El autobús iba repleto de personas que regresaban a sus hogares en Mucuchíes, algunos de pie, pero a pesar de la incomodidad, con una sonrisa en el rostro por haber gestionado con éxito diligencias médicas y trámites administrativos en la ciudad de Mérida.
Debajo de los asientos, un costal empezó a moverse; no tenía sentido hasta que una desplumada gallina asomó la cabeza por una rendija. Estas situaciones pintorescas son las que hacen entretenidos los viajes desde la ciudad hasta los pueblos del páramo merideño.
Luego de hora y media de recorrido, el chofer se detuvo para abastecer combustible, y para que los pasajeros calmaran el frío con una caliente taza de chocolate y, por qué no, aprovechar los pastelitos de queso y trucha que se exhibían humeantes en el aparador.
La neblina cubría todo el paisaje; resultaba difícil contemplar los frailejones que, por ser mes de mayo, estarían en plena floración. La gallina desde su lugar cacareaba, cuando justo se acercó una niña de unos 5 años, quien compasiva le extendió agua y un trozo de pastelito, ya sin relleno.
Con los pasajeros de vuelta en el autobús, el viaje prosiguió bajo una llovizna pertinaz; las curvas de la carretera daban la impresión de ponerse más estrechas. Aun así, la destreza del chofer salió a flote, lo cual daba una tranquilidad total a los dos viajeros que por primera vez emprendían este tramo para llegar hasta Gavidia, punto de arranque a su trekking hasta la laguna del Santo Cristo.
Desde la plaza Bolívar de Mucuchíes abordaron un Toyota de estacas, que recién había descargado varios sacos de papas y zanahorias. El rústico empezó a zigzaguear la carretera; en algunos trechos se detuvo, retrocedió y tomó impulso para literalmente escalar el empinado camino.
Faltando poco para llegar a Gavidia, una enorme roca sobresalía en la vía, pero lo que más llamó la atención fue el arbusto florido que servía de despensa a una pareja de colibríes; tan diminutos que solo se podían identificar por el zumbido de sus ágiles alas. Sin duda, la naturaleza es perfecta; basta solo detenerse a escuchar, observar y percibir sus aromas.
Con las mochilas en la espalda y un buen bastimento para acampar en el parque nacional Sierra Nevada, ambos viajeros iniciaron el camino. Atravesaron el verde potrero, donde un becerro bramaba sin descanso por su madre, mientras esta bebía agua de un tonel de madera.
La oscuridad se mostraba en medio de las montañas, coronadas por nubes que presagiaban noche lluviosa, quizás hasta con granizo o nieve; al tiempo que un águila planeaba majestuosamente en el valle, para terminar posándose en la saliente de un risco.
En lo alto del sendero pedregoso se encontraba lo que los excursionistas llaman la ventana, que no es más que un estrecho espacio entre dos paredes rocosas que se abren ante un vasto paisaje y una panorámica de la sierra que se torna inolvidable por la combinación perfecta de la luz, los sonidos del viento, los olores del agua y los colores de cientos de frailejones engalanados con sus flores amarillas.
La laguna del Santo Cristo dio la bienvenida a los viajeros con un silencio absoluto, solo interrumpido por el latir de los emocionados corazones que no cabían de gozo al superar en medio día el camino de 15 kilómetros y casi mil metros de desnivel.
A las orillas armaron la carpa, con la previsión de tener a la mano el agua del riachuelo que nace en los bosques nublados circundantes. Esa noche fue muy fría; el termómetro descendió por debajo de los cero grados centígrados, aunque todo estuvo iluminado por una constelación de estrellas que no dejaba espacio vacío en el firmamento.
En la mañana “sintieron” el lugar con agradecimiento, degustando un té de manzanilla, meditando sobre los mágicos momentos que obsequia la vida; pero que pasan desapercibidos por el ajetreado ritmo de vida que poco a poco consume las energías, y el bienestar emocional que la naturaleza aporta sin medida y solo esperando a cambio que se le respete y no perturbe.
Antonio Rivas
Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.
08 de septiembre del 2026



