Por Ramsés Uribe..
Biografía ejemplar. Su personalidad seria, prudente, correcta, analítica y reservada fue determinante para destacarse. Nacida en Alemania del Este, su padre un pastor evangélico y una madre educadora, por tanto con la convicción más o menos firme de una ideología rígida, aunque de familia religiosa, logra abrazar y completar estudios científicos hasta obtener exitosamente el grado de Doctora en Física. Luego pasa a ser investigadora de la Academia de Ciencias. ¿Qué pudo haberla hecho cambiar de rumbo en su vida pública? Tras conseguir notoriedad en ese difícil campo laboral, no obstante en su interior sentía el llamado a servir a la gente por medio de la política. Pareciera una extraña y contradictoria combinación, una mezcla de agua con aceite que se repelen. Seguramente su formación científica resultó favorable para la gestión pública. Es indudable que una gobernante como Angela, de alto nivel profesional es mejor que uno que haya sido sólo un obrero. Sin ánimo de descalificar, pero la diferencia es obvia y decisiva para tener éxito en una empresa tan compleja como el gobierno de un país altamente desarrollado, industrializado. Los votos democráticos no son suficientes, es menester tener una sólida personalidad y un carisma auténtico aunado a una sólida formación universitaria. Su fama merecida de adoptar una postura muy racional como una científica muy pragmática, “independiente de la ideología”, como ella misma dijo, ante cualquier dificultad le sirve para desplegar un estilo político que se aleja de toda generalidad para centrarse en la observación y estudio pormenorizado de los problemas. Sopesa con bastante cuidado ventajas y debilidades sin dudar en la toma de decisiones. Se puede deducir que es toda una metodología de gestión política a ser considerada e incluso estudiada seriamente en las universidades.
Logros fabulosos. 16 años consecutivos de ocupar uno de los cargos más importantes de su país: canciller de la República Federal de Alemania. Casi nada, apenas mandó un ratico. Pero, lo más impresionante de la dama de hierro alemana fue el de “La mujer más poderosa del mundo”, según famosas e importantes publicaciones como Time y Forbes (muchas veces obtuvo esa denominación). La Merkel ha sido comparada con otra gigante de la política europea, la británica Margaret Thatcher, denominada “La Dama de Hierro”. No porque fuese autoritaria e implacable, sino por la seriedad y contundencia de sus convicciones y decisiones de gobierno. Sí, efectivamente son similares.
El Libertador de cinco naciones y admirado en todo el mundo, Simón Bolívar, dijo alguna vez que “Llamarse jefe para no serlo es el colmo de las miserias”. También afirmó: “La gloria no está en ser grande sino en ser útil”. Ser un mandatario para no serlo en el más excelso y eficaz sentido es un desperdicio y una tragedia para un país. Ocupar la máxima posición política de poder gubernamental o municipal para nada más figurar sin servir como debe ser, es una abominación imperdonable. La canciller alemana sí que supo hacer superbien las cosas de la mejor manera posible y mucho más allá de lo esperado por su gente.
No cualquier transeúnte desprevenido logra semejante etiqueta fulgurante de dorado o plateado brillante: la chica superpoderosa. Es una distinción para una élite gobernante que lamentablemente escasea. Ser llamada la dama más poderosa del planeta tierra no es cualquier premio, título o grado. Es el reconocimiento mundial a la mujer inteligente, educada, guerrera y justa, que se supera a sí misma a pesar de su condición o circunstancia. Representa la mujer empoderada que se empina hacia la cúspide en todas las vertientes: tanto en lo académico como en lo político gubernamental.
Merkel, representa para los venezolanos el empoderamiento humano, donde sin importar los orígenes con circunstancias desfavorables, es plausible el desarrollo personal, profesional y laboral para hacerlo extensivo a un país. Si la gente se esforzara en cualquier faena como ella, el triunfo sería inevitable. Seguro que no se ve una Angela Merkel caminando por ahí en las calles. Tal vez están ocultas a la vista pública, pero trabajando discretamente por sus familias e ideales. Son los valientes venezolanos que luchan con resiliencia día a día contra la entropía y anomia social tanto dentro como fuera del país.
Ortega y Gasset (1998) nos dice que por fin en el siglo XX se logró subir la altura o el nivel histórico por medio del reconocimiento de los derechos universales de las personas, gracias a mucho esfuerzo, educación y una pujante y próspera economía. Así, todo individuo tiene derecho a desarrollarse espiritualmente sin mayores limitaciones que las suyas propias. Todos se han nivelado; pueden ser libres, educados y competentes sin distinción alguna. El cielo es el límite. Por otro lado, la magia del deber ser no es tal porque la moral no es suficiente para la sociedad actual; lo ético y lo jurídico resultan insuficientes. Faltan otros elementos de la ecuación social, sobretodo mantener la esencia de los pueblos, como dijo Píndaro: llega a ser el que eres. Angela Merkel, sin duda, estuvo a la altura de los tiempos; supo captar la esencia y carácter de su país y lo elevó a la máxima plenitud de los tiempos. Sacar lo mejor de las personas no es fácil y ella lo hizo. Los líderes, políticos y gobernantes pueden inspirarse en el éxito merkeliano y replicarlo según la cosmovisión e idiosincrasia latinoamericana. Tenemos el deber y la pasión de empoderarnos verdaderamente hacia nosotros mismos y lo que somos en aras de lograr una región verdaderamente democrática y única sin perder lo que se había conquistado en el pasado histórico y contemporáneo.
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27-09-2022



