean recibidos y comprendidos como los configuramos.

Si llevamos esto a espacios de confluencia a nivel global, podemos decir que, en foros multilaterales, individuos representan países donde son el instrumento para el diálogo de sus representados. En estos foros, los voceros de los países también se construyen a sí mismos, a su país, a los otros que le escuchan, a los países que estos representan, se posicionan respecto a los temas que tratan, deciden hablar de ciertos temas tomando enfoques coherentes con sus políticas, las que enmarcan en visiones de cómo funciona el mundo y al hacerlo también forman alianzas con aquellos con los que establecen puntos en común.

En estos escenarios, aun cuando los discursos de lo político del s. XXI van apuntando cada vez más al reconocimiento de las identidades y reclamos por sus derechos como iguales ante las leyes, siguen vigentes las confrontaciones ideológicas de derechas e izquierdas en las que la pugna por el poder y por el derecho a tomar decisiones soberanas se oponen a actores hegemónicos que buscan dominar al mundo y a los pueblos históricamente desfavorecidos en el concierto mundial. Son esas retóricas y las visiones de mundo que representan las que han permitido hablar de países de centro y de periferia, de países de primer, segundo y tercer mundo, países desarrollados, países en vías de desarrollo y países subdesarrollados, además, hablar de países no alineados. En fin, que, a grandes rasgos, a nivel global nos encontramos con representaciones del mundo en las que podríamos junto con Samuel Huntington hablar de Occidente opuesto al resto del mundo (The West and therest), en su hipótesis del choque de civilizaciones, según la que los conflictos post-Guerra fría no serían entre países sino entre culturas. Culturas que se asociarán por convergencia, conveniencia o convicción y que harán uso de espacios multilaterales como la ONU para medir fuerzas y ganar batallas en el ámbito diplomático. 

Es este entramado de argumentos los que me permiten intentar entender el voto de 105 países de la Asamblea General de la ONU que llevaron a la elección de Venezuela como integrante de su Consejo de Derechos Humanos. Esos 105 votos triplican el número de países que reconocen la presidencia encargada de Guaidó, pero además, esos 105 votos no surgieron de un día para otro. Ya en 2006, en su alocución ante esa misma Asamblea, Chávez agradecía el apoyo de América Latina y el Caribe (en las voces del MERCOSUR y la CARICOM), de casi la totalidad de África (a través de La Unión Africana), de los países del Medio Oriente (representados en La Liga Árabe), China y Rusia a la candidatura de Venezuela para ocupar un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.  Hoy vemos que si bien la América Latina reconoce a Guiadó como presidente encargado, el socialismo del s. XXI sigue contando con apoyo significativo a nivel global, y por lo tanto, aunque esté aislado en la región, no lo está a nivel global y eso es un hecho que no podemos menospreciar.

Dr. Anderzon Medina Roa

Profesor ASOCIADO. Universidad de Los Andes

@medina_anderzon