Los primeros rayos del sol asomaron por las rendijas de la cabaña de madera. Del bosque salió un sonido ininteligible que provocó incertidumbre y algo de sobresalto en los viajeros. La razón y la calma se hicieron presentes al recordar las orientaciones del señor Félix en Río Sereno (frontera panameña con Costa Rica): “los monos aulladores de Jurutungo siempre dan la bienvenida al día con sus chillidos, que, aunque parecen terroríficos, son la manera en que demarcan sus territorios y dicen a los intrusos que no osen acercarse a sus manadas”.
Esa mañana particularmente fría se percibió en el agua; era la excusa perfecta para evadir la ducha y justificar solo el remojado de la cara para espantar el sueño.
Después del desayuno y una taza de chocolate caliente, no solo el cuerpo estaba repuesto, también el espíritu aventurero, ansioso por hacer el trekking al cercano Parque Internacional La Amistad (PILA).
Al mismo tiempo que algunas nubes dibujaban una manada de elefantes en el cielo azul, los dos viajeros ajustaron las mochilas a sus espaldas y empezaron la parsimoniosa caminata que los llevó a la entrada del parque. Allí, un destartalado aviso, tras más de una década, sigue señalando la altitud de 1800 m.s.n.m., pero no la distancia hasta el monumento erigido como límite de Panamá y Costa Rica, y entre las provincias istmeñas de Bocas del Toro y Chiriquí.
Los primeros pasos transcurrieron entre pastizales, donde antes hubo una mancha verde de bosque tropical lluvioso. Pasados treinta minutos, el sendero se hizo espacio entre enormes y robustos árboles que señalaban la antesala de un lugar mágico por su verdor, su frescura y por los sonidos de aves que difícilmente se dejan ver, a menos que se disponga de paciencia, buen oído, buena vista y algo de suerte.
En medio del bosque nuboso, el tranquilizador sonido del riachuelo fue interrumpido por los silbidos de un quetzal que parecía andar en búsqueda de compañía entre las elevadísimas ramas. Abajo, en el sendero, el lodo cedía lugar a una “alfombra esmeralda” de musgo a la que difícilmente llegaba el sol por la espesura del follaje.
El reloj de pulsera marcó tres horas y cincuenta y ocho minutos justo cuando el estómago envió una señal de hambre, momento preciso para hidratarse y recobrar energías con un tentempié de frutas secas, pan y salami. El tronco hueco de un viejo árbol sirvió como asiento y mesa improvisada. De pronto, el crujir de algunas hojas puso en alerta a los caminantes; pensando en las historias del señor Félix, por un instante imaginaron encontrarse cara a cara con un jaguar. La adrenalina se disparó, pero volvió a sus valores normales cuando un ñeque bebé (Dasyprocta punctata) cruzó el camino con una fruta verde en su hocico.
El sol del mediodía apenas calentaba el bosque, cuando en la lejanía apareció algo amarillo. Por fin se dejó ver el monumento que demarca las fronteras ticas y panameñas. Este lugar tiene un valor especial para ambas naciones, pues luego de varios laudos acordaron salvaguardar este espacio, que en años sucesivos pasó a ser la reserva natural más remota y extensa de Centroamérica. En 1990, la UNESCO, por su rica diversidad biológica y cultural, declaró al PILA como patrimonio de la humanidad.
El descenso hasta la cabaña estuvo amenizado con diálogos sobre cómo se iba a narrar esta maravillosa experiencia a los amigos, también con una sonrisa esbozada en el rostro sudado, pero satisfecho por “vivir” una naturaleza prístina y haber demostrado excelentes condiciones físicas para el trekking.
Esta vez, la ducha con agua fría fue inevitable; los agotados, pero felices, trekkers no repararon en la temperatura; estaban convencidos de que esta no lograría desdibujar sus sonrisas.
A escasos minutos de las 12 de la noche de ese 31 de diciembre, una humeante infusión de manzanilla reposaba en las manos de los viajeros, quienes aprovecharon el calorcito para atemperarse y ajustar mejor los abrigos porque la velada auguraba mucho frío.
Pasados los primeros 5 segundos del 1 de enero, un fraterno abrazo reflejó el agradecimiento al Creador por toda la vivencia y, cuando una estrella fugaz atravesó el firmamento, reinó un silencio total. Quizás la petición fue que se repitiera el viaje a Jurutungo.
Antonio Rivas
Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.
09 de diciembre de 2025
www.linkedin.com/in/antonio-rivas-a2b85b73







