Por un caminito estrecho bordeado de árboles frondosos y de una vegetación exuberante, las personas que buscan sanación para esos extraños males que de vez en cuando atacan el cuerpo, e incomodan el espíritu, se encuentran con una casita muy humilde, plantada  en el claro del bosque. Allí, muy cerca de la ribera del río chama está el hogar de la señora Albis Meza, quien con el transcurso del tiempo se ha ido haciendo famosa porque conoce los secretos de las “sobas” y el uso de hierbas medicinales que ella misma cultiva y prepara, y que le permiten hacer masajes y tratamientos que, según la creencia popular, curan y mejoran cualquier dolencia.

Comunicación Continua, en su empeño por descubrir y hacer conocer las fascinantes y múltiples caras de la mujer merideña, bajó el estrecho sendero que nos condujo a conversar con María Albis Meza, viuda de Ribas, que nació en 1949, en El Arenal, en la misma finca que ahora sigue habitando.

En esta entrega contamos con el inestimable acompañamiento de la colega Magaly Medina. Ella nos apoyó y no guió con todo cariño y compromiso profesional.

“Albis es un ser que emana e irradia energía, vitalidad y entusiasmo”, como lo refiere una de sus asiduas visitantes. Tiene una voz serena, y una presencia amable que encanta, como si sus palabras y sus acciones tuvieran un toque da magia ancestral.

Recordemos que desde tiempos inmemoriales han existido ese tipo de personas que poseen un don especial, una intuición y una praxis que les permite, lograr curaciones. Las llamadas “sobadoras” son una especie de quiroprácticas, aun cuando no han hecho estudios formales, pueden sanar diversas dolencias, mezclando conocimientos del cuerpo con medicina tradicional herbolaria, oraciones y fe. Así es nuestra entrevistada de hoy.

C.C.- ¿Qué tipo de lesiones tienen las personas que acuden a usted y qué tratamientos utiliza para lograr el restablecimiento de la salud?

A.M.- Ante todo quiero decirle que mi sabiduría para estos menesteres, proviene de mi amado Jesús, nuestro Señor. Él es quien me da, junto con María Santísima y el Padre Celestial, la capacidad para saber qué es,  lo que el que acude a mí, requiere. Yo- continúa explicando- preparo unas cremas con ramas y otros ingredientes y con eso “sobo” a las personas que están dislocadas de sus brazos, que sufren de dolores en la espalda. Trato lesiones de la piel como peladuras, hongos, son tantas las enfermedades que se pueden presentar… entonces, los trato con respeto, cariño aplico mis ungüentos, y ellos dicen que se alivian. Cada vez que estoy frente a hombres, mujeres  o niños que acuden a mí, primero que todo, le pido sabiduría a mi Dios para que me oriente en la escogencia del tratamiento adecuado; voy a mi huerto y también le pido permiso a mis plantas para sanar, seguidamente, aplico el procedimiento que considero el más apropiado: el que mi Dios me revela.

C.C.- Usted es una mujer solidaria que ayuda a los demás. De  boca en boca su fama se ha idos extendiendo, y sabemos que no cobra por atender a nadie, entonces… ¿Qué otra actividad realiza para mantenerse?

A.M—Yo, a mi gente no le cobro nada por los tratamientos  que hago. Las  personas, agradecidas porque se han recuperado me traen alimentos: arroz, azúcar panes, o cualquier otro producto,  y no me falta un plato de comida en la mesa. Además -añade Albis- yo aprendí a hacer velas de sebo, que me quedan muy bien  y con esas ventas cubro mis necesidades y las de mi familia. Como mis velas gustan, me las vienen a comprar aquí mismo en mi taller o me las cambian por avíos porque, del puro dinero no vive uno, asegura la señora Albis,  con una amplia sonrisa llena de satisfacción.

C.C.-Albis, ¿Cómo es su rutina diaria?

Desde que me levanto en la madrugada, preparo mi traguito de café, me hinco ante mi altar y le doy gracias a Dios por ver, por oír, por respirar, por estar viva y después me voy a confeccionar mis velitas. Además atiendo a los que llegan a buscarme. Me acuesto muy cansada pero feliz de haber cumplido un día más con mi misión.  

C.C. Albis, usted tiene una vida intensa ¿qué otras acciones realiza en beneficio de su prójimo?

-A.M. Yo también le “echo el agua” a los niños, porque ellos no pueden vivir como unos animalitos. También, canto paraduras, rezo cuando mueren alguien; voy y le hago sus novenarios, y hasta “el cabo de año”, si me lo piden. Albis señala con mucha firmeza que ninguna de estos actos se deben cobrar porque:” Si Dios nos da salud, nos da licencia de caminar, de estar alentados,  no es justo que recibamos dinero por una obra que estemos haciendo en nombre de Dios.

C.C.- En este espacio tan amplio y hermoso que les ofrece la naturaleza, ¿qué siembran ustedes?

A.M. Bueno, antes sembrábamos muchísimas hortalizas y verduras, porque podíamos pagar obreros. Ahora lo que gano con mis velas ya no me alcanza. Eso sí, sembramos algunas caraotícas, yuca, caña de azúcar, cambures, pero no es fácil sin ayuda. Yo –comenta  Albis- estuve haciendo diligencias para ver si nos daban un préstamo y así poder comprar una vaquita, pero me dijeron que no había créditos para “animales de cacho”. La otra vez – continúa explicando- vinieron  a  ofrecerme un crédito a cambio de hipotecar mi finca, pero yo no deseo eso, porque estas tierritas le pertenecen a una sociedad de toda mi familia. Si yo le hipoteco este lugar al gobierno para tener bastantes cosas, no dormiría, soy de las personas que no quieren deberle nada a nadie y ¿sabe qué es triste? , uno acostarse y pensar en lo que tiene que pagar.

Un testimonio

Lenny Aldana es una periodista de trayectoria en la entidad merideña. Ella nos relata: “Llegué a Albis luego de una lesión en el antebrazo izquierdo debido a una caída. Tenía referencias del trabajo de Albis porque, además de ser vecina de la zona, sabía  que “rezaba” a los niños con “mal de ojo”, que curaba con masajes, que ayudaba a recuperar la salud. Para mí – asegura Lenny- ha sido una hermosa experiencia puesto que en cada “soba” siento cómo con sus manos y su amena conversación, me van aliviando la inflamación que tengo en los tendones. Aún me faltan un par de visitas- indica Lenny– y creo que cuando termine, la voy a extrañar”.

Estar cerca de Albis Meza, escuchar sus historias, percibir su voluntad, su vocación de servicio, su ánimo arrollador, sin quejas ni recriminaciones, es fascinante. Es reconocer que en Venezuela existen personas con amor al prójimo, con un sentido inmenso de la solidaridad. Son seres especiales, guardianas de un legado de tradiciones, que las nuevas generaciones deberían apreciar porque todo ese caudal de conocimientos ancestrales, no cabe en un celular, ni se resumen en un post de redes sociales.

Personas como Albis son la esencia de esa Mérida  guardada entre montañas, surcada por caudalosos ríos, cubierta de neblina, pero también de sol. Esa Mérida donde, si miramos hacia al cielo, podemos observar, con los ojos de la imaginación,  las Cinco Águilas Blancas, de Don Tulio Febres Cordero, cruzando los espacios de una tierra, que definitivamente, ha sido bendecida por Dios.

Redacción: Arinda Engelke. C.C.

Diseño fotográfico: Jahzeel Castellanos.

01-08-2021