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Transcurría el año 1854; las impenetrables selvas panameñas se interponían en los planes de hombres visionarios que proyectaron el primer paso ferroviario transcontinental y transístmico del mundo. Muchos cayeron vencidos por la inclemencia de las altas temperaturas, los insoportables niveles de humedad y el acoso constante de los mosquitos transmisores de la malaria.

La Panamá Railroad Company recurrió a mano de obra del lejano oriente; 705 chinos decidieron probar suerte en tierras americanas, buscando progreso y bienestar para ellos y sus familias. Este hecho puede ser considerado el génesis de la integración entre el pueblo chino y el panameño que, pese a dificultades históricas, ha prevalecido y ha permitido sentar las bases para una armoniosa y sólida relación.

En septiembre de 1997, la comunidad china radicada en Panamá erigió en el sector de El Dorado un espacio para rendir tributo a la amistad, a la enigmática cultura oriental y a los hombres y mujeres que hicieron de Panamá su segundo hogar. Desde entonces, el Parque de la Amistad Chino-Panameña es el espacio propicio para huir del estruendo de una ciudad en constante crecimiento urbano.

Dos leones custodios labrados en piedra y en posición de descanso dan la bienvenida en un portón ostentosamente ornamentado. Anchas escalinatas, interrumpidas por la fuente de la Fortuna, conducen a una especie de pagoda que alberga el busto de Sun Yat-sen, reconocido como el padre de la China moderna, y el de don Manuel Amador Guerrero, primer presidente de la República de Panamá.

Entre corpulentos árboles nativos de la zona y orquídeas colgantes, las serpenteantes caminerías conducen a la Pagoda de la Meditación, justo a orillas del lago de la Felicidad. Este espejo de agua da cobijo a coloridos peces que transmiten serenidad, ocasionalmente interrumpida por el lento emerger de gráciles tortugas que nadan ajenas al agitado ritmo citadino.

Según la tradición oriental, hay tres estados espirituales que se alcanzan con meditación: la dicha, la suerte y la larga vida. Esos elementos fueron los que se escogieron para nombrar a cada uno de los tres puentes elaborados con mármol que cruzan el lago; en el medio de él destaca la presencia maternal de la diosa de la Misericordia, Kuan Yin, que, según el saber popular, auxilia a quienes acuden a ella en momentos de dificultad y a quienes se les dificulta tener descendencia.

Las tres hectáreas de extensión del parque se dispersan entre colinas y caminos ensortijados en especies botánicas cuidadosamente preservadas y disponibles para los espíritus ávidos de conocimiento científico. Si se tiene suerte, es posible observar el zigzagueante, pero rápido caminar de anfibios y reptiles adaptados a las temporadas de florecimiento y posterior caída de las hojas marchitas.

Según el período del año, las diferentes degradaciones del verde y el amarillo sirven de marco al mejor lugar de Ciudad de Panamá para reencontrarse con valores primordiales, pero olvidados por el hombre.

Antonio Rivas

Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.

18 de agosto del 2026

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