Por: Anderzon Medina…
Siendo lingüista y docente, uno de los puntos a abordar y reforzar sobre todo en los ciclos de primaria hasta pregrado es el proceso de lectura. Una vez logras unir letras y sílabas para reconocer y reproducir palabras, leer parece algo obvio, inherente a todo hablante alfabetizado en una lengua. Se olvida que leer es un acto consciente de construcción de sentidos con los que atinamos a entender el mensaje que alguien nos quiere comunicar. Tomamos lo que leemos y, siempre con base en nuestro conocimiento del tema, nos hacemos una versión propia de ese texto, desde nuestras capacidades o la falta de ellas. Leemos desde lo que sabemos y leyendo aprendemos; sabemos y aprendemos según nuestros intereses, lo que va forjando también quienes somos, quienes queremos ser, lo que a su vez se enmarca en nuestras intenciones, las cuales se reflejan cuando reaccionamos a esa lectura que hacemos. Leyendo aprendemos del otro y de lo que el otro dice;con nuestra reacción mostramos al otro parte de lo que somos y nuestras intenciones.
Pensando en el informe sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela que se presentó en la ONU este 5 de julio, vemos en el espectro noticioso nacional que se presentan dos lecturas generales del mismo. Y no podía ser de otra forma, en un país en el que polarización y confrontación de todo y frente a todo, generadas por años y promovida desde el ámbito político, han sido tan naturalizadas que ya no podemos tener ni siquiera una discusión de condominio medianamente civilizada.
Por una parte, tenemos la lectura que da fe a cada una de las desgarradoras situaciones descritas en el informe. En esta perspectiva, leemos a grandes comunicadores agradecer el informe y la descripción de la situación venezolana, ofrecer una lista de aspectos del informe a destacar y ponerlos al alcance de cualquiera con acceso a redes sociales. El informe reporta los abusos del (des)gobierno del heredero y los pone en el foco de la opinión mundial: 6800 asesinatos por parte de los cuerpos de seguridad, cierre de medios críticos al régimen, detenciones arbitrarias, torturas, abusos sexuales, entre otros horrores. Todos estos convertidos en una inimaginable cotidianidad venezolana; no hay forma de siquiera hacerse una idea de nuestra realidad sin haberla vivido de primera mano. No obstante, la lectura optimista del informe le reconoce y agradece llevar, con la fuerza que la voz del alto comisionado para los derechos humanos de la ONU pueda tener, a la opinión pública global la descripción de la realidad que el venezolano de a pie lleva años viviendo.
Por otro lado, tenemos la lectura que el gobierno en funciones hace del informe, al que le adjudica falta de objetividad y falta de imparcialidad, exigiendo sea este corregido. En esta lectura se acusa al informe, por ejemplo, de tratar con ligereza la noción de crisis humanitaria, además, considera que el documento carece de rigurosidad metodológica. Un ejemplo que presenta para sustentar esto último es el hecho de que más del 80% de las entrevistas hechas para fundamentar el informe fueron hechas a personas que no se encuentran en el territorio venezolano; es difícil no mencionar aquí que en menos de una década más del 10% de la población venezolana se ha visto forzada a abandonar el país, generando un éxodo al que ya me he referido en textos anteriores en esta misma columna. El documento en rechazo al informe de la alta comisionada enfoca su atención a aspectos que trasladan la responsabilidad de la situación venezolana a sanciones de entes y gobiernos de la comunidad internacional, obviando que el informe reconoce el impacto que tales sanciones han tenido en el deterioro de la vida del venezolano; no obstante, también reconoce que la situación ya estaba en franco deterioro antes de la aplicación de dichas sanciones.
Antes de correr el riesgo de perdernos en hacer inferencias interminables de una u otra perspectiva frente al informe, volvamos al proceso de lectura. Más arriba dije que leemos con lo que sabemos y con nuestra intención. Pienso que ambas perspectivas frente al informe dejan clara su intención y su manera de concebir la realidad que el informe busca describir. Ambas lecturas se enfocan y reaccionan respecto a aspectos que les interesa resaltar para establecer su posición al respecto y, lo dicho, mostrar un poco de quienes son y sus intenciones.
Finalmente, se puede hacer una lectura menos apasionada (ya sea por esperanza empedernida o por una eterna sensación de ser atacados por el imperio y sus títeres que parecen estar en todas partes). El informe insta, recomienda, “considera contar con bases razonables para creer que hay violaciones graves de derechos sociales y económicos”, que se han cometido recientemente en Venezuela (la cita es del informe y el resaltado es mío). A los ojos del venezolano que sufre a diario estas violaciones, tan timorata declaración es casi absurda. El informe redunda en lenguaje diplomático, mostrando la incapacidad de su autora de confrontar al gobierno en funciones, lo que, si lo hiciera, dinamizaría opciones factibles para solucionar la situación venezolana.No obstante, no puede ser de otra forma, es la ONU y su inoperancia frente a situaciones como la venezolana. Voceros internacionales, entre ellos el presidente de Chile, han solicitado a la alta comisionada que presente el informe a la Corte Penal Internacional, consideran que esto pueda acelerar los procesos que en esa instancia están abiertos en contra del presidente en funciones. No obstante, no hay nada que realmente dé indicios que el informe trascienda el ruido mediático que ha hecho hasta ahora. El texto reconoce al gobierno en funciones como uno legalmente constituido, democrático y con intenciones de tomar acciones en dirección del bienestar de los venezolanos. Insta al gobierno que reconoce a tomar medidas necesarias para solucionar los problemas que esa misma organización política ha generado, con las consecuencias conocidas; la paradoja está a simple vista. Nombrar ante el mundo con la voz institucional de una comisión ONU situaciones que Venezuela lleva años gritando no pareciera que vaya a tener la trascendencia que los que hacen la primera lectura aquí referida esperan. Lo que sí pareciera es regalar otra cortina de humo que compra tiempo y mantiene al chavismo, en funciones. De este hilo, los venezolanos, ya tenemos un carrete.
Dr. Anderzon Medina
Profesor ASOCIADO. Universidad de Los Andes
@medina_anderzon



